Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

El peligro de resbalar°


Hebreos 10:38-39. Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.

Cada uno de nosotros libra una constante lucha espiritual; Dios quiere que como hijos suyos, estemos preparados para enfrentarnos y pelear la batalla espiritual todos los días sin desmayar, perseverando en cada paso que damos y para esto debemos estar atentos “con ojos abiertos”, no debemos dormirnos espiritualmente, porque el enemigo le puede tomar ventaja hasta rodearlo, emboscarlo y lo puede matar o llevarlo cautivo.

Mateo 24:13. Pero el que persevere hasta el fin, ése será salvo. 

Efesios 6:10. Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.

Perseverar en el Griego original del N.T. se dice jupomeno (πομένω, G5278) , lit., morar bajo (jupo, bajo), significa quedarse en un lugar en vez de abandonarlo o perseverar (Mateo 10:22: «el que persevere»Mateo 24:13; Marcos 13:13); en cada uno de estos tres pasajes se utiliza con la frase «hasta el fin»; o sufrir con valentía y confianza (p.ej., Hebreos 12:2-3, Hebreos 12:7), sugiriéndose perseverancia bajo condiciones penosas. Santiago 1:12; Santiago 5:11; 1 Pedro 2:20. 

Según la RAE (Real Academia Española) perseverar es "Mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión". Para muchas personas la perseverancia es de gran valor ya que esta es la que puede llevar a las personas al éxito fácilmente. Un sinónimo de perseverar es nunca rendirse. El esfuerzo está estrechamente relacionado con la perseverancia, por lo que para perseverar es necesario esforzarse.

Aquí todas las cosas no son sino sombras de lo que está por venir y de lo que se mueve en el mundo espiritual. La felicidad de los santos, aquellos que hemos creído y aceptado a nuestro Señor Jesucristo en nuestro corazón, durará para siempre en el cielo; los enemigos nunca podrán quitarla, como pueden quitar los bienes terrenales. Esto hará muy rica la restauración por todo lo que perdimos y sufrimos aquí. 

La parte más grande de la dicha de los santos está todavía en la promesa. Es una prueba de la paciencia de los cristianos el tener que contentarse con vivir después que su obra esté hecha, y seguir en pos de su recompensa hasta que llegue el tiempo de Dios para darla.

Dios pronto vendrá a ellos, para terminar todos sus sufrimientos y darles la corona de vida. El actual conflicto del cristiano puede ser muy agudo, pero pronto terminará. Dios nunca se complace con los deberes y servicios externos de los que no perseveran, sino que los contempla con mucho desagrado. 

Los que han sido mantenidos fieles en las grandes pruebas del tiempo pasado, tienen razón para esperar que la misma gracia les ayude aún a vivir por fe hasta que reciban el objetivo de su fe y paciencia, la salvación misma de sus almas. Viviendo por fe y muriendo por fe, nuestras almas están a salvo para siempre.

Hebreos 10:26-39. Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? 

Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante. Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos.

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.  Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.

Hubo un tiempo en el que los destinatarios de esta carta se encontraban enfrentando situaciones muy difíciles. Cuando se convirtieron, experimentaron persecución; aprendieron lo que suponía identificarse con los que eran sospechosos, delincuentes e impopulares. Se habían enfrentado con esa situación con nobleza y honor; y ahora, cuando se encontraban en peligro de desviarse, el autor de Hebreos les recuerda su fidelidad anterior. Es un hecho innegable que, en muchos casos, es más fácil arrostrar la adversidad que la prosperidad. Las facilidades han arruinado muchas más vidas que las dificultades. El ejemplo clásico es lo que sucedió con el ejército de Aníbal.

El cartaginés Aníbal era el único general que había derrotado a las legiones romanas. Pero llegó el invierno, y la campaña tuvo que interrumpirse. Aníbal y sus tropas invernaron en la lujosa ciudad de Capua, que habían capturado. Y un invierno en Capua hizo lo que no habían podido hacer las legiones romanas: el lujo drenó de tal manera la moral de las tropas cartaginesas que, cuando llegó la primavera y se reanudó la campaña, no pudieron resistir al ejército romano. La vida fácil debilitó a los que la lucha había endurecido. Eso pasa a menudo en la vida cristiana. Muchas veces una persona puede arrostrar con honor la gran hora de la prueba y de la lucha; y, sin embargo, deja que el tiempo de los vientos favorables debilite sus fuerzas y reduzca su fe.

La llamada del autor de la carta a los Hebreos va dirigida a todos. En efecto, dice: «Sé como fuiste en tus mejores momentos.» Si fuéramos siempre como somos en nuestros mejores momentos, la vida sería muy diferente. El Evangelio no nos exige lo imposible, porque está escrito: Filipenses 4:13.  Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Nuestras vidas están llenas de momentos buenos, de alegría, de gozo, etc. pero también tenemos problemas. Cuando estábamos en el mundo los problemas los resolvíamos de la mejor manera que podíamos, muchas veces sin importarnos la voluntad de Dios. Pero cuando llegamos a ser  cristianos, vemos que tenemos problemas, pero con una condicionante: tenemos que resolverlos sin irrespetar la voluntad de Dios. 

El camino de la fe, es difícil, lleno de altibajos, de problemas, de tropiezos, etc. Cuando estamos en medio del problema, que parece un gigante, nuestra fortaleza espiritual se debilita y nos desanimamos y vemos que no tenemos la capacidad por nuestras propias fuerzas de resolver el problema y hacerlo como Dios requiere.

El camino de la fe. Cuando decidimos obedecer el evangelio, entramos en un compromiso con Dios, en un pacto, en el cual nosotros cumplimos la voluntad de Dios y Dios cumple su pacto. Ese camino nos lo abrió Jesús a través de su muerte y resurrección, Juan 14:6. Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí. Como cristianos necesitamos guardar todas las cosas que Dios ha mandado. Mateo 28:20. Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Las pruebas. A nuestras vidas llegan los problemas que nos ponen a prueba. Aunque somos hijos de Dios siempre se presentan problemas, algunos son sencillos y otros son difíciles. El asunto está en cómo nos sentimos ante el problema y como lo resolvemos. Los problemas pueden hacer que nos apartemos y abandonemos la fe. Muchos hermanos cuando vienen los problemas no lo resisten y se apartan, estos los describió Cristo como tierra de pedregales aunque tengan tiempo en el camino de la fe, cuando viene la aflicción se apartan.  

Mateo 13:20-21. Y aquel en quien se sembró la semilla en pedregales, éste es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo; pero no tiene raíz profunda en sí mismo, sino que sólo es temporal, y cuando por causa de la palabra viene la aflicción o la persecución, enseguida tropieza y cae. 

Pero los problemas también pueden llevarnos a tratar de resolverlos desobedeciendo la voluntad de Dios y caemos en el pecado, algunos se percatan y se arrepienten pero otros sencillamente cometen los pecados y siguen con su conciencia tranquila como si no hubieran hecho nada: mentiras, engaños, no someterse a las leyes de los hombres, fornicación, etc. Las causas por las cuales vienen los problemas pueden ser muchas: malas decisiones, nuestro libre albedrio, el pecado, leyes naturales de Dios, el diablo también nos puede perjudicar y también nuestros problemas pueden ser causados porque estamos siendo disciplinados por Dios. Por ejemplo sobre Adán y Eva vino el sufrimiento por sus pecados, lo mismo le ocurrió a David.  

Hechos 10:38. Vosotros sabéis cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con El.  

Hebreos 12:5-8. Además, habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige: HIJO MIO, NO TENGAS EN POCO LA DISCIPLINA DEL SEÑOR, NI TE DESANIMES AL SER REPRENDIDO POR EL; PORQUE EL SEÑOR AL QUE AMA, DISCIPLINA, Y AZOTA A TODO EL QUE RECIBE POR HIJO. Es para vuestra corrección que sufrís; Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos y no hijos verdaderos.

No debemos retroceder. Retroceder es apostatar. Las expresiones que Dios utiliza para aquellos que se apartan de la fe, son muy duras, Él no se agrada de aquellos que retroceden para perdición. 

2 Pedro 2:20-22. Porque si después de haber escapado de las contaminaciones del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, de nuevo son enredados en ellas y vencidos, su condición postrera viene a ser peor que la primera. Pues hubiera sido mejor para ellos no haber conocido el camino de la justicia, que habiéndolo conocido, apartarse del santo mandamiento que les fue dado. Les ha sucedido a ellos según el proverbio verdadero: EL PERRO VUELVE A SU PROPIO VOMITO, y: La puerca lavada, vuelve a revolcarse en el cieno.

Hay muchas maneras de retroceder en nuestra fe. En todas ellas es por causa del pecado, ya sea actos cometidos o porque dejamos de hacer lo que Dios manda o porque nos apartamos de la verdad tras enseñanzas de hombres. Muchas veces nos aferramos a lo que fuimos mientras estábamos en el mundo y nos cuesta cambiar o sencillamente no queremos cambiar. 

Efesios 4:22-24.  Que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, y que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente, y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad. 

Colosenses  3:5-13. (LA VIDA VIEJA Y LA VIDA NUEVA). Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría. Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora desechad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, lenguaje soez de vuestra boca. 

No mintáis los unos a los otros, puesto que habéis desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, y os habéis vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó; una renovación en la cual no hay distinción entre griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo o libre, sino que Cristo es todo, y en todos.Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

Necesitamos mantener nuestra esperanza siempre delante de nosotros. El atleta puede hacer el gran esfuerzo porque la meta le espera y le inspira. Se someterá a la disciplina del entrenamiento porque tiene el fin a la vista. Si la vida no consiste nada más que en hacer día tras días las cosas rutinarias, podemos dejarnos llevar por la corriente; pero si vamos a recibir la corona del Cielo, siempre hemos de dar el máximo. 

Necesitamos entereza. La constancia es una de las virtudes menos románticas. La mayor parte de la gente sabe empezar bien, y casi todos podemos tener buenas rachas. A todos se nos concede a veces remontarnos como las águilas; en nuestros mejores momentos todos podemos correr sin agotarnos; pero la mejor cualidad es saber mantener la marcha sin desmayar.

Hebreos 13:9. No os dejéis llevar por doctrinas diversas y extrañas, porque buena cosa es para el corazón el ser fortalecido con la gracia, no con alimentos, de los que no recibieron beneficio los que de ellos se ocupaban. 

El que perseveré hasta el fin será salvo. No mantenerse en el camino de Cristo, no perseverar en la fe que tenemos implica que no nos salvaremos, perderemos la vida eterna y seremos condenados eternamente. Mateo 24:13. Pero el que persevere hasta el fin, ése será salvo. La biblia nos anima a perseverar, a mantenernos firmes, a no fluctuar en la fe. Hebreos 10:23. Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió. A pesar de los problemas, de los gigantes que se levantan contra nosotros, debemos seguir firmes, entendiendo que Dios está con nosotros. Como dice el salmo 23: aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno porque Tú estás conmigo.  

Aunque todo se vea mal, negro en nuestro alrededor, en nuestra vida y en nuestro corazón, no desmayemos, no nos apartemos. Tengamos la misma firmeza que tenía el apóstol Pablo: 2 Corintios 4:14-18. Sabiendo que aquel que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. Porque todo esto es por amor a vosotros, para que la gracia que se está extendiendo por medio de muchos, haga que las acciones de gracias abunden para la gloria de Dios. Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día. Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Hebreos 12:1-3. La carrera del cristiano. Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de El soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios. Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón.

No pongamos la atención en las cosas que se ven: los problemas, las pruebas, las riquezas, el mundo, sino poniendo la mirada, nuestra atención en las cosas que no se ven, las eternas, las espirituales. Necesitamos tener presente el final. El autor de Hebreos hace una cita de Habacuc 2:3. Porque es aún visión para el tiempo señalado; se apresura hacia el fin y no defraudará. Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará. 

El profeta le dice a su pueblo que, si se mantienen firmes en su lealtad, Dios los sacará de la situación angustiosa del presente. La victoria sólo llega a la persona que se mantiene fiel. Para el autor de Hebreos la vida consistía en estar en camino a la presencia de Cristo. Por tanto, no era nunca algo que se podía dejar que fuera a la deriva; lo que hacía tan importante el proceso de la vida era su objetivo, y sólo el que perseverara hasta el fin sería salvo, Marcos 13:13. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, ése será salvo. 

Aquí tenemos el reto a no ser nunca menos de lo mejor que podemos ser; y a recordar siempre que ha de llegar el fin. Si la vida es el camino a Cristo, nadie puede permitirse perderlo ni detenerse a mitad de camino. Aunque andemos en valle de muerte, aunque estemos atribulados, desnudos, pobres, enfermos, tristes, solos, no retrocedamos en el camino de la fe. Aunque no lo veamos podemos estar seguros de que Dios está con nosotros, nos cuida y nos ayuda.

1 Pedro 1:3-5. La esperanza viva del cristiano. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para vosotros, que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo.  

A pesar de nuestra condición, digamos con firmeza, levantando nuestro rostro, enderezando la senda, para que lo cojo no se salga del camino:

Romanos 8:35-39. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Tal como está escrito: POR CAUSA TUYA SOMOS PUESTOS A MUERTE TODO EL DIA; SOMOS CONSIDERADOS COMO OVEJAS PARA EL MATADERO. Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

¿Quién nos separará del amor de Cristo? La carta a los Hebreos anima a los creyentes a perseverar en su fe y conducta cristiana en medio de la persecución y de las presiones. Por lo general no pensamos que el sufrimiento sea bueno para nosotros, pero puede edificar nuestro carácter y nuestra paciencia. Durante tiempos de grandes pruebas, podemos sentir la presencia de Dios con claridad y encontrar ayuda de creyentes que nunca hubiéramos pensado que nos ayudarían. El saber que Jesucristo está con nosotros en nuestro sufrimiento, y el esperar su próximo regreso para poner fin a todo dolor, nos ayuda a crecer en nuestra fe y en nuestra relación con El.

Romanos 5:3-5. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.

Apocalipsis 2:7. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios.

Apocalipsis 2:11. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda. 

Apocalipsis 2:17. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré del maná escondido y le daré una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe. 

Apocalipsis 2:26-29. Y al vencedor, al que guarda mis obras hasta el fin, LE DARE AUTORIDAD SOBRE LAS NACIONES; Y LAS REGIRA CON VARA DE HIERRO, COMO LOS VASOS DEL ALFARERO SON HECHOS PEDAZOS, como yo también he recibido autoridad de mi Padre; y le daré el lucero de la mañana. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. 

Apocalipsis 3:5-6. Así el vencedor será revestido de vestiduras blancas y no borraré su nombre del libro de la vida, y reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. 

Apocalipsis 3:12-23.  Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. 

Apocalipsis 3:21-22. Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Bendiciones.

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