Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

La envidia en los seres humanos

 


He visto asimismo que todo trabajo y toda obra excelente despierta la envidia del hombre contra su prójimo. (BTX Ec 4:4a)

El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos. (Pr 14:30 NVI)

¿Qué es la envidia? ¿Qué provoca la envidia en una persona? ¿Cómo podemos evitar caer en la envidia?

A los seres humanos nos gusta saber de las otras personas porque somos seres sociales, queremos ver cómo sienten, cómo actúan, cómo hablan y cómo viven. No hay nada de malo en eso, el asunto se vuelve un problema solo cuando en la mente y el corazón de las personas sienten rabia y tristeza cuando a otros les va bien, cuando los vecinos, los familiares o los amigos consiguen cosas que ellos quisieran tener y empieza a nacer el pecado de envidiar lo que otros poseen, de hacer cosas en contra de esas personas sin tener en cuenta los daños que puedan ocasionar.

La envidia es una trampa. “¿Por qué esa persona puede vivir en esa casa o en ese apartamento?” “¿Por qué le dieron a él ese trabajo, porque le va mejor que a mí?”. “¿Por qué yo no puedo ser así de atractivo, o así de rico, así de inteligente, así de famoso”? “¿Dicen en su corazón: yo quiero tener a su esposa o novia en el caso de los hombres sin importar lo que me cueste o en el caso de las mujeres dicen: yo quiero tener a su novio, o a su esposo sin importar lo que me cueste, llegando muchas veces a cometer actos llenos de maldad, matando, robando, mintiendo, engañando, manipulando.

En otras palabras, la envidia: Es el “disgusto o tristeza por las cosas que poseen los demás”, es la tristeza causada en una persona por el bienestar de otro…, se dice que uno de los males culturales arraigados dentro de los países de América es la envidia, de la cual provienen muchísimos males.

El Señor Jesucristo nos enseña que ese sentimiento de envidia nace y se anida en el corazón humano y de ahí, desde dentro, sale y contamina a la persona ¿Cómo contamina? ¿Qué es lo que produce la envidia? Veamos nuevamente las cosas negativas que produce: desobediencia, robo, enfermedad, celos, codicia, crítica, traición, manipulación, amargura, asesinatos…

La Biblia aporta cantidad de ejemplos en personas envidiosas y los efectos y perjuicios que cada uno se acarreó al actuar con envidia. Seguramente que esos ejemplos, están registrados en la Palabra de Dios, para que no dejemos entrar a la envidia y no suframos sus consecuencias.

Veamos que el diablo que se llamaba Lucero de la mañana fue el ser que introdujo la envidia a la humanidad. (Génesis 3:4 RV60) La serpiente dijo: …serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal… ¡qué oferta! ¡Qué oportunidad! imagine: ser como Dios… En forma velada, sentían envidia de Dios, tanto que Eva vio el árbol bueno y codiciable… y comió…y dio a su marido… y cuando fueron abiertos sus ojos, por su desobediencia, por su envidia, por su pecado, ya era tarde.

Ellos iniciaban la vida; no tenían conocimiento de pecado; no sabían que la envidia estaba ya en el mundo ¿Quién entonces, les comunicó ese sentimiento? Uno que ya la había sentido antes y que por eso fue arrojado del cielo. (Isaías 14:14 RV60) “… sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.” Eso era sentir envidia de Dios; ahora ya sabemos quién la comunica al hombre.

Un mal sentimiento que no sólo contamina, sino que va arrinconando al hombre y le va minando, impidiéndole vivir la santidad y lo lleva a la muerte (Eclesiastés 4:4). Muchas veces en lugar de alegrarnos de que a nuestro prójimo le vaya mejor que a nosotros se despierta la envidia y los celos.

Raquel: ella envidiaba a su hermana Lea porque tenía más hijos que ella. (Génesis 30:1)

El hermano del hijo pródigo: Él era el dueño absoluto de todo lo que había en su casa, pero envidiaba el amor del papá, el vestido, el anillo y el becerro gordo. (Lucas 15:22-32)

Uno de esos ejemplos lo que le sucedió a José: Dice claramente en el libro de Génesis 37:11 que sus hermanos le tenían envidia y por esa envidia quisieron matarlo, pero uno de ellos le preservó la vida.

Otro de los problemas de la envidia es que puede encerrar un intento de homicidio, que a veces es completado… recordemos a Caín. ¿Qué lo ocasionó? la envidia ¿Y la envidia? el homicidio…

¡Es de vital importancia considerar el daño que puede hacer este pecado en las personas, en la familia, en la sociedad, en las empresas, en los colegios, en las universidades! (Génesis 4:3-8) La envidia también genera otro tipo de pecados como la crítica, que puede ir desde el chisme, pasar por la murmuración y alcanzar incluso la calumnia.

Recordemos el pasaje cuando Jesús fue ungido en Betania. (Juan 12:3-5 RV60) “Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?” Aquí en este pasaje podemos ver al envidioso, al criticón, al codicioso, al pecador. Como puede verse la envidia también está conectada con celos y con robo y con tantos pecados descritos en la Biblia, que no podemos menos que pensar que la envidia ha estado siempre presente el ser humano y en el mundo.

(Mateo 27:15-18 RV60) “Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? Porque sabía que por envidia le habían entregado.”

El verso 18 consigna uno de los pecados que significaron para Jesús el Señor la sentencia de muerte… Vea… es nada menos que… la envidia. Puede advertirse al final de ese verso 18 un plural: le habían entregado ¿Quiénes?

Primero: Judas, quien fue a los principales sacerdotes y les dijo: ¿Qué me dan si se los entrego? su codicia le hizo ver más valor en 30 piezas de plata, que en la vida del Maestro y varios años de amistad con El ¿Cómo pudo Judas vender al Maestro al precio de un esclavo? ¿Qué quería Judas? ¿Fama? ¿Trascender? …bueno, pues lo logró… pasó a la historia pero por envidioso.

Segundo: Toda aquella gente que con espadas y palos acompañaba a Judas en el momento del prendimiento en el huerto de Getsemaní. Misma que después gritaría frenéticamente: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!

Tercero: Caifás, sumo pontífice de aquel tiempo, ante quien Jesús compareció.

Cuarto: los escribas, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo, es decir, el sanedrín, solidario al acusar a un inocente.

Quinto: Herodes, que creía que el Señor actuaba por magia y que por supuesto nunca pudo ver a Jesús haciendo una señal delante de él

Sexto: Pilato, que era lo suficientemente soberbio para ni siquiera interesarse por Jesús a pesar de su fama… como gobernador romano no estuvo nunca en conocimiento cabal del ministerio de Jesús. Es más, Pilato es quien advierte que la causa principal por la que entregan al Señor, era precisamente ese pecado terrible que se llama la envidia. Dice el v18 “porque sabía que por envidia lo habían entregado…”

Grande es este pecado, que fue causal de la muerte del Único Justo que ha nacido sobre este planeta, nuestro Señor Jesucristo. “Podemos afirmar que la envidia es un pecado que condena a inocentes”, por lo que es obvio que, en la vida de un cristiano, no debe tener cabida nunca, la envidia.

Una de las cosas que nos ayudan como seres humanos a poder repeler este pecado de la envidia es el de ser agradecidos con Dios por lo que somos y por lo que tenemos. Como lo dirían los profetas antiguos y modernos, la gratitud es un principio que trae felicidad, paz y la bondad del Padre Celestial sobre las personas agradecidas.

Efesios 5:20 (PDT) dice: "Siempre den gracias a Dios Padre por todo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo."

Vuestra manera de vivir sea sin avaricia de dinero, estad satisfechos con las cosas que tenéis, porque Él dijo: No te dejaré ni te desampararé. De manera que podemos decir osadamente: El Señor es mi ayudador, no temeré. ¿Qué me puede hacer el hombre? (BTX He 13:5-6)

Mateo 15:36 (PDT) dice: "Tomó los siete panes y los pescados, dio gracias a Dios, los partió y comenzó a dárselos a sus seguidores para que se los repartieran a la multitud."

La otra cosa poderosa que podemos ver es la acción del Amor de Dios fluyendo a través de las personas y que desbarata toda obra de maldad y que destruye todos los efectos de la envidia en los seres humanos y que podemos ver el siguiente texto de la Biblia.

Si yo puedo hablar varios idiomas humanos e incluso idiomas de ángeles, pero no tengo amor, soy como un metal que resuena o una campanilla que repica. Yo puedo tener el don de profetizar y conocer todos los secretos de Dios. También puedo tener todo el conocimiento y tener una fe que mueva montañas. Pero si no tengo amor, no soy nada. Puedo entregar todo lo que tengo para ayudar a los demás, hasta ofrecer mi cuerpo para que lo quemen. Pero si no tengo amor, eso no me sirve de nada. El amor es paciente y bondadoso. El amor no es envidioso. No es presumido ni orgulloso. El amor no es descortés ni egoísta. No se enoja fácilmente. El amor no lleva cuenta de las ofensas. No se alegra de la injusticia, sino de la verdad. El amor acepta todo con paciencia. Siempre confía. Nunca pierde la esperanza. Todo lo soporta. El amor no tiene fin. Algún día, el don de profetizar cesará. El don de hablar en lenguas se acabará. El de conocimiento se terminará. Ahora sólo en parte conocemos y profetizamos, pero cuando venga lo perfecto, todo lo que es en parte se acabará. Cuando era niño hablaba como niño, pensaba como niño y razonaba como niño. Pero ya de adulto, dejé de comportarme como niño. Sucede lo mismo con nosotros. Ahora vemos todo como el reflejo tenue de un espejo oscuro, pero cuando llegue lo perfecto, nos veremos con Dios cara a cara. Ahora mi conocimiento es parcial, pero luego mi conocimiento será completo. Conoceré a Dios tal como él me conoce a mí. Ahora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero el más grande de todos es el amor. (PDT 1Co 13:1-13)  

El amor es sufrido, al ser paciente con las imperfecciones de la gente. El amor es benigno, activo en hacer el bien. El amor no tiene envidia; en razón de que no es posesivo y competitivo, sino que desea lo mejor para los demás. Por lo tanto, no es jactancioso. El amor posee la cualidad de ocultarse, no hace ostentación de sí mismo. El amor no es indecoroso, no trata a otros con arrogancia; no se comporta con rudeza, sino son cortesía y buenas maneras.

El amor no busca lo suyo, al no insistir en sus derechos o demandar precedencia alguna; al contrario, es generoso. El amor no se irrita; no es susceptible, no es grosero ni hostil, sino que en los momentos difíciles mantiene la compostura. El amor no guarda rencor; no lleva la cuenta de los males que ha sufrido, sino que borra el resentimiento.

El amor no se goza de la injusticia, no se alegra del infortunio ajeno, ni difunde rumores maliciosos, sino se goza de la verdad, al propagar activamente el bien. El amor todo lo sufre, al defender y sostener a otros. El amor cree lo mejor de los demás, les acredita buenas intenciones y no es suspicaz. El amor todo lo espera, no se desanima con la gente, sino cree en su futuro. El amor todo lo soporta, al perseverar y permanecer leal hasta el final.

La presencia del amor afirma a otros y supera los aspectos destructivos de nuestro carácter. La paciencia, la bondad y la verdad importan, así como el evitar aquellos pecados mencionados en los Diez Mandamientos que tratan de las relaciones con otros seres humanos, porque lo que hace el amor es nutrir de manera positiva el ser interior de cada persona.

Con el amor se evitan la envidia, la ostentación, la arrogancia, la ira y el mal. El amor provee tanto la estabilidad como la consistencia en la que palpita la vida, pero es un asunto de una decisión interna y personal, cada quien escoge el camino a tomar….. si se deja dominar y llevar por la envidia o si  se sigue el camino de Dios en el amor, que nos es dado en Jesucristo por el Espíritu Santo.

Bendiciones.

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