Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

La conciencia de la raza humana

Porque para Dios no hay acepción de personas. Todos los que sin la Ley han pecado, sin la Ley también perecerán; y todos los que bajo la Ley han pecado, por la Ley serán juzgados, pues no son los oidores de la Ley los justos ante Dios, sino que los que obedecen la Ley serán justificados. Cuando los gentiles que no tienen la Ley hacen por naturaleza lo que es de la Ley, estos, aunque no tengan la Ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la Ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia y acusándolos o defendiéndolos sus razonamientos en el día en que Dios juzgará por medio de Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio. (RV'95 Ro 2:11-16)

Veamos la definición de CONCIENCIA: Facultad común a toda la raza humana que nos permite discernir entre el bien y el mal y nos impulsa a escoger entre los dos. Tanto la naturaleza como la Biblia enseñan que la conciencia opera en todo nuestro ser en relación con los problemas de carácter moral. La conciencia es uno de los aspectos de nuestra semejanza a Dios y prueba que somos responsables ante el tribunal del Creador.

Esta palabra se traduce del griego sy·néi·de·sis, de syn (con) y éi·de·sis (conocimiento), de modo que significa co-conocimiento, o conocimiento con uno mismo. La conciencia es la capacidad de la persona de mirarse a sí misma y enjuiciarse, de darse testimonio a sí misma.

El apóstol Pablo expresa el funcionamiento de su conciencia de la siguiente manera: Como cristiano que soy, digo la verdad. No miento, y mi conciencia, bajo la guía del Espíritu Santo, me asegura que es verdad lo que digo. (AF Ro 9:1)

La conciencia es inherente al ser humano; Dios la hizo parte de la persona. Es un sentido interno de lo correcto y lo incorrecto, sentido que excusa o acusa al individuo. Siendo así, la conciencia dicta juicio. Los pensamientos y las acciones, las creencias y las reglas que el estudio y la experiencia implantan en la mente humana también pueden educarla. La conciencia compara este conocimiento con la acción que se emprende o que se piensa emprender, y da una advertencia cuando las normas de la persona entran en conflicto con la acción que piensa llevar a cabo, a menos que violaciones continuas de sus advertencias la hayan “cauterizado” o insensibilizado. La conciencia puede ser un mecanismo moral de seguridad, ya que da satisfacción o le hace sentir dolor por el comportamiento bueno o malo de la persona.

El hombre ha tenido una conciencia desde el mismo principio. Adán y Eva así lo mostraron, pues se escondieron tan pronto como quebrantaron la ley de Dios. Esta facultad pasó de Adán y Eva a toda la humanidad. Muchas leyes de las naciones están en armonía con la conciencia cristiana, aunque es posible que el cristianismo no haya influido en manera alguna en tales naciones y legisladores. Las leyes se promulgaron según los dictados de sus propias conciencias. Todas las personas tienen la facultad de la conciencia, y es a esta a la que los cristianos apelan por su predicación y su modo de vivir.

Más bien, hemos renunciado a todo lo vergonzoso que se hace a escondidas; no actuamos con engaño ni torcemos la palabra de Dios. Al contrario, mediante la clara exposición de la verdad, nos recomendamos a toda conciencia humana en la presencia de Dios. (NVI 2 Co 4:2)

La conciencia puede convertirse en una guía insegura, y como tal, puede engañarnos, a menos que se la eduque según normas justas, de acuerdo con la verdad. El ambiente, las costumbres, la adoración y los hábitos pueden educar erróneamente la conciencia. Al amparo de estas normas o valores erróneos, la conciencia podría equivocarse al juzgar lo correcto o incorrecto de un asunto.

Todo esto les he dicho para que no flaquee su fe. Los expulsarán de las sinagogas; y hasta viene el día en que cualquiera que los mate pensará que le está prestando un servicio a Dios. Actuarán de este modo porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Y les digo esto para que cuando llegue ese día se acuerden de que ya se lo había advertido. Sin embargo, no les dije esto al principio porque yo estaba con ustedes. (NVI Jn 16:1-4)

Un ejemplo que lo ilustra aparece en Juan 16:1-4, donde Jesús predijo que los hombres matarían incluso a los siervos de Dios pensando que le estaban rindiendo un servicio. Saulo (más tarde el apóstol Pablo) partió con propósitos criminales contra los discípulos de Cristo, convencido de que estaba sirviendo a Dios con celo. (Hch 9:1; Gál 1:13-16) Los judíos, notablemente extraviados, lucharon contra Dios debido a su falta de aprecio por Su Palabra. (Ro 10:2, 3; Os 4:1-3; Hch 5:39, 40) Tan solo una conciencia educada de manera adecuada por la Palabra de Dios puede evaluar y rectificar con corrección los asuntos de la vida. (2Ti 3:16; Heb 4:12) Para este fin hemos de tener normas rectas y estables: las normas de Dios.

La Buena conciencia. La persona debe acercarse a Dios con una conciencia limpia. (Heb 10:22). El cristiano ha de esforzarse constantemente por mantener una conciencia honrada en todas las cosas. (Heb 13:18). Cuando Pablo declaró: “Me ejercito continuamente para tener conciencia de no haber cometido ofensa contra Dios ni contra los hombres” (Hch 24:16), quiso decir que continuamente dirigía y corregía su derrotero en la vida de acuerdo con la Palabra de Dios y las enseñanzas de Cristo, porque a la postre el juez definitivo es Dios, no su propia conciencia. (1Co 4:4). No obstante, el proceder según una conciencia educada bíblicamente puede resultar en persecución, pero Pedro aconseja de manera confortadora: “Porque si alguno, por motivo de conciencia para con Dios, sobrelleva cosas penosas y sufre injustamente, esto es algo que agrada”. (1Pe 2:19.) El cristiano debe “[tener] una buena conciencia” frente a la oposición. (1Pe 3:16.)

La Ley y sus sacrificios de animales no podían perfeccionar a una persona de tal modo que su conciencia la considerase libre de culpa. No obstante, aquellos que ponen fe en la aplicación del sacrificio de Cristo pueden llegar a tener una conciencia limpia. (Heb 9:9,14). Pedro indica que para conseguir la salvación hay que tener una conciencia buena, limpia y recta. (1Pe 3:21).

Consideración por la conciencia de los demás. En vista de que la conciencia debe ser educada de manera completa y exacta por la Palabra de Dios para que pueda hacer evaluaciones correctas, una conciencia no educada puede ser débil, es decir, puede ser suprimida fácil e imprudentemente, o a la persona pueden ofenderla las acciones o palabras de otros, incluso en ocasiones en las que no existe ninguna acción incorrecta. Pablo dio ejemplos relativos al comer y al beber, así como al modo de juzgar ciertos días. (Ro 14:1-23; 1Co 8:1-13) Al cristiano que tiene conocimiento y una conciencia bien educada se le manda que sea considerado y tolerante con el que tiene una conciencia débil, y que no use toda su libertad ni insista en todos sus “derechos” personales para siempre obrar como le plazca. (Ro 15:1) Aquel que hiere la conciencia débil de un compañero cristiano está “pecando contra Cristo”. (1Co 8:12).

Pablo da a entender que así como él no deseaba hacer algo por lo que un hermano débil se ofendiera y le juzgara, el débil, por su parte, ha de tener consideración por su hermano y esforzarse por alcanzar madurez obteniendo más conocimiento e instrucción, de manera que su conciencia no se ofenda con facilidad y vea de modo equivocado a los demás. (1Co 10:29, 30; Ro 14:10).

La Mala conciencia. Cuando se desatienden repetidas veces los dictados de la conciencia, se llega al extremo de contaminarla e insensibilizarla, de modo que ya no provee advertencias ni guía segura. (Tit 1:15). En tal caso, es el temor a ser descubierto y al castigo lo que llega a controlar la conducta, más bien que una buena conciencia. (Ro 13:5). Cuando Pablo habla de una conciencia que está marcada como por hierro de marcar, da a entender que sería como la carne cauterizada de una cicatriz, que carece de terminaciones nerviosas y por lo tanto es insensible. (1Ti 4:2).

Las personas con una conciencia así no pueden distinguir lo bueno de lo malo. No aprecian la libertad que Dios les ofrece y se rebelan, de modo que acaban siendo esclavos de una mala conciencia. Es fácil contaminar la propia conciencia. El deseo de todo cristiano tiene que ser el que se manifiesta en Hechos 23:1. “Varones, hermanos, yo me he portado delante de Dios con conciencia perfectamente limpia hasta este día”.

En cierto sentido la voz de la conciencia pura refleja la voluntad de Dios y nuestro deber es obedecerla. No obstante, el pecado influye adversamente en la conciencia y cuando esta se corrompe va perdiendo su sensibilidad moral. Como todos sufrimos las consecuencias del pecado original, ya no se puede identificar la voz de la conciencia con la de Dios.

Una conciencia "buena y limpia" (1Ti 1:5; 1Ti 3:9), rociada con la sangre de Cristo e iluminada por el Espíritu Santo (Rom 9:1), discierne claramente la voluntad de Dios. El hombre, así, debe procurar "tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres" (Hch 24:16). Si la gracia de Dios no purifica una conciencia "contaminada o débil" (1Co 8:7), "corrompida" (Tit 1:15), "mala" (Heb 10:22) o "cauterizada" (1Ti 4:2), será una conciencia vengadora e instrumento de espantoso y eterno remordimiento, como lo demuestra el caso de Judas.

En la Biblia se usa generalmente en el sentido de la conciencia moral, el sentimiento del bien y del mal, el conocimiento íntimo de nuestra condición espiritual (Ro. 2:13-15).

¿Qué significa tener una conciencia cauterizada? Se refiere a cuando una persona se ha vuelto insensible en los asuntos morales. Pierde la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo. Es decir, ya no le produce dolor cuando peca, más bien se deleita al cometer una falta o cuando ve a otros cometerla.

¿Por qué sucede esto? Por el mismo hecho de vivir en el mundo que habitamos, corremos el peligro de seguir sus propias costumbres. Si uno no se maneja bajo principios morales, establecidos por Dios, es muy probable que sea arrastrado por las corrientes de este mundo; dando como resultado una conciencia cauterizada.

Cuando olvidamos imitar el carácter de Cristo empezamos a ceder a la iniquidad del mundo. Es muy fácil pasar la línea de lo que es correcto a lo equivocado; y si no comprendemos lo que implica el pecado y el daño que produce, fácilmente cederemos a él. No somos personas infalibles, tenemos debilidades que debemos identificarlas para luchar contra ellas. De esa manera nuestra conciencia no podrá cauterizarse.

La conciencia se cauteriza sin darnos cuenta. La corriente del mundo nos arrastra sutilmente. Por ejemplo. ¿Qué programas se transmiten en los medios, ya sean los tradicionales o en el internet? ¿Son buenos? ¿Fortalecen nuestros principios cristianos? Seguramente hay programas muy buenos, pero en su mayoría te llevan a la inmoralidad, a homicidios y a la maldad en general.

Si bien, viendo esas cosas, uno no está cometiendo el pecado en sí, se está deleitando al ver a otros incurrir tales crímenes. ¿De qué manera nos edifica ver esos programas? En nada, más bien poco a poco nuestra conciencia se va cauterizando.

La violencia se ha convertido en algo normal en nuestros días. La inmoralidad se introduce en nuestra mente de tal manera que si no renunciamos a ese pecado, este crecerá y tarde o temprano empezará a dar frutos. Seamos sabios en lo que nuestros sentidos perciben.

No permitamos que el sistema de este mundo empiece a moldearnos conforme a sus propias normas. Mantengámonos atentos y firmes en los principios de Dios. Estén alerta, permanezcan firmes en la fe, sean valientes, sean fuertes.

Bendiciones.

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