Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

La luz que hay en ti: Jesucristo o tinieblas?

Yo soy la luz que ha venido al mundo, para que todo el que crea en mí no viva en tinieblas. Si alguno escucha mis palabras, pero no las obedece, no seré yo quien lo juzgue; pues no vine a juzgar al mundo sino a salvarlo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue. La palabra que yo he proclamado lo condenará en el día final. (BAD Jn 12:46-48) 

Solo a través de la Biblia podemos discernir correctamente todas las cosas del mundo espiritual; podemos distinguir entre los que entrarán en el reino de los cielos y los que no entrarán en él, y entre la obra de Dios y la obra de Satanás. Ahora tomémonos un tiempo para averiguar a través de la Biblia, cuál es el significado espiritual de la luz y de la oscuridad y qué clase de personas son el verdadero pueblo de Dios. La Biblia nos dice que todo aquel que hace lo malo, no vendrá a la luz. La razón por la que aman las tinieblas en lugar de la luz, y odian la luz, es que temen que sus malas acciones sean expuestas a la luz.

Éste es el mensaje que hemos oído de él y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad. Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad. Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado. (BAD 1Jn 1:5-7)

Dios es luz, lo que simboliza pureza, verdad y santidad, no hay oscuridad en Él, lo que significa que en Su presencia no hay pecado ni maldad. En el versículo 6, se nos advierte que si decimos que tenemos una relación con Dios (comunión) pero vivimos en pecado (tinieblas), estamos engañándonos a nosotros mismos. La verdadera comunión con Dios implica vivir en la verdad y en la luz.

El versículo 7 nos muestra que si vivimos de acuerdo a la luz de Dios, entonces tenemos comunión no solo con Él, sino también entre nosotros como creyentes. Además, la sangre de Jesucristo nos purifica de todo pecado, lo que significa que, a través de Su sacrificio, podemos ser limpiados y restaurados.

Vemos la importancia de vivir en la luz de Dios y cómo eso afecta nuestra relación con Él y con los demás. Desde el principio de los tiempos, la luz ha sido un símbolo de vida, esperanza y verdad. En la oscuridad, nos sentimos perdidos y desorientados, pero la luz nos muestra el camino y nos llena de claridad. En las Sagradas Escrituras, encontramos que Dios se revela a sí mismo como luz, una luz que disipa las tinieblas del pecado y nos conduce a la vida eterna.

Dios es la fuente de toda luz y en el libro de Génesis, leemos que Dios creó la luz y la separó de las tinieblas. Esta imagen nos muestra que Dios es el origen de toda luz, tanto física como espiritual. Él es la fuente de la vida, la verdad y el amor, y su luz brilla en la oscuridad de nuestro mundo.

En el Evangelio de Juan capítulo 8:12, Jesús se presenta a sí mismo como "la luz del mundo". Él vino a este mundo para iluminar nuestros corazones y mostrarnos el camino hacia el Padre, su luz nos revela la verdad de Dios y nos guía hacia la salvación. Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador, la luz de Dios comienza a brillar en nuestras vidas. Esta luz nos transforma, nos libera del pecado y nos llena de su amor y su gracia. Nos convierte en hijos de la luz, llamados a reflejar su gloria en el mundo.

Jesús no solo ilumina el camino, sino que también revela la verdad sobre Dios y sobre nosotros mismos. La Promesa: "El que me sigue no andará en tinieblas"

Como hijos de la luz, estamos llamados a caminar en la verdad y la justicia, la Luz que disipa las tinieblas es Jesucristo. Debemos alejarnos de las obras de las tinieblas y vivir en la luz de Dios. Esto significa amar a nuestros semejantes, perdonar a los que nos ofenden y buscar la santidad en todas nuestras acciones. La luz que hemos recibido de Dios no es para guardarla, sino para compartirla con los demás. Debemos ser testigos de la luz de Cristo en el mundo, llevando.

El pueblo que andaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en densas tinieblas la luz ha resplandecido. (BAD Is 9:2)

Una vez más Jesús se dirigió a la gente, y les dijo: — Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (BAD Jn 8:12)

Resaltar que seguir a Jesús significa vivir en la luz, alejándonos de las tinieblas del pecado y la desesperación. esperanza a los que están perdidos y mostrando el amor de Dios a todos los que nos rodean.

La oscuridad del mundo. En la Biblia, la oscuridad representa la separación de Dios y el alejamiento de la luz. La luz simboliza a Dios, y la oscuridad al pecado y a la ignorancia.

Por otra parte, lo que os escribo es un mandamiento nuevo, cuya verdad se manifiesta tanto en la vida de Cristo como en la vuestra, porque la oscuridad se va desvaneciendo y ya brilla la luz verdadera. El que afirma que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad. El que ama a su hermano permanece en la luz, y no hay nada en su vida que lo haga tropezar. Pero el que odia a su hermano está en la oscuridad y en ella vive, y no sabe a dónde va porque la oscuridad no lo deja ver. (BAD 1Jn 2:8-11)

Acá se nos dice que las tinieblas van pasando y que la luz verdadera ya está alumbrando.

Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclaméis las obras maravillosas de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. (BAD 1P 2:9)

Dios ha venido a esta tierra en la carne como la luz, para que los que creen en Él no permanezcan en tinieblas. Sin embargo, las personas que pertenecen a la oscuridad rehúsan venir a Dios. Hace más de dos mil años, algunas personas estuvieron dispuestas a venir a Jesús que vino como la luz, mientras que otros rehusaron venir a Él y rechazaron las buenas nuevas del reino de los cielos que Jesús predicó; hubo incluso quienes gritaron: “¡Crucifíquenlo!”. Desde un punto de vista bíblico, todos ellos son los inicuos que rechazan la luz. Los que pertenecen a la oscuridad tratan de negar la verdad y rehúsan venir a la luz, pero los que aman la verdad vienen gustosamente a la luz.

Hay muchos lugares oscuros en los que la luz de la verdad aún no ha brillado. Satanás ciega los ojos y cierra los oídos y el corazón de mucha gente con la oscuridad. En la completa oscuridad no podemos discernir lo que está justo delante de nosotros, si es un camino o un precipicio. Solo cuando la luz brilla en la oscuridad, podemos ver el camino que está delante y avanzar.

Ahora las tinieblas cubren la tierra y la oscuridad las naciones. Dios nos dice: “¡Levántate, resplandece!”. Obedezcamos la palabra de Dios y mostremos la gloria de Dios, alumbrando la luz de Jerusalén sobre todo el mundo como los hijos de la luz. Solo la luz puede derrotar a la oscuridad.

En el mundo hay dos reinos, la Biblia nos habla del reino de Dios y nos habla del reino de las tinieblas; es decir el poder de Dios y el poder de las tinieblas. Quiero mencionar esto para personas que nos escuchan, que dicen: “yo no creo en ese mundo espiritual”. Es probable que usted no crea en el mundo espiritual, pero el hecho que usted no crea, no significa que no exista. La Biblia, la bendita palabra de Dios, es bien explícita al respecto; y nos habla claramente de esos dos reinos: del reino de Dios y del reino de las tinieblas.

Para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios, a fin de que, por la fe en mí, reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los santificados. (BAD Hch 26:18)

Las tinieblas se caracterizan por la maldad, la envidia, la crueldad, por la falta de empatía y amor al prójimo, por la ignorancia espiritual, por toda clase de oscuridad espiritual, por la necedad, por la avaricia.

El reino de las tinieblas es un concepto que se refiere a la influencia y el dominio del pecado, la maldad y las fuerzas espirituales en oposición a Dios. En la Biblia, se menciona en varios pasajes. Aquí te comparto algunos versículos que pueden ayudarte a entender mejor este tema:

Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados. (BAD Col 1:13-14)

Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. (BAD Ef 6:12)

En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba con Dios en el principio. Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir. En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla. (BAD Jn 1:1-5)

Este versículo muestra la victoria de la luz que es Jesucristo sobre el reino de las tinieblas.

Estos versículos nos ayudan a comprender que el reino de las tinieblas representa todo lo que está en oposición a Dios y su voluntad, y que, a través de Cristo, tenemos la victoria sobre esas fuerzas.

Las tinieblas en los hombres se refieren a la condición espiritual de aquellos que están alejados de Dios y viven en pecado. La Biblia utiliza la metáfora de las tinieblas para describir la ignorancia, el pecado y la separación de la luz de Dios.

El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Ésta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos. Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios. (BAD Jn 3:18-21)

Este pasaje muestra cómo los hombres, al preferir las tinieblas, se alejan de la verdad y la luz de Dios.

Porque antes erais oscuridad, pero ahora sois luz en el Señor. Vivid como hijos de luz (BAD Ef 5:8)

Aquí se hace una distinción entre la vida en tinieblas y la vida en la luz, enfatizando la transformación que ocurre al seguir a Cristo.

Por otra parte, lo que os escribo es un mandamiento nuevo, cuya verdad se manifiesta tanto en la vida de Cristo como en la vuestra, porque la oscuridad se va desvaneciendo y ya brilla la luz verdadera. El que afirma que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad. El que ama a su hermano permanece en la luz, y no hay nada en su vida que lo haga tropezar. Pero el que odia a su hermano está en la oscuridad y en ella vive, y no sabe a dónde va porque la oscuridad no lo deja ver. (BAD 1Jn 2:8-11)

Este versículo resalta cómo las tinieblas afectan la relación entre las personas y su capacidad para ver la verdad.

A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios (BAD Ro 1:21-22)

Estos versículos nos ayudan a entender que las tinieblas en los hombres representan una vida alejada de Dios, caracterizada por el pecado y la ignorancia espiritual. La luz de Cristo es la que puede traer transformación y redención.

La Biblia habla sobre la oscuridad espiritual y moral que se manifestará en los últimos días, describiendo un tiempo en el que la humanidad se alejará de Dios y se sumergirá en el pecado.

Ahora bien, ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad. ¡Apártate de esa gente! (BAD 2Tm 3:1-5)

Este pasaje describe las características de las personas en los últimos días, reflejando una profunda oscuridad moral.

Habrá tanta maldad que el amor de muchos se enfriará, pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo. (BAD Mt 24:12-13)

El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia, y el reino de la bestia quedó sumido en la oscuridad. La gente se mordía la lengua de dolor y, por causa de sus padecimientos y de sus llagas, maldecían al Dios del cielo, pero no se arrepintieron de sus malas obras. (BAD Ap 16:10-11)

»¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado!¡La gloria del Señor brilla sobre ti! Mira, las tinieblas cubren la tierra, y una densa oscuridad se cierne sobre los pueblos. Pero la aurora del Señor brillará sobre ti; ¡sobre ti se manifestará su gloria! Las naciones serán guiadas por tu luz, y los reyes, por tu amanecer esplendoroso. (BAD Is 60:1-3)

Estos versículos nos muestran que, en los últimos días, habrá un aumento de la oscuridad espiritual y moral en la humanidad, pero también nos recuerdan que la luz de Dios y su gloria seguirán siendo visibles para aquellos que buscan su verdad. La decisión de buscar el reino de Jesucristo es personal como Dios nos ha hecho comprender por mucho tiempo a la humanidad. El hecho de que millones de seres humanos no crean en Dios, el Creador de todas las cosas en los cielos y en esta tierra, no quiere decir que no le vayan a dar cuentas al final de sus días. Bendiciones.