No se puede amar verdaderamente a Dios sin amar a los demás……… el amor a
Dios y el amor al prójimo están intrínsecamente conectados.
El amor no hace mal a otros, por eso el amor cumple con las exigencias
de la ley de Dios. (NTV
Ro 13:10)
Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal
como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros. El amor que tengan
unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos. (NTV Jn 13:34-35)
Amar a Dios es el mandamiento más importante en la revelación de la Biblia
para nosotros y nos muestra el verdadero propósito de nuestra existencia y se
ve reflejado en nuestras relaciones con otras personas y con todo nuestro
entorno. El amar a Dios tiene una equivalencia y es el amar a nuestro prójimo
como a nosotros mismos.
Jesús les dijo: Ama al Señor tu Dios en todo lo que piensas, en todo lo
que sientes, y en todo lo que haces’. Este es el mandamiento más importante, el
primer mandamiento. El segundo es similar: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’.
Toda la ley bíblica y los escritos de los profetas dependen de estos dos
mandamientos. (VBL
Mt 22:37-40)
Les estoy dando un nuevo mandato: ámense los unos a los otros. Ámense
los unos a los otros de la misma manera que yo los he amado a ustedes. Si ustedes
se aman los unos a los otros, demostrarán a todos que son mis discípulos. (VBL Jn 13:34-35)
Muchos millones de seres humanos dicen estar en lo correcto y en tener
una relación buena con los demás, pero en la mayoría de los casos se mueven por
los sentimientos, las emociones y las pasiones, porque el verdadero amor es un
código de vida de hacer lo correcto, lo justo como lo describe la Biblia en la
primera carta a los Corintios capítulo 13.
Los siguientes versículos nos enseñan que amar a Dios implica dedicarle
todo nuestro ser, obedecer sus mandamientos y reconocer su amor por nosotros.
Amarás al Señor tu Dios con toda tu mente, con todo tu ser y con todas
tus fuerzas. (VBL
Dt 6:5)
Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos. (VBL Jn 14:15)
Donde hay amor no puede haber temor. Y Dios nos ama por completo, y este
amor echa fuera todos nuestros miedos. Si tememos, es porque tememos ser
castigados, y eso muestra que no hemos sido plenamente transformados por la
plenitud del amor de Dios. Nosotros amamos porque él nos amó primero. (VBL 1 Jn 4:18-19)
¿Qué ha pasado con el amor verdadero que es la base fundamental de las
relaciones humanas, ese perfecto amor de parte de Dios que enseña a los seres
humanos a vivir en comunión con Dios, con los demás y consigo mismo? ¿Dónde
quedó la compasión que nos hacía humanos? ¿Por qué vemos tanta división, crueldad, odio, violencia
y maldad en el mundo en la actualidad?
Miremos una situación muy notoria y que también es señal profética de
cumplimiento de los últimos tiempos para toda la humanidad y es la falta de
amor a Dios y al prójimo; incontables veces se ha hablado de este tema y ahora
en estos tiempos lo vemos de una manera sin precedentes, la maldad en el
corazón de la mayoría de seres humanos se ha hecho más notoria.
El aumento del mal hará que el amor de muchos se enfríe. (VBL Mt 24:12)
Nuestro señor Jesucristo cita Deuteronomio 6:5, que es parte del Shemá, una
oración central en la fe judía; este mandamiento enfatiza que el amor a Dios
debe ser total y abarcador, involucrando el corazón (emociones y deseos), el
alma (la vida misma) y la mente (el intelecto y pensamientos).
En Mateo 22:38, nuestro señor Jesucristo declara que este es el "primero y grande mandamiento". Esto significa que el amor a Dios es la base y el mandamiento más
importante de todos, es el fundamento de la relación del ser humano con Dios.
En Mateo 22:38 Aquí, nuestro señor Jesucristo cita Levítico
19:18, que habla del amor al prójimo. Al decir que
este mandamiento es "semejante" al primero, Jesús está indicando que el amor a Dios y el amor al
prójimo están intrínsecamente conectados. No se puede amar verdaderamente a
Dios sin amar a los demás.
Nuestro señor Jesucristo resume la Ley y los Profetas (es decir, todo el
Antiguo Testamento) en estos dos mandamientos. Esto significa que todas las
enseñanzas y mandamientos de la Biblia se basan en estos principios de amor a
Dios y amor al prójimo. Si uno cumple estos dos mandamientos, está cumpliendo
con la esencia de toda la Ley.
Nuestro señor Jesucristo enseña que el amor a Dios y el amor al prójimo son los dos mandamientos
más importantes y que de ellos depende toda la Ley y los Profetas. Estos
mandamientos resumen la esencia de la vida cristiana y la relación con Dios y
con los demás. Amar a Dios con todo nuestro ser y amar a nuestro prójimo como a
nosotros mismos son los pilares fundamentales de la fe y la práctica cristiana:
el verdadero amor.
Pueblo, el Señor te ha dicho lo que es bueno, y esto es lo que él pide
de ti: hacer lo bueno, amar la bondad, y caminar en humildad con tu Dios. (VBL Miq 6:8)
La humanidad en todas las naciones, pueblos y tribus andan en sus propios caminos y sus bajas pasiones cargadas de pecado y maldad, en donde no reconocen al Creador de sus vidas y de todo lo que hay en la tierra y en los cielos o como le decimos hoy en día: el universo. Muchos dicen creer y adorar a Dios, pero con sus maldades hacia los demás y hacia todo lo que les rodea demuestran más con su naturaleza que son hijos espirituales del diablo.
Muchos profesan
diferentes religiones, otros tienen códigos morales, otros piensan que hacen lo
correcto dentro su escala de valores, pero el amor verdadero a Dios se profesa
como nos ha sido revelado en la Biblia. De nada nos va a servir como humanidad
cuando debamos presentarnos ante Dios el Creador, si no ponemos por obra el
verdadero amor, un amor demostrado con hechos, con acciones hacia los demás.
Amar a nuestro prójimo significa actuar con justicia y misericordia en
nuestras relaciones con los demás, es seguir la instrucción que fue revelada y
que vemos en la carta a los Corintios en donde a Pablo le fue dada la tarea de
transmitir la interpretación de amor.
Jesús respondió: “Si Dios fuese realmente el padre de ustedes, ustedes
me amarían. Yo vine de Dios y estoy aquí. No fue mi propia decisión venir, sino
la de Uno que me envió. ¿Por qué no pueden entender lo que estoy diciendo? ¡Es
porque ustedes se niegan a escuchar mi mensaje! El padre de ustedes es el
Diablo, y ustedes aman seguir los deseos malos de él. Él fue un asesino desde
el principio. Nunca estuvo de parte de la verdad, porque no hay verdad en él.
Cuando él miente, revela su verdadero carácter, porque él es un mentiroso y
padre de mentiras. (VBL
Jn 8:42-44)
Veamos lo que es realmente el amor para nosotros según lo describe la
Biblia.
El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no
es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo,
no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido; no se regocija de la
injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo
lo espera, todo lo soporta. … Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor,
estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (LBLA 1Co 13:4-7,13)
Amar a nuestro prójimo implica servirle y buscar su bienestar, poniendo
sus necesidades antes que las nuestras, amar a Dios es tener una devoción total
hacia Él, involucrando nuestro corazón, alma, mente y fuerzas. Es vivir una
vida que busca honrar y obedecer a Dios en todo. Amar a nuestro prójimo es
tratar a los demás con el mismo amor, respeto y cuidado que tenemos por
nosotros mismos, es actuar con justicia, misericordia, perdón y servicio hacia
los demás. Ambos mandamientos están interrelacionados y son fundamentales para
una vida cristiana auténtica.
El amor es la esencia de Dios y es el mandamiento principal que Jesús
nos dejó. Amar a los demás es una manifestación de nuestro amor por Dios y una
señal de que somos sus discípulos, aquí no se trata de a qué grupo religioso
perteneces, o en que doctrina crees, o que clase de religión profesas, se trata
de cuanto demuestras tu amor a Dios en tus relaciones con los demás y con todos
los asuntos que manejas. Caminar en amor es un llamado constante en la Biblia y
se refiere a vivir de acuerdo con los principios del amor de Dios en nuestras
relaciones y acciones diarias.
La Biblia nos enseña que hay recompensas y bendiciones por andar en el
amor de Dios. Aquí hay algunos versículos que hablan sobre estas recompensas:
Yo los he amado a ustedes tanto como el Padre me ha amado a mí.
Permanezcan en mi amor. Cuando obedecen mis mandamientos, permanecen en mi
amor, así como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su
amor. Les he dicho estas cosas para que se llenen de mi gozo; así es,
desbordarán de gozo. Este es mi mandamiento: ámense unos a otros de la misma
manera en que yo los he amado. No hay un amor más grande que el dar la vida por
los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. (NTV Jn 15:9-14)
El SEÑOR dice: Rescataré a los que me aman; protegeré a los que confían
en mi nombre. Cuando me llamen, yo les responderé; estaré con ellos en medio de
las dificultades. Los rescataré y los honraré. Los recompensaré con una larga
vida y les daré mi salvación. (NTV Sal 91:14-16)
A eso se refieren las Escrituras cuando dicen: Ningún ojo ha visto,
ningún oído ha escuchado, ninguna mente ha imaginado lo que Dios tiene
preparado para quienes lo aman. (NTV 1Co 2:9)
Estos versículos nos muestran que andar en el amor de Dios trae consigo
la permanencia en su amor, protección, respuestas a nuestras oraciones, y
bendiciones que van más allá de nuestra comprensión y que van trascender por la
eternidad. Dios promete estar con aquellos que le aman y les asegura que todas
las cosas obrarán para su bien.
El amor debe ser genuino y manifestarse en acciones concretas, no solo en palabras. Además, el amor es el cumplimiento de la ley y tiene el poder de cubrir una multitud de pecados; el vivir en el verdadero amor es esencial para una vida cristiana auténtica y plena. Sin embargo e fácil ver como se encuentra la humanidad y que no es exactamente que este andando en el verdadero amor. Es muy importante reconocer nuestra situación y nuestra condición espiritual en nuestro presente delante de Dios y de nosotros mismos.
Podemos recordar la profecía en 2 Timoteo 3, de que sin lugar a duda la estamos viviendo para nuestros días: la maldad, la crueldad, la envidia, el egoísmo, la avaricia, la lujuria y toda clase de deseos oscuros están gobernando las vidas de la mayoría de los seres humanos y depende de las decisiones de cada uno de nosotros el que podamos ir en la dirección correcta para estar con Dios por la eternidad en su reino.
De nada sirven los códigos morales humanos, ni las religiones, ni los buenos deseos humanos, ni las buenas obras humanas si no estamos realmente andando en el perfecto amor de Dios, de nada sirve asistir a servicios religiosos, ni aprendernos la Biblia o cualquier otro dogma religioso si no amamos a Dios correctamente, si no amamos a nuestro prójimo correctamente, el verdadero amor no hace daño a los demás, aquí no importa lo que cada uno pensemos, aquí realmente importa el que practiquemos el verdadero amor de la manera correcta que es a la manera de Dios.
Basta con solo darle una mirada a todas las noticias y ver que la degradación de la humanidad esta creciendo, que se habla de Dios pero no se le toma en cuenta, que en muchas naciones y pueblos ni siquiera tienen la leve conciencia del Dios verdadero, del Creador de todo lo que existe en los cielos y en esta tierra que fue diseñada por Él para que creciera toda clase de vida como la conocemos hoy en día, que creen en sus dioses infundados por sus propios egos e ignorancia como en muchos países orientales, que aún hay naciones que se han declarado ateas y están sumergidas en maldad y toda clase de vicios pecaminosos.
Por la avaricia, que como sabemos que es el mor al dinero hombres, mujeres de todas las edades hacen cualquier cantidad de cosas sin sentido, dañan a los demás, roban, estafan, engañan, se prostituyen, se involucran en negocios turbios, secuestran, violan, trafican con las personas de todas las maneras posibles, asesinan sin ninguna clase de contemplaciones aún hasta a sus propios familiares, padres, madres, hermanos, estafan y desfalcan en las empresas donde laboran sean del los estados o privadas y que son capaces de degradarse moralmente por alcanzar fama, poder y dinero, destruyen familias, sociedades y naciones por sus propios apetitos oscuros y carentes de toda clase de afecto y amor verdadero.
Debes saber también que en los últimos días, antes de que llegue el fin
del mundo, la gente enfrentará muchas dificultades. Habrá gente egoísta,
interesada solamente en ganar más y más dinero. También habrá gente orgullosa,
que se creerá más importante que los demás. No respetarán a Dios ni obedecerán
a sus padres, sino que serán malagradecidos y ofenderán a todos. Serán crueles
y violentos, no podrán dominar sus malos deseos, se llenarán de odio, dirán
mentiras acerca de los demás, y odiarán todo lo que es bueno. No se podrá
confiar en esos orgullosos, porque actuarán sin pensar. En vez de obedecer a
Dios, sólo harán lo que les venga en gana. Dirán que aman y respetan a Dios,
pero con su conducta demostrarán lo contrario. No te hagas amigo de esa clase
de gente, … Esa clase de gente es enemiga de que se dé a conocer el verdadero
mensaje de Dios. Tiene la mente corrompida, y no ha aprendido a confiar en
Dios. Pero no seguirá así por mucho tiempo. Todos habrán de darse cuenta de que
esa gente es estúpida, como lo eran Janes y Jambrés, los magos que estaban en
contra de Moisés. … Bien sabemos que todo el que desee vivir obedeciendo a
Jesucristo será maltratado. Pero los malvados y los engañadores irán de mal en
peor, y engañarán a unos, pero serán engañados por otros. Tú debes seguir
creyendo en lo que aprendiste, y que sabes que es la verdad. Después de todo,
conoces muy bien a quienes te lo han enseñado. Recuerda que desde niño has
leído la Biblia, y que sus enseñanzas pueden hacerte sabio, para que aprendas a
confiar más en Jesucristo y así seas salvo. Todo lo que está escrito en la
Biblia es el mensaje de Dios, y es útil para enseñar a la gente, para ayudarla
y corregirla, y para mostrarle cómo debe vivir. De ese modo, los servidores de
Dios estarán completamente entrenados y preparados para hacer el bien. (TLA 2Ti 3:1-5,8,12-17)
Pero si alguno de ustedes sufre por ser cristiano, no se avergüence, más
bien, agradezca a Dios por llevar ese nombre. Porque ya es hora de que empiece
el juicio que comenzará con la familia de Dios. Y si empieza primero con
nosotros, ¿qué les pasará a los que rechazan la buena noticia de Dios? «Si
resulta difícil que el justo se salve, ¿qué pasará con el que no teme a Dios y
está lleno de pecado?» Así que, los que sufren por obedecer a Dios, que se
pongan en manos de él, su Creador, y sigan haciendo el bien. (PDT 1P 4:16-19)
Necesitamos fortalecernos en Dios y perseverar cada día más si es que queremos estar con nuestro Señor Jesucristo, con el Señor el Espíritu Santo y con el Padre Celestial por la eternidad. No se trata de tener religiosidad, no se trata de pertenecer a alguna clase de religión o pertenecer a algún grupo benéfico, aquí se trata de volver a la senda antigua, al camino de Dios que es Jesucristo, se trata de andar y vivir en el amor correcto, se trata de entender el para qué fuimos creados y el cómo encausarnos en la salvación para nuestras vidas. Es la decisión más grande de nuestras vidas, pero teniendo presente que nuestro destino eterno está orientado por lo que realmente desea nuestro corazón, sólo nosotros decidimos a donde queremos llegar.
De que le sirve a las personas obtener lo que desean en su corazón sin tener en cuenta a Dios, si al final pierden su alma en la condenación eterna en lago de fuego y azufre como nos ha sido revelado en la Biblia. Bendiciones.
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