Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

domingo, 2 de julio de 2017

La Palabra de Dios hecha carne: Jesucristo°


Jesucristo, El Hijo de Dios es: El Verbo, El Creador de la vida, El Ser y la Esencia de la vida.

La encarnación del Señor Jesucristo es el acontecimiento más extraordinario de la historia humana, que solo se verá superado por el día final de la historia cuando Él «Aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación» (Hebreos 9:28b. RVR60).

Juan 1:1-5. Palabra de Dios para Todos (PDT). Jesucristo viene al mundo. Antes del comienzo del mundo ya existía la Palabra, la Palabra estaba con Dios y era Dios. Estaba ahí con Dios en el comienzo. Todo se hizo por aquel que es la Palabra; sin él, nada se habría hecho. En él estaba la vida, y esa vida era la luz de los seres humanos. La Luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no ha podido contra ella.

Juan 1:14-17. Palabra de Dios para Todos (PDT). Jesucristo viene al mundo. La Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros, lleno de generoso amor y verdad. Vimos su esplendor, ese esplendor que pertenece al Hijo único del Padre. Juan dio testimonio de él diciéndole abiertamente a la gente: «Este es el del que yo les hablaba. Era de él que les decía: “El que va a venir después de mí es más importante que yo, porque existía antes que yo”». Todos hemos recibido de él muchas bendiciones porque él está lleno de generoso amor y verdad. Dios dio la ley por medio de Moisés, pero el generoso amor y la verdad llegaron por medio de Jesucristo.


Juan describe este extraordinario suceso en términos sencillos, aunque de gran profundidad. Empieza su Evangelio presentando al Señor Jesucristo como el Verbo eterno y vivo de Padre, y nos dice aquí que ese Verbo eterno, la revelación eterna del Padre se hizo carne.

Desde ese momento en adelante, Él fue y siempre será Dios manifestado en la carne, y, a lo largo de una eternidad que nunca tendrá fin, Su nombre será Emanuel, Dios con nosotros. Sin embargo, el Señor Jesucristo no solo era Dios y hombre en la unidad de Su divina Persona cuando estaba en el estado de Su humillación, sino que también en el estado de Su exaltación será para siempre Dios manifestado en la carne. La unión de la naturaleza divina y la humana en la persona del Señor Jesucristo es, pues, una unión eterna e inquebrantable.

Por tanto, las palabras «Y el Verbo fue hecho carne», rebosan con la rica verdad del evangelio, porque la encarnación del Señor Jesucristo desvela, de la forma más gloriosa, la buena voluntad de Su Padre para con los hijos e hijas de Adán. Al reunir la naturaleza humana con la naturaleza divina de Su Hijo, Dios revela el propósito para el que lo envió al mundo, es decir, para restaurar la relación de pacto quebrantada entre Él y los hijos de los hombres. En Su Hijo Dios ha encontrado una forma de vincularse al hombre, y unir a este consigo; en Su naturaleza divina, Cristo representa a toda la Trinidad y, en Su perfecta humanidad, representa a una humanidad elegida.

Por consiguiente, en Cristo, un Dios trino se ha unido para siempre con Su pueblo, y en Cristo, el pueblo de Dios está para siempre unido a Dios. Y, dado que el vínculo entre el Verbo viviente y Su carne es inquebrantable y durará para siempre, y así será con el vínculo que une a Dios con Su pueblo.

Hebreos 4:12-13. Palabra de Dios para Todos (PDT). La palabra de Dios vive, es poderosa y es más cortante que cualquier espada de dos filos, penetra tan profundo que divide el alma y el espíritu, las coyunturas y los huesos, y juzga los pensamientos y sentimientos de nuestro corazón. No hay nada creado en el mundo que se pueda esconder de Dios; todo está desnudo y expuesto a su vista. Es a él a quien tendremos que rendirle cuentas de nuestra vida.

Si Dios no se hubiera manifestado en la carne, solo habría habido condenación y perdición eterna par todos los hijos e hijas de Adán, porque a un Dios santo le habría resultado imposible reconciliarse con pecadores caídos. ¡Qué revelación tan extraordinaria del corazón de Dios, saber que dentro de Él ha tenido eternamente el propósito de entregar a su Hijo unigénito para que fuera el sacrificio por el pecado

Juan 3:14-21. RVR60. Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.

De este modo, basándose en ese sacrificio perfecto, los pecadores pueden ser reconciliados con su Creador. 1 Timoteo 3:16. NTV. Sin duda alguna, el gran misterio de nuestra fe es el siguiente: Cristo fue revelado en un cuerpo humano y vindicado por el Espíritu. Fue visto por ángeles y anunciado a las naciones. Fue creído en todo el mundo y llevado al cielo en gloria.

Esencialmente, lo que Juan está haciendo al presentar a Jesús como el LOGOS de Dios Padre. (Griego común empleado como  el título de Cristo en los escritos del Apóstol Juan. En la LXXLXX Septuaginta se usa logos para traducir el hebreo daµb_aµr. La raíz de esta voz significa “lo que está por detrás”, de modo que cuando se la traduce como “palabra” también significa sonido significativo; también puede significar “cosa”. De acuerdo con una característica común de la psicología hebrea, se considera al daµb_aµr de un hombre en cierto sentido como una extensión de su personalidad, y además como con existencia sustantiva propia.

La Palabra de Dios es, entonces, su autorrevelación a través de Moisés y los profetas; puede emplearse para designar tanto visiones y oráculos aislados como todo el contenido de la revelación total, y por consiguiente en forma especial el Pentateuco.

Otro posible factor determinante en el uso de Logos en los pasajes que tenemos que considerar es el uso del término para significar el mensaje del evangelio. El término se emplea absolutamente (por ejemplo para predicar la Palabra) y con un número de genitivos (la Palabra de Dios, de Cristo, de la cruz, de reconciliación, de vida, etc.). Todas estas demuestran que en el Nuevo Testamento se considera el evangelio esencialmente como una presentación de Jesús mismo; él es la Palabra que se predica.

Pero Juan va más allá del concepto familiar de logos que tendrían sus lectores judíos y gentiles, y presenta a JESUCRISTO no solo como un principio mediador como lo percibían los griegos, sino como un ser personal, totalmente divino y sin embargo totalmente humano. Además, Cristo no era simplemente una personificación de la revelación de Dios como pensaban los judíos, sino de hecho era la perfecta revelación de Dios de Él mismo en la carne, tanto es así, que Juan registró las palabras que el mismo Jesús dijo a Felipe: “Jesús le dijo; ¿Tanto tiempo he estado con vosotros y todavía no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’?” (Juan 14:9. RVR60) 

Al usar el término “Palabra” en Juan 1:1, Juan está amplificando y aplicando un concepto que era familiar para su audiencia y usándolo para introducir a sus lectores a la verdadera logos de Dios en Jesucristo, la Palabra de Dios Viva, totalmente Dios y sin embargo totalmente hombre, quien vino a revelar a Dios al hombre y a redimir de sus pecados a todos los que crean en Él.

Esto es lo que sucede cuando, a través de nuestros labios, se desata la Palabra de Dios: Su eterna Palabra es viva, y por lo tanto da vida a todo nuestro ser. Jesús dijo que el espíritu da vida y que la carne para nada aprovecha. Su Palabra es espíritu y es vida. La vida de la Palabra de Dios está en el Espíritu Santo. Dios anda buscando adoradores en espíritu y en verdad que crean y acepten el señorío de su Palabra Viva dentro de sus corazones, para introducirnos de lleno en los ríos de agua viva que saltan para vida eterna; también para bendecirnos, fortalecernos y afirmarnos en Jesucristo en los lugares celestiales, pues el crecer en la palabra no es una opción para nosotros, sino una necesidad que nos lleva al destino eterno el Padre Celestial.

La Palabra de Dios es Viva, su Palabra ordena y llena. (Génesis 1:1-21). En el primer libro de la Biblia y en su primer capítulo podemos ver que la palabra que sale de la boca de Dios es viva.

En el principio todo era un caos, pues la tierra se encontraba desordenada y vacía. ¿Qué fue lo que trajo orden y llenó la tierra? La palabra que salió de la boca de Dios, pues de continuo vemos la frase: “y dijo Dios”. El libro de Juan dice: “todas las cosas por él fueron hechas”. Nosotros éramos tierra desordenada y vacía, siendo la palabra de Dios la que obró el milagro en nuestras vidas. Conocer la Palabra Viva de Dios es trascendental para nosotros, para no seguir desordenados y vacíos. Cuando entendemos que la Palabra es viva y crecemos en esta palabra, no hay nada que pueda estorbar nuestro desarrollo en los caminos y voluntad de Dios.

La palabra de Dios es viva porque Dios dijo y todo fue creado e hizo todo cuanto quiso (Sal.115:3). Es importante saber, conocer, entender y discernir todo aquello que Dios tiene para nosotros, comprendiendo que es a través del “Verbo de Dios”, la acción de Dios a nuestro favor. Su poderosa Palabra es eficaz (griego – Energues). Es operante o dinámica; actúa cargada de toda la energía divina y cumple el propósito para el cual Dios la ha enviado. “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:11. RVR60).

Cada palabra que sale de la boca del siervo de Dios está destinada a cumplir su propósito, aquello para lo cual ha sido enviada. La Biblia es el único libro que puede traer sabiduría a su vida, esperanza para su familia y la proyección de una gloria eterna. El cristiano puede alcanzar la madurez espiritual si se ejercita en el estudio de la Palabra de Dios: La Biblia. Cuanto más estudie y profundice en las Escrituras, más sus sentidos se fortalecerán para un desarrollo sobrenatural.

Jesucristo, El Hijo de Dios es: El Verbo, El Creador de la vida, El Ser y la Esencia de la vida.

Estas tres verdades deben analizarse profundamente para poder llegar a entenderlas. Sin embargo, la importancia de las verdades yacen en la misma creación de la vida; por lo tanto, no deben exagerarse ya que determinan el destino del hombre. Si Jesucristo es el Verbo de Dios, entonces los hombres deben escuchar y entender ese Verbo, de lo contrario se perderán sin conocer a Dios.

Lucas 2:39-52. Dios Habla Hoy (DHH). Después de haber cumplido con todo lo que manda la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su propio pueblo de Nazaret. Y el niño crecía y se hacía más fuerte, estaba lleno de sabiduría y gozaba del favor de Dios. Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Y así, cuando Jesús cumplió doce años, fueron allá todos ellos, como era costumbre en esa fiesta. Pero pasados aquellos días, cuando volvían a casa, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres se dieran cuenta. Pensando que Jesús iba entre la gente, hicieron un día de camino; pero luego, al buscarlo entre los parientes y conocidos, no lo encontraron. Así que regresaron a Jerusalén para buscarlo allí. Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

Y todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando sus padres lo vieron, se sorprendieron; y su madre le dijo: Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia. Jesús les contestó: ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre? Pero ellos no entendieron lo que les decía. Entonces volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndolos en todo. Su madre guardaba todo esto en su corazón. Y Jesús seguía creciendo en sabiduría y estatura, y gozaba del favor de Dios y de los hombres.

El problema más grave que Juan enfrentó al escribir a los gentiles fue que estos no eran parte del mundo judío. La mayoría nunca había escuchado acerca del Mesías o del Salvador esperado por los judíos; por esa razón, toda esta idea les parecía extraña. No obstante, el Mesías era el centro del Cristianismo, entonces ¿cómo Juan iba a hablar acerca de Cristo de una forma en que los gentiles pudieran entenderlo? Juan obtendría la respuesta utilizando el concepto del verbo, ya que los gentiles y judíos comprendían muy bien este concepto.

Los judíos entendían al verbo como algo más que un simple sonido. Para ellos significaba acción, existencia y fuerza ya que con él se podía expresar o hacer algo. Esto se puede comprobar en muchos pasajes del Antiguo Testamento donde el Verbo de Dios era percibido como la fuerza creativa del Padre, el poder que creó y dio luz y vida al mundo (Génesis 1:3, 6, 11; Salmo 33:6; Salmo 107:20; Salmo 147:15; Isaías 55:11)Juan enfatiza la comunión de los creyentes; esta comunión (Gr. KOINONÌA) se basa en la vida común en Cristo y la obra del Espíritu Santo que une a los creyentes unos con otros y con Dios.  

Colosenses 1:15-20. Dios Habla Hoy (DHH). Cristo es la imagen visible de Dios, que es invisible; es su Hijo primogénito, anterior a todo lo creado. En él Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra, tanto lo visible como lo invisible, así como los seres espirituales que tienen dominio, autoridad y poder. Todo fue creado por medio de él y para él. Cristo existe antes que todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden. Además, Cristo es la cabeza de la iglesia, que es su cuerpo. Él, que es el principio, fue el primero en resucitar, para tener así el primer puesto en todo. Pues en Cristo quiso residir todo el poder divino, y por medio de él Dios reconcilió a todo el universo ordenándolo hacia él, tanto lo que está en la tierra como lo que está en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que Cristo derramó en la cruz.

Los gentiles o griegos percibían al Verbo desde un punto de vista filosófico. Cuando estudiaban a la naturaleza, se daban cuenta de que todo era ordenado en vez de caótico. Cada cosa tenía su lugar y se movía o crecía de una manera ordenada, desde las estrellas en el cielo hasta la vegetación en la tierra. Por lo tanto, los griegos afirmaban que detrás del mundo había una mente creativa y sustentadora, una razón suprema, y una fuerza ilimitada que creó y mantuvo todo en su lugar, y todo eso era el Verbo.

El Verbo era también percibido como ese poder que permitió a los hombres pensar y razonar. Este poder trajo luz y entendimiento a la mente del hombre para que sus pensamientos enredados se expresaran de una manera ordenada. Aún más importante, el Verbo era la forma por el cual los hombres podían contactarse con Dios y expresarle sus sentimientos.

Filipenses 2:5-11. Dios Habla Hoy (DHH). Tengan unos con otros la manera de pensar propia de quien está unido a Cristo Jesús, el cual: Aunque existía con el mismo ser de Dios, no se aferró a su igualdad con él,  sino que renunció a lo que era suyo y tomó naturaleza de siervo. Haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, hasta la muerte en la cruz. Por eso Dios le dio el más alto honor y el más excelente de todos los nombres,  para que, ante ese nombre concedido a Jesús, doblen todas las rodillas en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y todos reconozcan que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Este pasaje es un himno de alabanza a Cristo compuesto anteriormente y utilizado por Pablo. Veamos ahora el término Gr. KENOSÍS que se usa frecuentemente en la encarnación de Cristo; al tomar forma de siervo se “vació”, se “despojó” de todas sus prerrogativas y poderes como Dios Hijo; asumió las limitaciones humanas inherentes a la condición de verdadero hombre. Fue una limitación voluntaria y autoimpuesta: Jesucristo era tanto Dios como hombre, dos naturalezas distintas unidas en una persona. Las Escrituras no aclaran las implicaciones totales de la KENOSIS. Hay misterios divinos que no podemos sondear como seres humanos.    

Apocalipsis 19:11-16. Dios Habla Hoy (DHH). Vi el cielo abierto; y apareció un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, porque con rectitud gobernaba y hacía la guerra. Sus ojos brillaban como llamas de fuego, llevaba en la cabeza muchas coronas y tenía un nombre escrito que solamente él conocía. Iba vestido con ropa teñida de sangre, y su nombre era: LA PALABRA DE DIOS. Lo seguían los ejércitos del cielo, vestidos de lino fino, blanco y limpio, y montados en caballos blancos. Le salía de la boca una espada afilada, para herir con ella a las naciones. Las gobernará con cetro de hierro. Y él mismo pisará las uvas para sacar el vino de la ira terrible del Dios todopoderoso. En su manto y sobre el muslo llevaba escrito este título: «REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES».

Juan se aferró a esa idea tan común entre los gentiles y judíos para proclamar a Jesucristo como el Verbo. Este siervo de Dios comprendía que un verbo era la expresión de una idea, un pensamiento, una imagen que describía lo que había en la cabeza de una persona. De esta manera, proclamó que, por medio de la vida de Jesucristo, Dios estaba hablando y demostrando el mensaje que quería enviar al mundo.

Juan afirmó tres aspectos: Dios nos ha dado más que simples palabras en las Santas Escrituras, nos ha dado a Jesucristo, el Verbo. Para el Mundo, Jesucristo es la fotografía, la expresión, el modelo, la misma imagen que Dios desea mostrarle al hombre. Es la propia imagen dentro de la mente de Dios, la vida de Jesucristo refleja al Ser Humano Ideal. Él es la expresión perfecta de todo aquello que el Padre deseaba para la humanidad. Jesucristo es la declaración, discurso, y el Verbo de Dios que vino a este mundo hecho carne para llevar a los hombres hasta una relación cara a cara con Dios (Juan 1:1-2).

Jesús es el Verbo de Dios que vino al mundo para vivir fuera de la Palabra de Dios escrita. El Hijo del Hombre es la Mente creativa y sustentadora, la Razón Suprema y la Fuerza ilimitada que hizo y mantiene todas las cosas en orden (Juan 1:3). Jesucristo es la Luz, la Lumbrera, y el Poder que penetra en la oscuridad de este mundo. Él, la Vida y Luz, es el que le da sentido a las cosas y permite que los hombres entiendan este mundo (Juan 1:4-5).

Hebreos 1:1-4. Dios Habla Hoy (DHH). En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas. Ahora, en estos tiempos últimos, nos ha hablado por su Hijo, mediante el cual creó los mundos y al cual ha hecho heredero de todas las cosas. Él es el resplandor glorioso de Dios, la imagen misma de lo que Dios es y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa. Después de limpiarnos de nuestros pecados, se ha sentado en el cielo, a la derecha del trono de Dios, y ha llegado a ser superior a los ángeles, pues ha recibido en herencia un título mucho más importante que el de ellos.

1 Juan 5:7. (RVR60). Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Hebreos 11:3 (RVR60). Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. 

Bendiciones. 

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