Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

domingo, 21 de enero de 2018

Jesucristo es el Señor del día de reposo: rendidos al Espíritu Santo°


Mateo 21:43. Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy (NBLH). Por eso les digo que el reino de Dios les será quitado a ustedes y será dado a una nación que produzca los frutos del reino.

El reino de los cielos se manifiesta a través de las vidas rendidas al Señor Jesucristo, y al señorío del Espíritu Santo; nos es necesario que entendamos que Dios es el Creador de todo lo que existe y que el señorea sobre toda la creación; que ha enviado a su Hijo y al Espíritu Santo para restaurar todas las cosas en esta tierra y en la humanidad por medio de Jesucristo.

Mateo 3:2-3. Dios Habla Hoy (DHH). En su proclamación decía: «¡Vuélvanse a Dios, porque el reino de los cielos está cerca!» Juan era aquel de quien Dios había dicho por medio del profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: “Preparen el camino del Señor; ábranle un camino recto.”»

Pero cada uno de los llamados y escogidos debe cumplir con el plan, con el llamado y la voluntad divina para que se extienda el reino de los cielos a través de la predicación del evangelio y de vidas llenas de la plenitud del Espíritu Santo, así lo ha determinado el Padre Celestial.   


Lucas 6:1-5. Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy (NBLH). Jesús, Señor del Día de Reposo. Aconteció que un día de reposo Jesús pasaba por unos sembrados, y Sus discípulos arrancaban y comían espigas, restregándolas entre las manos. Pero algunos de los Fariseos dijeron: “¿Por qué hacen ustedes lo que no es lícito en el día de reposo?”

Jesús les respondió: “¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando tuvo hambre, él y los que con él estaban; cómo entró en la casa de Dios, y tomó y comió los panes consagrados, que a nadie es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, y dio también a sus compañeros?”

También les decía: “El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.”

Apocalipsis 19:16. Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy (NBLH). En Su manto y en Su muslo tiene un nombre escrito: “REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.”

Juan 1:1-3. Dios Habla Hoy (DHH). En el principio ya existía la Palabra; y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Por medio de él, Dios hizo todas las cosas; nada de lo que existe fue hecho sin él.

Dios el Padre Celestial ha determinado desde la eternidad y hasta la eternidad que todo el reino de la creación en los cielos y en esta tierra, son de él por medio de su Hijo Jesucristo y por la manifestación y poder de su Espíritu Santo; nos es necesario rendirnos completamente al Señor el Espíritu Santo, para que fluyan los ríos de agua viva prometido a todos los creyentes, a su iglesia, a las piedras vivas del cuerpo de Cristo, a cada hijo e hija de Dios en cada nación de la tierra.

Juan 1:14-18. Dios Habla Hoy (DHH). Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros. Y hemos visto su gloria, la gloria que recibió del Padre, por ser su Hijo único, abundante en amor y verdad. Juan dio testimonio de él, diciendo: «Éste es aquel a quien yo me refería cuando dije que el que viene después de mí es más importante que yo, porque existía antes que yo.»

De su abundancia todos hemos recibido un don en vez de otro; porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero el amor y la verdad se han hecho realidad por medio de Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, es quien nos lo ha dado a conocer.

Apocalipsis 17:14. La Biblia de las Américas (LBLA). Estos pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes, y los que están con El son llamados, escogidos y fieles.

La voluntad de Dios es que la vida de su Hijo Jesucristo sea manifestada por su Espíritu Santo en la vida y los corazones de todos los que hemos sido elegidos y llamados a servirle y amarle, para anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable, anunciando el evangelio, las buenas nuevas de salvación y que enseñemos su justicia a multitudes, que prediquemos a tiempo y fuera de tiempo, para que se cumplan los planes y propósitos en cada uno de nosotros y de esa manera tener el privilegio de ser parte de la voluntad de Dios para la humanidad en los tiempos y en el lugar que nos ha tocado vivir.

Isaías 9:6-7. La Biblia de las Américas (LBLA). Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto.

El Padre Celestial nos ha hecho partícipes de su reino a través de la salvación que es en Cristo Jesús; Él nos busca, nos perdona, nos sana, nos restaura, nos bendice para que seamos instrumentos para todas las personas que nos rodean. Nos ha hecho parte de la iglesia de Jesucristo, nos ha hecho un llamado, nos ha dado dones y siempre está con nosotros a través del Espíritu Santo, quien nos llena de su presencia, quien nos da la revelación de su  palabra, quien nos llena de sabiduría y de entendimiento para vivir la vida que agrada a Dios, la vida que nos conviene; es el Espíritu Santo quien nos consuela, quien nos redarguye, quien nos da los dones espirituales y los dones ministeriales e imparte vida espiritual.

Lucas 12:32. Nueva Traducción Viviente (NTV). Así que no se preocupe, pequeño rebaño. Pues al Padre le da mucha felicidad entregarles el reino.   

Según las escrituras, todos los que somos de Cristo Jesús, somos ciudadanos del reino de Dios. No es algo que hemos elegido, sino que en la sabiduría de Dios, el cambio de ciudadanía es un resultado de nuestra conversión (Colosenses 1:13. El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo y Filipenses 3:20. Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo).  

Podemos decir que el reino de Dios es la atmósfera producida por nuestra relación de obediencia y sumisión al Él. Si tenemos una relación correcta con nuestro Padre celestial, experimentaremos la atmósfera espiritual del cielo en la tierra y podremos transmitir esa atmósfera a quienes están a nuestro alrededor.

Romanos 14:17. Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

El reino de Dios primero debe entrar y gobernar a través del Señor Jesucristo en nosotros, en nuestros corazones, en toda nuestra manera de pensar y actuar, para que luego pueda manifestarse externamente y así podamos cumplir la gran comisión, ganar almas para Dios. Es de esa manera que brillamos para salvación a otros a través del evangelio.

¿Qué es el reino de Dios? Es su gobierno soberano en la tierra. En el Nuevo Testamento, el vocablo griego para “reino” es basileía, que significa “realeza”, “gobierno”, “un reino” o “soberanía”, “poder real”. Veamos lo que es un reino terrenal para seguir comprendiendo nuestra posición delante de Dios y de todo lo creado: es influencia, dominio, voluntad y gobierno de un rey o príncipe sobre cierto territorio, con el propósito de gobernar a sus habitantes. No puede haber un rey sin dominio, ni súbditos.

Romanos 11:29. Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy (NBLH). Porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables. 

El reino de Dios, es su ámbito y su cimiento de poder en la tierra. Es su dominio o señorío, en el cual Él establece su voluntad en las vidas de su pueblo, aquí y ahora, por medio de la obra redentora de su Hijo Jesucristo. Dios gobierna sobre territorios, entidades, y seres humanos. Él gobierna sobre la enfermedad, la pobreza y la opresión. Él es soberano sobre su enemigo espiritual, Satanás (el diablo), quien busca expandir su propio reino de oscuridad en el mundo, para oponerse al reino de la luz de Dios.

1 Pedro 2:9-10. Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy (NBLH). Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquél que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable. Ustedes en otro tiempo no eran pueblo, pero ahora son el pueblo de Dios; no habían recibido misericordia, pero ahora han recibido misericordia.

Muchas personas confunden la iglesia que es el cuerpo de Cristo con el reino de Dios. La iglesia está formada por las personas que Dios ha salvado y a quienes le ha revelado un llamamiento y el plan o voluntad divina para sus vidas; es la iglesia la que está llamada a proclamar el mensaje del reino de Dios, es llamada a extender el reino de Dios en medio de las naciones a través de los dones y de los llamamientos. Para ver en operación el reino de Dios en nuestras vidas debemos tener un arrepentimiento genuino y una vida consagrada a Dios en obediencia. Sin la experiencia del arrepentimiento y el lavamiento de nuestros pecados por la sangre que se derramó en la cruz, las buenas obras no valen nada delante de Dios.

Son las vidas santas, limpiadas por la sangre de Jesucristo quienes pueden ser instrumentos para ser llenadas de la presencia y unción de Dios; es la presencia de Dios que destruye toda obra del diablo, destruye toda obra de pecado y maldad que ataba las vidas. Cuando aparece Dios en una vida, en una congregación todo cambia. Él es nuestro Creador, el Dios Santo, Poderoso, Amoroso y lleno de misericordia.

Es necesario que el Señor nos abra nuestros ojos espirituales: hemos sido diseñados como pueblo de Dios para ser el canal de bendición, la sal de la tierra y la luz del mundo, a fin de extender el Reino de Dios. Esto significa hacer que cada persona reciba a Cristo como su Salvador personal y aprenda a vivir de acuerdo a los principios de la Palabra de Dios para tenerlo también como El Señor de sus vidas. Esta es la manera bíblica de extender el reino de los cielos en la tierra.

El Espíritu Santo nos está haciendo un nuevo llamado como iglesia para ponernos en la brecha espiritual y trabajar en la extensión del reino de los cielos en la tierra. 

Es necesario comprender que el reino de Dios sólo se puede hacer palpable en nuestras vidas cuando nos rendimos al Señor el Espíritu Santo y dejamos que nos guie y nos pastoree. En la Biblia encontramos revelaciones acerca de la presencia y la unción del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es el Consolador que el Padre ha enviado para que esté con nosotros para siempre, es el Espíritu de verdad que el mundo no conoce, pero que mora con todo aquél que ama a Dios. El Espíritu Santo es quien nos lleva por el camino que es nuestro Señor Jesucristo, es quien nos conducirá hacia el destino Eterno: nuestro Padre Celestial, el Creador de todas las cosas que existen en los cielos, en el universo y en esta tierra.

Fue enviado en el nombre de Jesús para enseñarnos todas las cosas y recordarnos su Palabra. Está escrito en la Biblia que el Señor Jesucristo se presentó vivo con muchas pruebas apareciéndoseles durante cuarenta días. El ministerio de nuestro Señor Jesucristo durante 40 días tenía un doble objetivo. Primero: dar una demostración positiva de la realidad de su resurrección. Segundo: ampliar más la enseñanza acerca del reino de Dios.

Lucas nos dice que los discípulos fueron testigos presenciales de todo lo que le sucedió a Jesucristo, su vida antes de la crucifixión y los 40 días donde les enseño más cerca del reino de Dios. Los preparo. Jesús dijo os conviene que yo me valla. (Juan 16:7). Si Jesús se hubiera quedado en la tierra hubiera estado limitado por su cuerpo físico. Pero después de su ascensión podría estar presente espiritualmente en todo lugar a través del Espíritu Santo.

La Promesa del Espíritu Santo. Vamos a ver la importancia que nuestro Salvador le da a la comunión entre nosotros sus hijos, y Dios; esa relación es real, y la llenura y presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas también es real. El Señor Jesucristo ha enseñado de manera clara y contundente sobre el amor de Dios hacia los discípulos y también el deber de amarse los unos a los otros; nos habla a todos que el amarlo a Él constantemente debe ser con acciones demostrativas de parte nuestra, es guardando sus mandamientos con un corazón sincero que mostramos verdaderamente que amamos al Señor.

Juan 14:15-31. (RVR1960). Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.

En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Os he dicho estas cosas estando con vosotros.

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo. Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis.

No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí. Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vamos de aquí.

El amor a Dios, y el guardar sus mandamientos son una misma cosa. Sería engañarse a uno mismo si se piensa que el amor a Dios y el guardar Sus Mandamientos no son esenciales, o que son dos asuntos muy diferentes. La verdadera relación con Dios no es por actos religiosos, el evangelio eterno de nuestro Señor Jesucristo debe ser vivido de una manera práctica y con un corazón recto; no es un evangelio religioso, o un evangelio místico o romántico.

Hay tantos que creen que el Señor Jesucristo nunca habló de ciertos pecados, y que solamente habló del amor. Los que creen así, casi siempre defienden un comportamiento inmoral delante de Dios. El Señor muchas veces habló e hizo énfasis en la obediencia, y el comportamiento de cada uno de nosotros frente a cada una de las situaciones y circunstancias que se nos presenten, es el resultado de una vida en sujeción a Dios por la Palabra y la presencia del Espíritu Santo.

El Señor Jesucristo tuvo miles y miles de personas que asistían a sus enseñanzas y lo rodeaban, pero que no llegaron a ser “discípulos”, en la forma que el discípulo bíblico es. Eso quiere decir que hubo miles que no decidieron hacerse sus discípulos, por no querer comprometerse con una vida de obediencia en santidad, con una vida consagrada a Dios, con una vida con un corazón dispuesto a cambiar a la manera de Dios.

Nuestro Señor Jesucristo dijo a los discípulos la obra que tenían que hacer, pero les hizo entender que sin Dios no la podían hacer, que humanamente, por más y mejores intenciones, no se lograría: los apóstoles se reunieron en Jerusalén y se les ordenó que no se fueran de ahí hasta que viniera el derramamiento del Espíritu Santo sobre sus vidas. 

Esto sería un bautismo por el Espíritu Santo, que les daría poder para vivir la vida cristiana que agrada a Dios y cumplir la gran comisión: la salvación de almas y la extensión del Reino de los cielos en medio de las naciones de la tierra.

Esto confirma la promesa divina y nos anima para depender de ella, porque la oímos del Señor Jesucristo y en Dios todas las promesas son sí y amén. El bautismo en agua de los cristianos es un mandamiento para testimonio de lo que ocurre en el ámbito Espiritual; representa la unidad y la identificación con Cristo que se establece por medio del bautismo con el Espíritu Santo: es nuestro testimonio de fe.

Hechos 1:1-9. (RVR1960). En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.

Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?

Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.

Para vivir la vida cristiana bíblica en estos tiempos finales y peligrosos de cumplimiento de la Palabra de Dios, nosotros, los que hacemos parte de la iglesia de Cristo en las naciones de la tierra, nos es necesario ser llenos del presencia del Espíritu Santo, nos es necesario recibir la unción de Dios, no es necesario ser enseñados y guiados por Dios, nos es necesario recibir la sabiduría divina y el entendimiento espiritual para poder enfrentar todas las circunstancias y situaciones que se nos presenten en nuestro diario vivir. Es necesario que seamos bautizados en el Espíritu Santo

Necesitamos la presencia, la vida y la llenura del Espíritu Santo, porque sin Dios nada podemos hacer conforme a la voluntad del Padre Celestial. Necesitamos la presencia de Dios en nosotros y con nosotros para cumplir con el llamado y los propósitos de Dios en nuestras vidas y también poder enfrentar todos los ataques del diablo; no debemos ignorar que el enemigo de Dios quiere destruir las vidas de todos aquellos que hemos aceptado al Señor Jesucristo como nuestro Salvador personal, quienes voluntariamente hemos decidido que el Reino de los cielos gobierne nuestros corazones por Jesucristo y su Palabra.

1 Corintios 12:13. (RVR1960). Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

Romanos 6:3-4. (RVR1960). ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

El Ministerio el Espíritu Santo nos muestra la gran realidad para todo creyente, ya que la regeneración y restauración solo puede ser posible solo por Él, por el nuevo nacimiento, por la vida del Espíritu en nosotros y a través de nosotros: eso es lo que produce un estilo de vida en el reino de los cielos. Es el mismo poder y autoridad del Espíritu Santo que operó en nuestro Señor Jesucristo, el que hoy en día actúa en los hijos de Dios, capacitándolos para predicar las buenas nuevas de salvación, para la sanidad de los enfermos, para ejercer con la autoridad divina la expulsión de demonios y la liberación de los cautivos, en otras palabras para cumplir con lo que se conoce como la gran comisión, para vivir la vida cristiana en el lugar dónde nos encontremos.

Es en su presencia que vamos a encontrar el poder para llevar una vida fructífera delante de Dios, es en dependencia a Dios que podemos encontrar la verdadera vida espiritual, es por el deseo de su buena voluntad que Dios coloca en nuestro ser, que seremos hacedores de los planes Dios en estos tiempos, es en su presencia en el lugar secreto que lo vamos a encontrar, es bebiendo de la fuente de vida eterna, es en lo íntimo de nuestro ser, de nuestro corazón que podemos recibir esa unción y poder del Espíritu Santo para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios.

El poder del Espíritu Santo nos da la energía que proviene de Dios e involucra valor, entrega, confianza, conocimiento, habilidad y autoridad. Nosotros como discípulos, necesitamos de todo esto para cumplir con su misión, necesitamos ser llenos del Señor el Espíritu Santo. Necesitamos mostrar y decirle a otros lo que Dios ha hecho por nosotros, lo que es revelado en la Biblia para la humanidad.

Romanos 8. Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy (NBLH). No hay Condenación para los que Creen. Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te  ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.

Pues lo que la Ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la Ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz. La mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la Ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios.

Viviendo según el Espíritu. Sin embargo, ustedes no están en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en ustedes. Pero si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de El. Y si Cristo está en ustedes, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, sin embargo, el espíritu está vivo (es vida) a causa de la justicia. Pero si el Espíritu de Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de Su Espíritu que habita en ustedes.

Así que, hermanos, somos deudores, no a la carne, para vivir conforme a la carne. Porque si ustedes viven conforme a la carne, habrán de morir; pero si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne (del cuerpo), vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.

Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que han recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: “¡Abba, Padre!” El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con El a fin de que también seamos glorificados con El.

La Gloria Futura. Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada. Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de Aquél que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios.

Pues sabemos que la creación entera gime y sufre hasta ahora dolores de parto. Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza hemos sido salvados, pero la esperanza que se ve no es esperanza, pues, ¿por qué esperar lo que uno ve? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia (perseverancia) lo aguardamos.

Victoriosos en Cristo. De la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Y Aquél que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque El intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios.

Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito. Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, a ésos también llamó. A los que llamó, a ésos también justificó. A los que justificó, a ésos también glorificó. Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que Lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con El todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Tal como está escrito: 

“Por causa tuya somos puestos a muerte todo el día; somos considerados como ovejas para el matadero.” Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquél que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Bendiciones.

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