Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

domingo, 12 de marzo de 2017

Fijemos nuestra mirada en Jesús°


Hebreos 12:2. (DHH). Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona. Jesús soportó la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios.


Es nuestro deseo de que con el estudio del día de hoy sobre la epístola a los Hebreos podamos ser fortalecidos en nuestro hombre interior, para afirmarnos en las verdades del evangelio llegando a comprender cuál es nuestra verdadera posición en Jesucristo en los lugares celestiales y que de esa manera podamos accionar en fe en nuestro diario caminar por este mundo, que podamos alinear nuestra mente y corazón con el corazón de Dios.

Puestos los ojos, Strong #872; de «lejos de», y, «ver». La palabra significa atención no dividida, alejar la mirada de todas las distracciones, con el fin de contemplar un objeto, en Hebreos 12:2 es poner los ojos en Jesús y no en ningún otro.

“Y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.” El autor del libro de Hebreos confirmó el valor de la fe y la paciencia del cristiano en Hebreos 6:10-12. Siempre habrá trabajos duros, dificultades y necesidades grandes, y problemas que parecen sin solución, de toda índole en la iglesia. Hechos 14:21-23. A través los trabajos, dificultades, necesidades, y problemas en la iglesia vamos a acecarnos a Dios y Su voluntad. Santiago 1:2-4. Mantengamos la fe con toda paciencia, y vamos a dar la gloria a Dios en todo, y esperemos en Él por todo. Santiago 4:13-15. Vamos seguir constantes en oración. Santiago 5:16. “La oración del justo puede mucho.” Pidamos como la Biblia nos enseña. Santiago 4:2-4. Orar sin cesar. 

¿Qué situación está viviendo en estos momentos mi hermano y mi hermana? ¿Qué pensamientos pasan por su mente? ¿Qué decisiones está por tomar? ¿Está dependiendo del Espíritu Santo para ser guiado, pastoreado y ministrado? ¿Tiene en su corazón agradar a Dios en su manera de pensar, hablar y de vivir? ¿Es Dios el centro de su vida y su familia? ¿Ha entendido el deseo de Dios para su vida y su familia? ¿Ha entendido las verdades del evangelio? ¿Está buscando el reino de Dios y su justicia? ¿En su corazón está el deseo de amar a Dios por lo que él es y no por el temor de que su alma se pueda ir al infierno?

Hebreos 12:1-3. Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

Aunque la epístola a los Hebreos está dedicada específicamente a los judíos cristianos, sus enseñanzas y amonestaciones prácticas también eran aplicables a los creyentes gentiles. En Cristo no hay distinción entre judío y gentil.

Colosenses 3:11. Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.

Esta carta fue escrita a un grupo de judíos cristianos, probablemente alrededor del año 64 d.C. antes de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Esta epístola nos muestra el ministerio de nuestro Señor Jesucristo y su propósito en la tierra a favor de todo aquel que deposita su fe y su confianza en Dios y su Palabra Eterna. 

Estos cristianos, que habían pasado por la persecución, se estaban alejando de su fe y estaban cediendo a la tentación de volver al judaísmo. El autor escribe esta carta para señalar la superioridad del cristianismo y animarles en la fe. Como hijos de Dios debemos perseverar en los caminos del Señor y no volver atrás. Cada creyente sabe de dónde ha sido rescatado, es por eso que en medio de las circunstancias se debe poner en acción la fe en la Palabra de Dios y continuar caminando en obediencia a los planes y propósitos de Dios dependiendo en todo momento del Espíritu Santo.

Mateo13:16-23. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:

Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

Mateo 13:37-43. Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.

Enfáticamente el autor de la carta a los Hebreos señala que Cristo es superior a los profetas, los ángeles, Moisés, Josué, y Aarón. Dios había hablado a través de cada uno de ellos, ¡pero ahora Él ha hablado a través de Su Hijo! Después de Romanos, Hebreos ha ejercido la influencia más grande en el pensamiento de las generaciones sucesivas de cristianos.

La iglesia (Todo creyente que ha puesto su confianza y esperanza en Jesucristo y su obra redentora) necesita hoy en día las enseñanzas ofrecidas por las leyes y prescripciones del Antiguo Testamento, que Hebreos relaciona tan bellamente con Cristo y el evangelio de eterna salvación.

El cristianismo no es algo añadido al judaísmo, es la revelación de Dios a través del Señor Jesucristo por medio del Espíritu Santo. Mateo 5:17-18. No penséis que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla.

Esta verdad es algo nuevo para la humanidad; sin embargo, un conocimiento profundo del Antiguo Testamento, proporciona una apreciación más rica y maravillosa del nuevo pacto de la gracia de Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Aunque la epístola es fundamentalmente doctrinal en su contenido, también es extremadamente práctica para cada creyente sin importar la época o el contexto en el que se mueva.

La Epístola a los Hebreos describe en detalle cómo Jesucristo no solo cumple las promesas y las profecías del Antiguo Testamento, sino también cómo Jesucristo es mejor que todo el sistema de pensamiento judío. Los judíos aceptaron el Antiguo Testamento, pero muchos de ellos rechazaron a Jesús como el Mesías por tanto tiempo anhelado. Los destinatarios de esta carta dan la impresión de haber sido judíos cristianos. Tenían un buen conocimiento de las Escrituras y habían profesado su fe en Cristo. Ya sea debido a la duda, a la persecución o a la falsa enseñanza, pudieron haber estado en peligro de abandonar su fe cristiana y regresar al judaísmo.

El énfasis en el sacerdocio Levítico y en los sacrificios, como también en la ausencia de cualquier referencia a los gentiles, apoyan la conclusión de que una comunidad de hebreos era la destinataria de la epístola. Aunque estos hebreos eran primordialmente convertidos a Cristo, probablemente había un número de incrédulos en medio de ellos, quienes fueron atraídos por el mensaje de salvación, pero quienes aún no habían hecho un compromiso total de fe en Cristo. Una cosa es clara a partir del contenido de la epístola: la comunidad de Hebreos estaba enfrentando la posibilidad de una persecución intensificada (10:32-39;12:4).

Conforme confrontaban esta posibilidad, los hebreos estaban siendo tentados a deshacerse de cualquier identificación con Cristo. Quizás consideraron reducir a Cristo de ser el Hijo de Dios a un mero ángel. Tal precedente ya había sido establecido por la comunidad Qumrán de judíos mesiánicos viviendo cerca del Mar Muerto. Ellos se habían dado de baja de la sociedad, estableciendo una comuna religiosa, e incluyeron la adoración de ángeles en su rama de judaísmo reformado. La comunidad Qumrán había llegado al punto de decir que el ángel Miguel era más alto en estatus que el Mesías venidero. Este tipo de aberraciones doctrinales podrían explicar el énfasis en hebreos capítulo uno de la superioridad de Cristo sobre ángeles.

Nuestro Señor Jesucristo atravesó muchas pruebas mientras estaba en la tierra. ¿Qué le ayudó a lograr la victoria? El gozo puesto delante de Él. (v.2). Esta era su meta: el gozo de presentar su Iglesia ante el Padre en el cielo un día (Judas 24). Nótese también Juan 15.11; 16.20–24 y 17.13. Su batalla contra el pecado le llevó a la cruz y le costó la vida. ¡Considerad a aquel! ¡Mire a Jesús! Estas palabras son el secreto del aliento y la fuerza cuando la carrera se pone difícil. Necesitamos apartar los ojos de nosotros mismos, de otras personas, de las circunstancias y ponerlos en Cristo solamente.

La obediencia perseverante por fe en Cristo era la carrera puesta ante los hebreos en la cual debían ganar la corona de gloria o tener la miseria eterna como su porción.

Por el pecado que tan fácilmente nos asedia, entendamos que el pecado es a lo que más nos inclinamos, a lo cual estamos más expuestos, por costumbre, edad o circunstancias. Esta es una exhortación de suma importancia, porque mientras permanezca sin ser subyugado el pecado favorito, sea cual sea, de un hombre o una mujer, le impedirá correr la carrera cristiana, porque le quita toda motivación para correr y da entrada al desaliento más completo.

Cuando estén agotados y débiles en sus mentes, recuerden que el Señor Jesucristo sufrió para salvarlos de la desgracia eterna. Mirando fijamente a Jesús, sus pensamientos se fortalecerán y subyugarán los deseos carnales; entonces, pensemos frecuentemente en Él. ¿Qué son nuestras pequeñas pruebas comparadas con sus agonías o siquiera con nuestras desolaciones? ¿Qué son en comparación con los sufrimientos de tantos otros? Hay en los creyentes una inclinación a agotarse y debilitarse cuando son sometidos a pruebas y aflicciones; esto es por la imperfección de sus virtudes y los vestigios de la corrupción.

Los cristianos no deben desmayar bajo sus pruebas. Aunque sus enemigos y perseguidores sean instrumentos para infligir sufrimientos, son de todos modos, disciplina divina; su Padre celestial tiene su mano en todo y su fin sabio es responder por todo. No deben tomar con liviandad sus aflicciones ni entristecerse bajo ellas, porque son la mano y la vara de Dios, su reprimenda por el pecado. No deben deprimirse ni hundirse bajo las pruebas, afanarse ni irritarse, sino soportar con fe y paciencia. Dios puede dejar solos a los demás en sus pecados, pero corregirá el pecado en sus propios hijos. Actúa en esto como corresponde a un padre.

Nuestros padres terrenales nos castigan a veces para satisfacer sus propias pasiones más que para reformar nuestros modales. Pero el Padre de nuestras almas nunca quiere apenar ni afligir a sus hijos. Siempre es para nuestro provecho. Toda nuestra vida aquí es un estado infantil e imperfecto en cuanto a las cosas espirituales; por tanto, debemos someternos a la disciplina de tal estado. Cuando lleguemos al estado perfecto estaremos plenamente reconciliados con todas las disciplinas presentes de Dios para con nosotros.

La corrección de Dios no es condenación; el castigo puede ser soportado con paciencia y fomenta grandemente la santidad. Entonces, aprendamos a considerar las aflicciones que nos acarrea la maldad de los hombres como correcciones enviadas por nuestro bondadoso y santo Padre para nuestro bien espiritual.

Estos cristianos se habían olvidado de las verdades básicas de la Palabra (5:12); y el versículo 5 nos dice que hasta habían olvidado lo que Dios dice respecto a la disciplina. El escritor citó Proverbios 3:11ss y les recordó que el sufrimiento en la vida del cristiano no es un castigo, sino disciplina. La palabra «disciplina» significa literalmente la «disciplina de criar o educar a un niño». Eran bebés espirituales; una manera en que Dios los hacía madurar era permitir que atravesaran pruebas.

El castigo es obra de un juez; la disciplina es la obra de un padre.

El castigo se aplica para confirmar la ley; la disciplina se aplica como prueba de amor, para el bien del niño. Demasiado a menudo nos rebelamos contra la mano amorosa de Dios que aplica la disciplina; en lugar de eso debemos someternos y crecer. Satanás nos dice que nuestras pruebas son evidencia de que Dios no nos ama; ¡pero la Palabra de Dios nos dice que los sufrimientos son la mejor prueba de que Él en realidad nos ama!

Cuando el sufrimiento viene sobre los creyentes, estos pueden responder de diferentes maneras. Pueden resistir las circunstancias y luchar contra la voluntad de Dios, amargarse en lugar de mejorarse. ¿Por qué tiene que ocurrirme esto a mí? ¡A Dios ya no le interesa! ¡De nada sirve ser cristiano! Esta actitud no producirá sino tristeza y amargura del alma. El escritor argumenta: «Tuvimos padres terrenales que nos disciplinaban, y los respetábamos. ¿No deberíamos, entonces, respetar a nuestro Padre celestial que nos ama y desea hacernos madurar? Después de todo, la mejor prueba de que somos hijos de Dios, y no hijos ilegítimos, es que Dios nos disciplina. Lo que el versículo 9 sugiere es que si no nos sometemos a Dios, podemos morir.

El cristiano puede también darse por vencido y dejarse derrotar. Esta es una actitud incorrecta (vs. 3,12,13). La disciplina de Dios tiene el propósito de ayudarnos a crecer, no a destrozarnos. La actitud correcta es que soportemos por fe (v.7), permitiendo que Dios realice su perfecto plan.

Punto fundamental es “Puestos los ojos en Jesús.” Cristo es nuestra vida. Colosenses 3:4. Cristo vive en nosotros, y vivimos en la fe de Cristo. Gálatas 2:20Enseñamos a Jesús. Mateo 28:18-20. Permanezcamos en la palabra de Jesús. Juan 8:31-31. Y permanezcamos hasta el fin para ser salvos. Mateo 10:22; 24:13. “Despojémonos de todo peso.” Mateo 13:22. “El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 

Despojémonos del pecado que nos asedia.

Dejar el pecado es una decisión que muestra que escogimos a Dios, Su palabra y Su voluntad en lugar de nuestra. Santiago 1:21-25. Es cosa en que la Biblia enseña que se ocupa cada cristiano y cristiana en todas las naciones. Filipenses 2:13. 2 Corintios 13:5. Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? Nuestra meta es ser libre de nuestros pecados y tener dominio propio de todo nuestro ser y nuestro diario vivir. Mateo 5:48; Efesios 4:12. Pero para nuestros pecados tenemos remedio. 1 Juan 1:5-10.

La fe acepta las verdades bíblicas sobre la vida de Jesús y lo que Él ha realizado por nosotros. También nos acerca a Dios y hace que nos aferremos al Señor con tenacidad. El creyente acepta los beneficios del sacrificio de Jesús y entra con confianza en la presencia de Dios. La fe cree implícitamente en la Biblia, la considera la expresión viva de Dios y así se somete a su juicio. Por último, la fe es querer sufrir junto con Cristo, sabiendo que se recibirá la mejor recompensa por la eternidad.

Reconoce que Jesús ha destruido el temor a la muerte venciendo al diablo. Mantén constantemente el valor y la esperanza que están implícitos en tu confesión de fe por la Palabra Viva y Eterna de Dios. Permite a la Palabra de Dios juzgar las intenciones y pensamientos de tu corazón. Sé tenaz al aferrarte a las promesas de Dios. Busca activamente a Dios, estudia su Palabra, y edifica tu fe. Acércate confiadamente a Dios cuando estés en necesidad. Cree que Él comprende tus sufrimientos. ¡Mantén la esperanza! Desarrolla el sentido de que un gran futuro te espera. 

Debes tener muy presente que seguir a Cristo provoca reproches de las personas que te rodean, pero no temas al ridículo, al rechazo y al desprecio humanos, por que lo más hermoso sobre la tierra es tener la gracia y la bondad de la presencia de Dios sobre nuestras vidas, Jesucristo nuestro Señor, ya ha vencido al mundo por nosotros y nos ha dado la victoria. Bendiciones.

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