Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

Las obras de la carne°


Romanos 8:5. Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy (NBLH). Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu.

La Biblia emplea a menudo la palabra “carne” para referirse al hombre en su estado imperfecto, ‘concebido en pecado’ por ser prole del rebelde Adán. Pero el pecado fue vencido por Cristo, quien, tomando este "cuerpo de carne" (Colosenses 1:22), fue hecho pecado (2 Corintios 5:21); venido en carne de condición pecadora, condenó el pecado en la carne misma (Romanos 8:3). Desde ahora el cristiano ha crucificado la carne en Cristo (Gálatas 5:24); la lucha que sostiene no tiene un desenlace fatal, sino que es una victoria asegurada, en la medida en que el creyente, recobrando su condición auténtica de criatura, no confía en la carne, en su debilidad, sino en la fuerza de la muerte del Salvador, fuente del Espíritu de vida.

Gálatas 5:19-21. Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy (NBLH). Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales les advierto, como ya se lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

La carne es la parte terrenal del hombre y tiene sus “concupiscencias” y sus “deseos” (Efesios 2:3). Hay quienes  “piensan en las cosas de la carne” (Romanos 8:5) y ocuparse de la carne “es muerte” (Romanos 8:6). Lo anterior es lo que se le llama “enemistad contra Dios” (Romanos 8:7). El hombre cuyo horizonte está limitado por la carne se opone, por eso mismo, a Dios y vive “conforme a la carne” (Romanos 8:13), esa carne que “codicia contra el Espíritu” (Gálatas 5:17) En este sentido, la carne denota la personalidad total del hombre organizada en la dirección equivocada, y dirigida a asuntos puramente terrenales en lugar del servicio para Dios.

Es la posesión de la naturaleza de la carne, sensual, controlado por los apetitos animales, gobernados por la naturaleza humana, y no por el Espíritu de Dios (1 Corintios 3:3) teniendo su asiento en la naturaleza animal, o siendo excitado por ella (1 Pedro 2:11). La carne aparece como el residuo del peca-do, que la ley contribuyó a multiplicar. La posibilidad de vivir según la carne es en nosotros la huella del pecado.

El dominio de la carne. La carne, tomada como norma de la existencia, dicta al hombre su conducta. Adquiere una real autonomía, recibiendo la herencia del poder del pecado, con sus prerrogativas, sus deseos; reduce a su esclavitud a los que obedecen a la "ley del pecado" (Romanos 7:25). Con insolencia (Colosenses 2:23) manifiesta entonces sus deseos (Romanos 8:5), sus apetencias (Romanos 13,14; Gálatas 3:3; 5,13.16s), produce obras malas (Gálatas 5:19). Tal es la existencia según la carne (Romanos 7,5), hasta tal punto que el entendimiento mismo se hace carnal (Colosenses 2:18; 1 Corintios 3:3). Y el cuerpo, regido por la carne se llama "el cuerpo de la carne" (Colosenses 2:11), se identifica con el "cuerpo del pecado" (Romanos 6:6) y es en verdad modelado por la "carne de pecado" (Romanos 8:3).

Gracias a la provisión del sacrificio de Cristo, habrá un día en que toda carne que ejerza fe llegará a ser perfecta, y entonces la humanidad carnal obedecerá a la perfección las leyes justas de Dios. (Apocalipsis 21:4)

Hay una batalla espiritual constante que sigue en la vida de un creyente. Las obras de la carne están intentando destruir el fruto del Espíritu Santo que ha sido sembrado en el momento que la persona acepta en su corazón la vida y el señorío de Jesucristo el Hijo de Dios. Lo que la carne desea del hombre natural es contrario a la naturaleza del Espíritu Santo.

Porque la carne desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu lo que es contrario a la carne. Ambos se oponen mutuamente, para que no hagáis lo que quisierais (Gálatas 5:17 RV1960).

Aunque los resultados de estos pecados son visibles en las acciones malas, la causa no es visible. La causa son los deseos pecadores o las lujurias del corazón se nos revelan en la lista de Gálatas 5:19-21. Estos son un grupo de pecados llamados “obras de la carne” que contrastan el fruto del Espíritu. Veamos un poco más en detalle estos pecados.

ADULTERIO.

El adulterio es la relación sexual por una persona casada con alguien que no es su esposo. Uno de los primeros diez mandamientos de Dios era: “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14).

En los tiempos del Antiguo Testamento cuando una persona cometía el adulterio ella era llevada a la muerte: “Si un hombre comete adulterio con una mujer casada, si comete adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera morirán irremisiblemente” (Levítico 20:10).

Jesús y Pablo repitieron la advertencia contra el adulterio en el Nuevo Testamento: “Tú conoces los mandamientos: No cometas homicidio, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre” (Marcos 10:19). “Porque los mandamientos–no cometerás adulterio, no cometerás homicidio, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento– se resumen en esta sentencia: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Romanos 13:9).

Jesús extendió el significado del adulterio al incluir los deseos sexuales malos del corazón: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” (Mateo 5:27-28).

El adulterio también incluye divorciarse de un compañero y volver a casarse sin una causa bíblica: “Pero yo os digo que todo aquel que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de adulterio, hace que ella cometa adulterio. Y el que se casa con la mujer divorciada comete adulterio” (Mateo 5:32). “Y si la mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio” (Marcos 10:12).

Cuando una persona comete el adulterio ella está pecando contra su propia alma: “Así también el que comete adulterio con una mujer es falto de entendimiento; el que hace tal cosa se destruye a sí mismo” (Proverbios 6:32).

Dios juzga aquellos que cometen el adulterio: “Honroso es para todos el matrimonio, y pura la relación conyugal; pero Dios juzgará a los fornicarios y a los adúlteros” (Hebreos 13:4).

Aquellos que cometen el adulterio no heredan el Reino de Dios: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales” (1 Corintios 6:9).

Una de las características porque usted puede reconocer a los maestros falsos es por el pecado de adulterio: “Pero hubo falsos profetas entre el pueblo, como también entre vosotros habrá falsos maestros que introducirán encubiertamente herejías destructivas, llegando aun hasta negar al soberano Señor que los compró, acarreando sobre sí mismos una súbita destrucción…. Tienen los ojos llenos de adulterio y son insaciables para el pecado. Seducen a las almas inconstantes. Tienen el corazón ejercitado para la avaricia. Son hijos de maldición” (2 Pedro 2:1,14).

La Biblia advierte: “Porque por una prostituta el hombre es reducido a un bocado de pan, y la mujer ajena caza una vida valiosa” (Proverbios 6:26).

FORNICACIÓN.

La fornicación es la comunicación sexual por dos personas que no se casaron. Este pecado incluye adulterio que es la relación sexual de una persona casada con alguien que no es su compañero. La fornicación también incluye la comunicación sexual entre las personas que no están casadas. Incluye la desviación sexual como la homosexualidad (con alguien del mismo sexo, entre hombres o entre mujeres) e incesto. La fornicación puede ser una razón bíblicamente permitida para el divorcio.

Fornicarios no heredarán el Reino de Dios: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10).

La Biblia nos dice que nos abstengamos, que nos apartemos de la fornicación: “Porque ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación: que os apartéis de inmoralidad sexual” (1 Tesalonicenses 4:3). “Pero a causa de la inmoralidad sexual, cada hombre tenga su esposa, y cada mujer tenga su esposo” (1 Corintios 7:2). “Ni practiquemos la inmoralidad sexual, como algunos de ellos la practicaron y en un sólo día cayeron 23.000 personas” (1 Corintios 10:8).

El cuerpo no es para la fornicación porque pertenece al Señor. Por esta razón, usted debe huir de la fornicación: “La comida es para el estómago, y el estómago para la comida, pero Dios destruirá tanto al uno como a la otra. El cuerpo no es para la inmoralidad sexual, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo… Huid de la inmoralidad sexual. Cualquier otro pecado que el hombre cometa está fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que mora en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Pues habéis sido comprados por precio. Por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo” (1 Corintios 6:13,18-20).

Es su responsabilidad mortificar la fornicación: “Por lo tanto, haced morir lo terrenal en vuestros miembros: fornicación, impureza, bajas pasiones, malos deseos y la avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).

La fornicación ni siquiera debe ser nombrada entre los creyentes: “Pero la inmoralidad sexual y toda impureza o avaricia no se nombren más entre vosotros, como corresponde a santos” (Efesios 5:3).

Si una persona continúa en la fornicación, él se entregará finalmente a ella totalmente. Según Romanos 1, incluso puede llevar a la homosexualidad. En el futuro, su conciencia ya no se molestará por eso: “Por esta causa, Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por relaciones contra naturaleza… Se han llenado de toda injusticia, maldad, avaricia y perversidad. Están repletos de envidia, homicidios, contiendas, engaños, mala intención” (Romanos 1:26,29).

IMPUREZA.

Impureza es el contrario de estar limpio. En este pasaje sobre las obras de la carne, la palabra “impureza” significa estar o ser espiritualmente o moralmente sucio. Dios no quiere que Su pueblo esté sucio: “Y andad en amor, como Cristo también nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio en olor fragante a Dios” (Efesios 5:2). “Porque Dios no nos ha llamado a la impureza, sino a la santificación” (1 Tesalonicenses 4:7).

Es su responsabilidad mortificar la impureza y disciplinarse para vivir una vida santa: “Por lo tanto, haced morir lo terrenal en vuestros miembros: fornicación, impureza, bajas pasiones, malos deseos y la avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).

“Así que, amados, ya que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda impureza de cuerpo y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1).

“Que cada uno de vosotros sepa controlar su propio cuerpo en santificación y honor” (1 Tesalonicenses 4:4).

Si usted no mortifica la impureza entonces usted se rendirá a ella: “Os hablo en términos humanos, a causa de la debilidad de vuestra carne. Porque así como presentasteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad cada vez mayor, así presentad ahora vuestros miembros como esclavos a la justicia para la santidad” (Romanos 6:19).

Si usted continúa rindiéndose a la impureza usted eventualmente se entregará a él: “Una vez perdida toda sensibilidad, se entregaron a la sensualidad para cometer ávidamente toda clase de impurezas. Pero vosotros no habéis aprendido así a Cristo” (Efesios 4:19-20).

Si usted continúa viviendo en la impureza espiritual (pecado), Dios lo entregará a ella: “Por tanto, Dios los entregó a la impureza, en las pasiones de sus corazones, para deshonrar sus cuerpos entre sí” (Romanos 1:24).

Cuando un hombre es entregue por Dios a algo, su conciencia deja de funcionar y él queda totalmente controlado por eso. Él perecerá en su pecado a menos que él se arrepienta: “Y especialmente a aquellos que andan tras las pervertidas pasiones de la carne, y desprecian toda autoridad! Estos atrevidos y arrogantes no temen maldecir a las potestades superiores… Pero éstos, maldiciendo lo que no entienden, como animales irracionales que por naturaleza han sido creados para presa y destrucción, también perecerán en su perdición” (2 Pedro 2:10,12).

Usted notará que cuando se reúnen estos versículos sobre la impureza, un padrón surge. Usted tiene el poder para mortificar o rendirse al pecado. Si usted mortifica la impureza, usted será llevado a la santidad en su vida. Si usted se rinde a ella, usted eventualmente se entregará a ella. Finalmente, Dios lo entregará a ella y usted perecerá en su propia corrupción:

LASCIVIA.

La lascivia o sensualidad es el pecado de lujuria, emociones pecadoras, y libidinosidad. Es la conducta desenfrenada y desvergonzada. La lascivia es una de las características por las que usted puede reconocer a los maestros falsos: “Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los cuales desde antiguo habían sido destinados para esta condenación. Ellos son hombres impíos, que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje y niegan al único Soberano y Señor nuestro, Jesucristo” (Judas 4).

En los tiempos pasados usted puede haber sido lascivo. Como un creyente, usted no es más eso para continuar en esta conducta: “Para vivir el tiempo que le queda en la carne, no en las pasiones de los hombres, sino en la voluntad de Dios. Porque ya es suficiente el haber hecho en el tiempo pasado los deseos de los gentiles, habiendo andado en sensualidad, en bajas pasiones, en borracheras, en orgías, en banqueteos y en abominables idolatrías” (1 Pedro 4:2-3).

La Biblia enseña que si usted continúa siendo lascivo, usted eventualmente se entregará a ella sin conciencia de pecado: “Una vez perdida toda sensibilidad, se entregaron a la sensualidad para cometer ávidamente toda clase de impurezas” (Efesios 4:19).

IDOLATRÍA.

La idolatría es la adoración de los ídolos. Esto no significa simplemente la adoración de imágenes de piedra, madera, o de metales preciosos. Un ídolo es algo que es más importante para usted que Dios. Los idólatras son aquellos que practican la idolatría y la adoran algo que no es el verdadero Dios. La idolatría es la falta de reconocimiento de la posición justa de Dios en su vida.

Uno de los primeros mandamientos dado por Dios involucró la idolatría: “No recurráis a los ídolos, ni os hagáis dioses de fundición. Yo, Jehová, vuestro Dios” (Levítico 19:4). “No os haréis ídolos, ni imágenes, ni os levantaréis piedras rituales, ni pondréis en vuestra tierra piedras esculpidas para postraros ante ellas; porque yo soy Jehová, vuestro Dios” (Levítico 26:1).

Se llaman los dioses de las naciones paganas de ídolos: “Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos, pero Jehová hizo los cielos” (Salmos 96:5). Usted se confundirá y se avergonzará, si usted sirve a los ídolos: “Avergüéncense todos los que sirven a imágenes de talla, los que se glorían en los ídolos. Todos los dioses póstrense ante él!” (Salmos 97:7).

Los ídolos del pagano son la obra de hombres. Ellos no tienen ningún poder o verdadera importancia espiritual: “Los ídolos de las naciones son de plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, pero no ven; tienen orejas, pero no oyen; tampoco hay aliento en sus bocas. Como ellos, son los que los hacen y todos los que en ellos confían” (Salmos 135:15-18) (Salmos 115:4-8). Un Cristiano no puede rendir culto a los ídolos: “¿Qué acuerdo puede haber entre un templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6:16). Ni usted mismo puede subsistir en la compañía de los idólatras: “Pero ahora os escribo que no os asociéis con ninguno que, llamándose hermano, sea fornicario, avaro, idólatra, calumniador, borracho o estafador. Con tal persona ni aun comáis” (1 Corintios 5:11).

Usted es advertido a mantenerse alejado de los ídolos: “Hijitos, guardaos de los ídolos” (1 Juan 5:21). Los idólatras no serán parte del Reino de Dios: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10).

La Biblia revela el destino de idólatras: “Pero, para los cobardes e incrédulos, para los abominables y homicidas, para los fornicarios y hechiceros, para los idólatras y todos los mentirosos, su herencia será el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:8). “Pero afuera quedarán los perros, los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras y todo el que ama y practica la mentira” (Apocalipsis 22:15).

La Biblia llama la codicia de una forma de idolatría. Codicia es querer algo con un intenso y malo deseo. Usted debe mortificar y destruir la codicia: “Por lo tanto, haced morir lo terrenal en vuestros miembros: fornicación, impureza, bajas pasiones, malos deseos y la avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5). Usted puede haber sido un idólatra en los tiempos pasado, pero los creyentes no deben más continuar con esta práctica: “Para vivir el tiempo que le queda en la carne, no en las pasiones de los hombres, sino en la voluntad de Dios. Porque ya es suficiente el haber hecho en el tiempo pasado los deseos de los gentiles, habiendo andado en sensualidad, en bajas pasiones, en borracheras, en orgías, en banqueteos y en abominables idolatrías” (1 Pedro 4:2-3).

“Pues ellos mismos cuentan de nosotros la buena recepción que tuvimos por parte de vosotros, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Tesalonicenses 1:9).

HECHICERÍA

La hechicería es la práctica de los hechiceros que incluyen la magia blanca y negra, la brujería, la astrología, el uso de pociones, hechizos, encantamientos, y drogas. Incluye todas las prácticas y cultos satánicos. El significado de brujería puede extenderse para incluir cualquiera controle y manipulación de otros. Aunque usted no esté envuelto en la brujería satánica, usted puede ser culpable de “brujería” como un pecado de la carne si usted intenta manipular, controlar, u orar contra otros.

La brujería es la rebelión espiritual contra Dios. Dios dice que el pecado de rebelión es tan mal como la brujería: “Porque la rebeldía es como el pecado de adivinación, y la obstinación es como la iniquidad de la idolatría…” (1 Samuel 15.23).

ENEMISTADES

El odio o enemistad es el contrario de amor. Es una emoción de intensa aversión. Es los sentimientos malos hacia otros. La Biblia dice que los movimientos de odio a la disputa: “El odio despierta contiendas, pero el amor cubre todas las faltas” (Proverbios 10:12). Es mejor estar donde el amor estar que con aquellos que están llenos con el odio: “Mejor es una comida de verduras donde hay amor que de buey engordado donde hay odio” (Proverbios 15:17).

El odio cubierto por el engaño será revelado por Dios: “Aunque con engaño encubra su odio, su maldad será descubierta en la congregación” (Proverbios 26:26). El engaño aquí significa dar la apariencia de gustar de alguien cuando en la realidad usted lo odia.

PLEITOS

Pleitos son discordancias, desarmonías, y disensiones. Es similar a la disputa. Esta palabra se usa sólo en un otro lugar en la Biblia; cuando Jesús habla de “pleitos” en la familia como una señal de los últimos días (Mateo 10:35).

CELOS

Celos es el deseo para copiar otros e igualar o aventajarlos. Es un espíritu de rivalidad y una forma de emulación. Este pasaje en Gálatas es la única referencia en la Biblia dónde la palabra se usa de esta manera.

IRA

La ira es enojo violento, un acto encolerizado, rabia. La Biblia dice que la ira es cruel: “Que te alabe el extraño, y no tu propia boca; el ajeno, y no tus propios labios” (Proverbios 27:4). Un hombre de gran ira sufrirá debido a ella: “El de gran ira llevará el castigo; si lo libras, tendrás que hacerlo de nuevo” (Proverbios 19:19).

Los hombres sabios aplacan la ira: “Los burladores agitan la ciudad, pero los sabios aplacan la ira” (Proverbios 29:8). Cuando usted era un incrédulo usted era un hijo de ira: “En otro tiempo todos nosotros vivimos entre ellos en las pasiones de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de la mente; y por naturaleza éramos hijos de ira, como los demás” (Efesios 2:3).

Ahora la ira no debe operar en su vida: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos y calumnia, junto con toda maldad” (Efesios 4:31). Usted debe aplazar la ira: “Pero ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia y palabras groseras de vuestra boca” (Colosenses 3:8).

Usted debe dejar la ira: “Deja la ira y abandona el enojo; de ninguna manera te apasiones por hacer lo malo” (Salmos 37:8). Usted debe ser lento a la ira: “Sabed, mis amados hermanos: Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y lento para la ira” (Santiago 1:19,20). “El que tarda en airarse tiene mucho entendimiento, pero el de espíritu apresurado hace resaltar la insensatez” (Proverbios 14:29).

Hay una relación entre la ira y la prójima obra de la carne que usted estudiará qué es la contienda. La Biblia describe esta relación: “El hombre iracundo suscita contiendas, pero el que tarda en airarse calma la riña” (Proverbios 15:18). “… el que provoca la ira causará contienda” (Proverbios 30:33).

CONTIENDAS

Contender es riña, lucha, o conflicto. Significa un choque o disputa. Además de la ira que causa la disputa, el odio lo causa también: “El odio despierta contiendas, pero el amor cubre todas las faltas” (Proverbios 10:12). Los hombres también causan contiendas: “El hombre perverso provoca la contienda, y el chismoso aparta los mejores amigos” (Proverbios 16:28).

El orgullo causa la contienda: “El de ánimo altivo suscita contiendas, pero el que confía en Jehová prosperará” (Proverbios 28:25). Los hombres enfadados causan la contienda: “El hombre iracundo suscita contiendas, y el furioso comete muchas transgresiones” (Proverbios 29:22). Los hombres despreciativos causan las contiendas: “Echa fuera al burlador, y se evitará la contienda; también cesarán el pleito y la afrenta” (Proverbios 22:10). Ser despreciativo es mofarse o mostrar desprecio por algo o alguien.

Las personas que se entrometen, son argumentativas, y hablan sobre otros causan contienda: “Corrige a tu hijo, y te dará reposo; él dará satisfacciones a tu alma… ¿Has visto a un hombre apresurado en sus palabras? Más esperanza hay del necio que de él. El que mima a su siervo desde la niñez, a la postre, éste será su heredero” (Proverbios 26:17,20-21). Cuestiones estúpidas causan contiendas: “Pero evita las discusiones necias e ignorantes, sabiendo que engendran contiendas” (2 Timoteo 2:23).

La contienda es un trabajo carnal de la carne: “Porque todavía sois carnales. Pues en tanto que hay celos y contiendas entre vosotros, ¿no es cierto que sois carnales y andáis como humanos?” (1 Corintios 3:3). Donde envidia y contienda está, habrá confusión: “Pero si en vuestros corazones tenéis amargos celos y contiendas, no os jactéis ni mintáis contra la verdad… Porque donde hay celos y contiendas, allí hay desorden y toda práctica perversa” (Santiago 3:14,16). La Biblia dice que nada debe hacerse a través de la contienda: “No hagáis nada por rivalidad ni por vanagloria, sino estimad humildemente a los demás como superiores a vosotros mismos” (Proverbios 2:3).

Contienda es una de las características de los maestros falsos: “Se ha llenado de orgullo y no sabe nada. Más bien, delira acerca de controversias y contiendas de palabras, de las cuales vienen envidia, discordia, calumnias, sospechas perversas, y necias rencillas entre hombres de mente corrompida y privados de la verdad, que tienen la piedad como fuente de ganancia” (1 Timoteo 6:4-5).

DISENSIONES

La disensión es el avivar de la inquietud o discordia. Este pasaje sobre las obras de la carne es uno de pocos dónde este término se usa en la Biblia.

PARTIDISMOS O HEREJÍAS

Las herejías son creencias contrarias a la Palabra de Dios. Ellas son opiniones de hombres que están en el error y lleva a la división en la iglesia. Las herejías son características de los profetas falsos: “Pero hubo falsos profetas entre el pueblo, como también entre vosotros habrá falsos maestros que introducirán encubiertamente herejías destructivas, llegando aun hasta negar al soberano Señor que los compró, acarreando sobre sí mismos una súbita destrucción” (2 Pedro 2:1).

ENVIDIA

La envidia es celos excitado por el éxito de otros. Es el resentimiento del espiritual, de las bendiciones financieras, o materiales de otros. Es anhelo y deseo equivocado. La envidia es una de las características de los maestros falsos: “Se ha llenado de orgullo y no sabe nada. Más bien, delira acerca de controversias y contiendas de palabras, de las cuales vienen envidia, discordia, calumnias, sospechas perversas” (1 Timoteo 6:4). La envidia viene del espíritu del hombre: “Gente adúltera! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, cualquiera que quiere ser amigo del mundo se constituye enemigo de Dios’ (Santiago 4:4). La envidia es una señal de ser un cristiano carnal: “Porque todavía sois carnales. Pues en tanto que hay celos y contiendas entre vosotros, ¿no es cierto que sois carnales y andáis como humanos?” (1 Corintios 3:3).

Aquellos que viven en el pecado están llenos con la envidia: “Se han llenado de toda injusticia, maldad, avaricia y perversidad. Están repletos de envidia, homicidios, contiendas, engaños, mala intención” (Romanos 1:29). “Porque en otro tiempo nosotros también éramos insensatos, desobedientes, extraviados. Estábamos esclavizados por diversas pasiones y placeres, viviendo en malicia y en envidia. Éramos aborrecibles, odiándonos unos a otros” (Tito 3:3).

Donde hay envidia, otros problemas se levantan: “Pero si en vuestros corazones tenéis amargos celos y contiendas, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Porque donde hay celos y contiendas, allí hay desorden y toda práctica perversa” (Santiago 3:14,16). Nosotros somos advertidos para no envidiar a los pecadores: “No tenga tu corazón envidia de los pecadores. Más bien, en todo tiempo permanece tú en el temor de Jehová” (Proverbios 23:17).

ASESINATO

Asesinar es tomar la vida de otro con malicia voluntariosa y premeditación. El asesinato no es igual que autodefensa o matar accidentalmente. El asesinato no es igual que imponer la pena capital sobre una persona que ha matado a alguien. Éste era un juicio establecido por Dios en Números 35. Uno de los primeros mandamientos dado por Dios fue “No matarás”. Jesús dijo: “Le dijo: –¿Cuáles? Jesús respondió: –No cometerás homicidio, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimonio” (Mateo 19:18). Usted no debe ser culpable de asesinato: “Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entrometerse en asuntos ajenos” (1 Pedro 4:15). El Nuevo Testamento extiende el significado de asesinato para incluir el odio. Si usted odia a otros creyentes eso es como ser un asesino: “Todo aquel que odia a su hermano es homicida, y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciendo en él” (1 Juan 3:15).

EMBRIAGUEZ

La embriaguez es una condición de tener las facultades físicas y mentales afectadas por el beber excesivo. Es intoxicación química causada por bebidas fuertes. La Biblia advierte que el bebedor será pobre: “Porque el bebedor y el comilón empobrecerán, y el dormitar hará vestir harapos” (Proverbios 23:21). Usted no debe vivir un estilo de vida ebrio: “Andemos decentemente, como de día; no con glotonerías y borracheras, ni en pecados sexuales y desenfrenos, ni en peleas y envidia” (Romanos 13:13). Usted ni siquiera debe tener la compañía de aquellos que son borrachos: “Pero ahora os escribo que no os asociéis con ninguno que, llamándose hermano, sea fornicario, avaro, idólatra, calumniador, borracho o estafador. Con tal persona ni aun comáis” (1 Corintios 5:11). La Biblia advierte que los borrachos no heredarán el Reino de Dios: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10).

Usted puede haber sido un borracho en los tiempos pasados, pero como un creyente usted no es más para hacer esto: “Para vivir el tiempo que le queda en la carne, no en las pasiones de los hombres, sino en la voluntad de Dios. Porque ya es suficiente el haber hecho en el tiempo pasado los deseos de los gentiles, habiendo andado en sensualidad, en bajas pasiones, en borracheras, en orgías, en banqueteos y en abominables idolatrías” (1 Pedro 4:2-3).

La Biblia contrasta el beber vino y con el estar lleno con el Espíritu: “Y no os embriaguéis con vino, pues en esto hay desenfreno. Más bien, sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18).

ORGÍAS

Orgía es realizar y deleitarse en los placeres mundanos, participar en festividades o fiestas mundanas, bulliciosas. Es vivir imprudente y salvaje. Usted puede haber sido un juerguista en os tiempos pasados, pero como un creyente usted no debe más comportarse de esta manera: “Para vivir el tiempo que le queda en la carne, no en las pasiones de los hombres, sino en la voluntad de Dios. Porque ya es suficiente el haber hecho en el tiempo pasado los deseos de los gentiles, habiendo andado en sensualidad, en bajas pasiones, en borracheras, en orgías, en banqueteos y en abominables idolatrías” (1 Pedro 4:2-3).
LAS OBRAS DE LA CARNE: EL RESULTADO
Pablo explica los resultados de hacer las obras de la carne: “… de las cuales os advierto, como ya lo hice antes, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:21). Dios ha dado una manera de evitar este castigo: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

CAMINE EN EL ESPÍRITU

¿Cómo se deja de hacer las obras pecadoras de la carne? Primero: Arrepiéntase de su pecado y tiene fe hacia Dios a través de aceptar a Jesús como el Salvador personal: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (1 Corintios 5:17). Dios no toma al hombre pecador y le da un curso de auto superación. Él crea una nueva criatura. Las cosas viejas fallecen. Las obras de la carne serán reemplazadas por el fruto del Espíritu Santo.

Segundo: Llénese del Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo que le permitirá que camine en el Espíritu en lugar de caminar en los caminos pecadores de la carne: “Porque la carne desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu lo que es contrario a la carne” (Gálatas 5:17).

Tercero: Comprenda que usted no puede librarse de las obras de la carne y caminar en el Espíritu a su propio esfuerzo. El Apóstol Pablo describió la lucha que él tenía en su propio esfuerzo para vivir una vida piadosa: “Porque lo que hago, no lo entiendo, pues no practico lo que quiero; al contrario, lo que aborrezco, eso hago. Y ya que hago lo que no quiero, concuerdo con que la ley es buena. De manera que ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que mora en mí. Yo sé que en mí, a saber, en mi carne, no mora el bien. Porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero; sino al contrario, el mal que no quiero, eso practico” (Romanos 7:15-19). Pablo experimentó la dificultad de vivir una vida santa pero él continuó siguiendo esta meta a pesar de sus fracasos.

Pídale a Dios que ponga un deseo de ser santo en su corazón. Siempre que usted fallar y pecar, confiéselo inmediatamente y pide al Espíritu Santo para ayudarle a superarlo. Esto es cómo usted aprende a caminar en el Espíritu y… “Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque Dios hizo lo que era imposible para la ley, por cuanto ella era débil por la carne: Habiendo enviado a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justa exigencia de la ley fuese cumplida en nosotros que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que viven conforme a la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la intención de la carne es muerte, pero la intención del Espíritu es vida y paz. Pues la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede. Así que, los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Sin embargo, vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él (Romanos 8:1-9).

El fruto de las calidades de semejanza de Cristo sólo desarrollan mientras usted camina en el poder del Espíritu Santo. Esto es por qué es tan importante para los creyentes entender el ministerio del Espíritu Santo.

Cristo nos vino a libertar de las obras de la carne y por su Espíritu en nosotros podemos ser libres de ellas. Por eso es una tremenda irresponsabilidad decirse cristiano y no estar guiados, fortalecidos y dirigidos por el Poder del Espíritu Santo en nuestra vida, en nuestro andar cristiano, alguien que se presuma creyente, debe saber y debe estar disfrutando de la libertad de estas cosas.


Bendiciones.

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