Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Jesucristo nuestro libertador: liberados para liberar°


Juan 8:36  BAD. Así que si el Hijo os libera, seréis verdaderamente libres.

Fuimos diseñados y creados desde antes de la fundación del mundo para vivir y andar en la libertad que nos da nuestro Señor Jesucristo. Dios confió al hombre una de sus creaciones para que la gobernara, le entrego la tierra, con su reino animal, vegetal y mineral. Génesis 1:28. RV1960. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Le entrego el huerto del Edén para que lo cuidara. Génesis 2:15 RV1960. Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.


Pero hemos nacido en un mundo que fue entregado al diablo por la desobediencia a Dios de Adán y Eva en los comienzos de la humanidad; un mundo corrupto y lleno de tinieblas que está esclavizado por el diablo y sus demonios y que actúa en cada ser humano por la concupiscencia y el pecado arraigado en los corazones. Fue así como el hombre desde que peco en el Edén quedo bajo la paternidad espiritual de Satanás, Juan 8:44 RV1960. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

Las consecuencias del pecado han sido muerte espiritual, prisiones y cadenas de maldad, ceguera espiritual, enfermedad, confusión, dolor, angustia, depresión, hambre y otras cosas semejantes a estas. De ahí que el Padre Celestial, aún desde antes de la fundación del mundo dispuso junto con su Unigénito Hijo Jesucristo y el Señor el Espíritu Santo, el plan de redención y libertad para la humanidad.

Juan 3:16. Traducción en lenguaje actual (TLA). Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna.

Romanos 5:8. Traducción en lenguaje actual (TLA). Pero Dios nos demostró su gran amor al enviar a Jesucristo a morir por nosotros, a pesar de que nosotros todavía éramos pecadores.

Jeremías 31:3. Nueva Traducción Viviente (NTV). Hace tiempo el Señor le dijo a Israel: Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno. Con amor inagotable te acerqué a mí.   

1 Juan 4:19. Nueva Biblia al Día (NBD). Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero.

La libertad es parte esencial y constitutiva de la persona, un derecho inalienable de la naturaleza humana creada, apto para promover el crecimiento del hombre hacia su propio cumplimiento. En sentido teológico, libertad es la condición humana querida por el Creador para que Dios mismo pueda ser conocido por el hombre libre, es decir, por un sujeto auténtico y capaz de diálogo y de establecer relaciones con Dios y con los que le rodean.

Sin embargo cuando el hombre peco se convirtió en un ser derrotado. Perdió la honra y el dominio que Dios le otorgo sobre la creación. Perdió su huerto del Edén. Perdió el control sobre el mundo perfecto que Dios le entrego. Desde entonces Satanás tiene control de este mundo usando al hombre sin Dios como instrumento para ejercer maldad. 

1 Juan 5:19 RV1960. Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.

Vemos que la libertad es lo opuesto a la servidumbre o esclavitud ya sea física, moral o espiritual. El concepto bíblico de la libertad tiene como trasfondo la idea de la prisión o la esclavitud. Los gobernantes encarcelaban a aquellos que consideraban que obraban mal; una nación conquistada podía ser esclavizada por su conquistador; del mismo modo un prisionero de guerra podía serlo por quien lo capturaba; o también un individuo, como en el caso de José, podía ser vendido como esclavo.

Hebreos 2:14-18. Palabra de Dios para Todos (PDT). Los hijos de una familia son gente de carne y hueso, por eso Jesús se hizo de carne y hueso igual que ellos. Sólo así pudo morir y con su muerte derrotar al diablo, quien tenía el poder de la muerte. Jesús se hizo hombre para liberar a los hombres, quienes habían estado esclavizados toda la vida por temor a la muerte. Sabemos que Jesús vino a rescatar a los descendientes de Abraham, no a los ángeles. Por lo tanto, era necesario que Jesús fuera igual a sus hermanos en todo sentido. Se hizo como nosotros para poder ser sumo sacerdote fiel y compasivo en su servicio a Dios. De esta manera Jesús pudo ofrecer un sacrificio que quita los pecados de la gente. Jesús mismo sufrió y fue tentado, por eso puede ayudar a aquellos que son tentados.

Cuando la Biblia habla de la libertad siempre está implícita la idea de la esclavitud o prisión previas. Libertad significa el feliz estado de haber sido liberado de la servidumbre para una vida de gozo y satisfacción qué anteriormente no era posible. La idea de libertad aparece en las Escrituras en su aplicación secular común (Salmos 105:20. Nueva Traducción Viviente (NTV). Entonces el faraón mandó a buscarlo y lo puso en libertad; el gobernante de la nación le abrió la puerta de la cárcel); pero también recibe un importante aporte teológico que surgió de la comprensión, por parte de Israel, de que esa libertad que disfrutaba al haberse librado del yugo extranjero era un don que le había dado Dios. 

En el Nuevo Testamento la libertad se convierte en un importante concepto teológico para describir la salvación. El término se usa cuando se libran a esclavos o cautivos de servidumbre física o encarcelamiento, o al otorgar ciertos privilegios a alguno que está encarcelado. La libertad de la ley ceremonial  debe ser apreciada y protegida.

La esencia de la libertad cristiana no se basa en la libertad externa sino en el rescate de la esclavitud del pecado y de la corrupción interna a la cual lleva a la muerte eterna. Romanos 6:20-22. Dios Habla Hoy (DHH). Cuando ustedes todavía eran esclavos del pecado, no estaban al servicio de la justicia; pero ¿qué provecho sacaron entonces? Ahora ustedes se avergüenzan de esas cosas, pues sólo llevan a la muerte. Pero ahora, libres de la esclavitud del pecado, han entrado al servicio de Dios. Esto sí les es provechoso, pues el resultado es la vida santa y, finalmente, la vida eterna.

En el Antiguo Testamento, libertad es el programa que Dios quiere llevar a cabo sacando a Israel de la esclavitud de Egipto. En el éxodo Dios rescata la libertad de Israel y le da con ella la dignidad de pueblo, la identidad de compañero de alianza, en el respeto a la cual encontrará su bienestar y su futuro libre. A medida que crece la atención a esta relación de alianza entre Dios y su pueblo, se descubre que la verdadera libertad está en prestar oídos, en conocer, meditar y en poner en práctica la palabra de Dios

Deuteronomio 11:26. Dios Habla Hoy (DHH). En este día les doy a elegir entre bendición y maldición.

Jeremías 21:8. Nueva Biblia al Día (NBD). Y a este pueblo adviértele que así dice el Señor: Pongo delante de ustedes el camino de la vida y el camino de la muerte.

Estar privados del conocimiento de la libertad en Cristo es lo que equivale a ser esclavos del diablo. El Nuevo Testamento muestra el más alto grado de libertad en Jesucristo, que anuncia y establece el señorío soberanamente libre de Dios sobre el cosmos y sobre la historia, mostrándose superior a tradiciones y leyes. Pero su venida y el objetivo de la misma demuestran que el hombre está privado de la verdadera libertad. La predicación del evangelio del perdón de los pecados y de la vida eterna en el Reino de Dios hace de Cristo el anunciador de la verdadera libertad del hombre, la libertad trascendente y definitiva que viene de Dios.

Jesucristo nuestro libertador: La voluntad del Padre Celestial. Así como los israelitas necesitaban que Dios los liberara de la esclavitud de Egipto, así Cristo es nuestro Libertador de la esclavitud del pecado. La muerte expiatoria del pecado del hombre que sufre Cristo libremente y su resurrección a la vida gloriosa son el modo último, escogido por Dios, para rescatar al hombre del pecado y de la muerte que lo mantienen atado. No es la ostentación de poder, sino el camino de la humildad y de la obediencia a la palabra de Dios lo que produce la libertad del hombre.

La libertad conseguida no sólo rompe las ataduras precedentes, sino que hace a los hijos de Dios capaces y activos colaboradores de la obra de Dios. Esta libertad conquistada por Cristo es ciertamente superior a cualquier otro tipo de libertad, tanto política como social y económica. Así pues, teológicamente hablando, la libertad es la condición en que Dios ha creado al hombre en Jesucristo.

Romanos 11:26. Nueva Traducción Viviente (NTV). Y entonces todo Israel será salvo. Como dicen las Escrituras: El que rescata vendrá de Jerusalén y apartará a Israel de la maldad.

2 Corintios 3:17 NVI. Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.

Romanos 6:14 NVI. Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia.

La libertad cristiana. Un pueblo liberado, protegido, con propósito y vida eterna: la presencia del Espíritu Santo y su obra santificadora, regeneradora del Señor.

El ministerio público de nuestro Señor  Jesucristo fue de liberación. Él mismo lo inició proclamándose como el cumplimiento de Isaías 61:1-3. La Biblia de las Américas (LBLA). Buenas nuevas de salvación. El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el Señor para traer buenas nuevas a los afligidos; me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros; para proclamar el año favorable del Señor, y el día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran, para conceder que a los que lloran en Sion se les dé diadema en vez de ceniza, aceite de alegría en vez de luto, manto de alabanza en vez de espíritu abatido; para que sean llamados robles de justicia, plantío del Señor, para que El sea glorificado.

Y como aparece en Lucas 4:16-2. La Biblia de las Américas (LBLA). Jesús en Nazaret. Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre, entró en la sinagoga el día de reposo, y se levantó a leer. Le dieron el libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor esta sobre mi, porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, y la recuperación de la vista a los ciegos; para poner en libertad a los oprimidos; para proclamar el año favorable del Señor. Cerrando el libro, lo devolvió al asistente y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en El. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura que habéis oído.

Había venido, dijo, a derrotar al “príncipe de este mundo”, al “hombre fuerte”, y a liberar a sus prisioneros; las sanidades y las liberaciones formaban parte de esta obra celestial. Cristo apeló a estos hechos como prueba positiva de la llegada del reino de Dios a los hombres.

Esta libertad, en todos sus aspectos, es un don de Cristo, quien por su muerte redimió a su pueblo de la esclavitud. Los que son liberados del gobierno del diablo se convierten en hijos de Dios y reciben el Espíritu Santo como Espíritu de adopción, que les asegura que realmente son hijos y herederos de Dios. La libertad espiritual es el resultado de la obra de regeneración del Espíritu, porque su presencia y obra interior produce libertad, dando una consciencia de libertad por medio de una relación personal con Dios.

Romanos 8. La Biblia de las Américas (LBLA). No hay condenación para los que creen.

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte. Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios.

Viviendo según el Espíritu

Sin embargo, vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de El. Y si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, sin embargo, el espíritu está vivo a causa de la justicia. Pero si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu que habita en vosotros.

Así que, hermanos, somos deudores, no a la carne, para vivir conforme a la carne, porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con El a fin de que también seamos glorificados con El.

La gloria futura

Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada. Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora. Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza hemos sido salvos, pero la esperanza que se ve no es esperanza, pues, ¿por qué esperar lo que uno ve? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.

Victoriosos en Cristo

Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque El intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios. Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos también justificó; y a los que justificó, a ésos también glorificó.

Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con El todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Tal como está escrito: Por causa tuya somos puestos a muerte todo el día; somos considerados como ovejas para el matadero.

Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Libertados para cumplir los planes y propósitos de Dios: comisionados para liberar.

Mateo 9:35-36 RV1960. Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.

En su intensa labor ministerial, Jesús percibió la enorme necesidad que todas las personas presentaban y la falta de siervos dispuestos a llevarles las buenas nuevas de salvación. Por lo tanto, pidió a sus discípulos que oraran por obreros. Esto significa que en el liderazgo cristiano se necesitan personas dispuestas a sobrellevar las cargas de otros, ya que de allí se funda la verdadera compasión: hacer que la bendición de aceptar a Jesús en el corazón alcance a otros.

Reflexionemos si estamos conscientes de que estamos llamados a servir a Dios como ministros cristianos en estos últimos tiempos. Si es un sí, entonces trabajemos en nuestro interior para permitirle al Señor que forme en nosotros el carácter de Cristo, que nos llene de su Espíritu Santo, que nos llene de su perfecto amor y que nos dé un corazón sensible a su voz y enseñable a su Palabra, un corazón conforme al suyo.

El liderazgo cristiano proviene de la influencia y la identificación que se tiene con Cristo. Él es la fuente, la motivación que nos impele a imitarlo en lo que él hacía. El liderazgo cristiano bíblico y eficaz es seguir a un líder en función de la misión a cumplir. Un líder también es el que se acerca a las normas que más se identifican con el grupo en función de cumplir los planes y propósitos de Dios para la iglesia, las almas y la humanidad.

El liderazgo cristiano consiste en la habilidad de ganar consenso y compromiso  para los objetivos  comunes, los que se alcanzan mediante contribución y la satisfacción de toda la iglesia, más allá de los requisitos de la organización.  La Biblia nos muestra líderes en potencia en el Antiguo y Nuevo Testamento, en donde la palabra Líder no aparece y en cambio si las funciones de aquellos que tienen autoridad en el pueblo de Dios (ministros), como Reyes, Jueces, Profetas, Sacerdotes, Pastores, Maestros Etc.

La nuestra es una relación de amor con nuestro Padre celestial. Está basada en su amor incondicional hacia nosotros según lo expresó a través de su Hijo. Es una relación en la cual somos llamados a amarnos unos a otros: a nuestro prójimo, a nuestros enemigos. Guiar y ministrar como Jesús es siempre tratar de hacerlo motivado por el amor cuando aprovechamos nuestra influencia sobre los pensamientos, el comportamiento y el desarrollo de los demás.


Isaías 61:4-11. Nueva Traducción Viviente (NTV). Reconstruirán las ruinas antiguas, reparando ciudades destruidas hace mucho tiempo. Las resucitarán, aunque hayan estado desiertas por muchas generaciones. Los extranjeros serán sus siervos; alimentarán a los rebaños de ustedes, ararán sus campos     y cuidarán de sus viñedos. Ustedes serán llamados sacerdotes del Señor, ministros de nuestro Dios.

Se alimentarán de los tesoros de las naciones y se jactarán de sus riquezas. Disfrutarán de una doble honra en lugar de vergüenza y deshonra. Poseerán una doble porción de prosperidad en su tierra, y una alegría eterna será suya. «Pues yo, el Señor, amo la justicia; odio el robo y la fechoría. Recompensaré fielmente a mi pueblo por su sufrimiento y haré un pacto eterno con él. Sus descendientes serán reconocidos y honrados entre las naciones.


Todo el mundo se dará cuenta de que es un pueblo al que el Señor ha bendecido». ¡Me llené de alegría en el Señor mi Dios! Pues él me vistió con ropas de salvación y me envolvió en un manto de justicia. Soy como un novio vestido para su boda o una novia con sus joyas. El Señor Soberano mostrará su justicia a las naciones del mundo. ¡Todos lo alabarán! Su justicia será como un huerto a comienzos de la primavera, cuando brotan las plantas por todas partes.

Lo que Dios espera de cada uno de nosotros, de quienes hemos aceptado el señorío de Jesucristo, es que aceptemos el llamado de ir y ministrar la Palabra de Dios y que sea conocido y manifestado el reino de los cielos en medio de nosotros a través de nuestro estilo de vida, en el lugar en dónde seamos comisionados, haciendo uso de los dones que nos han sido dados para administrar.

Bendiciones.

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