Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

Bueno es el Señor°



El Dios todopoderoso Creador de todo el universo y de los cielos, es el mismo Dios que es bueno y sabio para con la humanidad; el poder de Dios se convierte en una fuente de gran consuelo y ánimo para el cristiano en medios de los tiempos y circunstancias en las que vive. La Bondad de Dios es uno de sus Atributos. La bondad no sólo es un atributo de Dios, sino una verdad fundamental que todo cristiano debería abrazar. Consideremos algunas de las razones de la importancia de la bondad de Dios para nosotros.

“Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia”. Salmo 107:1. “¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!” Salmo 31:19. “Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días” Oseas 3:5.

La ‘bondad’ de Dios es prominente en los primeros capítulos de la Biblia. Reiteradamente, Dios dijo ‘es bueno’, cada vez que terminó de crear algo (Génesis 1:4,10,18; 1 Timoteo 4:4). En el capítulo 2, Dios vio que ‘no era bueno’ que Adán estuviera solo, por lo que creó una esposa para él (2:18-25). En el jardín del Edén, donde Dios ubicó a Adán y a Eva, existía ‘el árbol de la sabiduría del bien y del mal’. El hombre y la mujer tenían prohibición de comer de este árbol único. Regresaremos a este asunto de la ‘bondad’ en el jardín, pues es una verdad de vital importancia. Por el momento, sólo diremos que la ‘bondad’ y el ‘mal’, tienen preeminencia al comienzo de la Biblia.

La bondad de Dios es la suma total de Sus atributos. Es así que la bondad de Dios puede ser vista como una faceta de Su gloriosa naturaleza y también como la suma global de Su naturaleza y carácter. “Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente con el que seré clemente”. Éxodo 33:19; Éxodo 34:5-7.

“Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti. Salmo 16:2. “Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” Mateo 18:16-17.

Ningún ser  es humano es bueno en su naturaleza carnal. “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; no hay quien haga el bien” Salmo 14:1; Salmo 53:1; Romanos 3:9-18.

Dios es la fuente de todo lo que es bueno: “Toda buena dadiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” Santiago 1:17. Dios no le quita nada que sea verdadero, a sus hijos: “Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad” Salmo 84:11. No podemos enseñar valores, no podemos enseñar moral, sin enseñar sobre Dios. Él dijo: “Sed santos porque yo soy santo”. 1 Pedro 1:16; Levítico 11:44s.

El destino eterno del hombre, está determinado por la decisión que tome con respecto a cómo puede ser verdaderamente bueno a los ojos de Dios. Juan 5:28-29; Romanos 3:1-26; Tito 3:3-7. Aparte de la divina revelación de las Escrituras, no podemos reconocer la verdadera bondad, pues ésta no se puede comprender sin conocer a Dios y sin ver la vida bajo Su perspectiva. Esto es precisamente el punto de vista del Salmo 73 que ahora estudiaremos, pues nos da una definición radicalmente distinta de lo que es ‘bueno”.

Asaf, un levita que era jefe de los músicos en el tiempo de David. 1 Crónicas 16:4-7, 37), compuso el Salmo 73. Estoy convencido que el tema central del Salmo 73, es la bondad de Dios. El primero y último versículos del salmo, contienen la palabra ‘bueno’. A través del curso del tiempo y del salmo, Asaf experimenta un cambio radical en la comprensión del significado del término ‘bueno’. Por cuanto la incomprensión de Asaf del significado de la palabra ‘bueno’, es prácticamente la misma de los cristianos evangélicos en el día de hoy, debemos comprender el mensaje de este salmo y del significado del término ‘bueno’.

Asaf describe un período en su vida, cuando sufrió serias luchas espirituales. Su premisa fue la bondad de Dios, especialmente Su bondad hacia Su pueblo: Israel. “Ciertamente es bueno Dios para con Israel, para con los limpios de corazón” Para Asaf, esta afirmación de la verdad, significó que debido a que Dios fue ‘bueno’ con Israel, Sus bendiciones serian constantemente vertidas sobre aquellos judíos que fueran rectos. Por otro lado, los que no eran rectos, podían esperar muchas dificultades. Pues bien, existe un elemento de verdad en esto, según lo podemos ver de las bendiciones y maldiciones de Deuteronomio 28-30. 

Pero no es completamente verdadero y esto es evidente en el libro de Deuteronomio: “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”. Deuteronomio 8:2-3.

Asaf estaba tan lejos de la verdad, que llegó cerca de su destrucción. En sus palabras: “casi se deslizaron mis pies”. v. 2. Parece que está confesando estar considerando abandonar su fe y olvidar el camino de la rectitud, suponiendo que ya no le brinda beneficio alguno.

El problema de Asaf se debía casi en su totalidad a su perspectiva distorsionada. Primero que todo, sentía envidia de los malvados. No odiaba el pecado de ellos; envidió su éxito (versículo 3). Segundo, se sentía recto. Se consideraba a sí mismo, mejor de lo que en realidad era. Creía que era merecedor de las bendiciones de Dios y concluyó que su forma recta de vivir, había sido en vano: “Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia; pues he sido azotado todo el día y castigado todas las mañanas”. Salmo 73:13-14.

Estos versículos también sugieren que Asaf veía que sus sufrimientos venían de Dios. Él le estaba castigando, suponía, por ser piadoso. Al parecer Asaf estaba siendo consumido por la autocompasión. Es realmente difícil ver claramente la vida cuando la miramos con ojos llenos de lágrimas. Y estas lágrimas, eran lágrimas de autocompasión. Las palabras de Asaf en los versículos 4-9, que describen a los malvados, son una descripción de aquellos a quienes él veía en la congregación de israelitas que venían a adorar. Asaf está hablando más de malvados judíos que de paganos gentiles. El análisis de Asaf es muy distorsionado e inexacto.

Asaf hace algunas generalizaciones en la primera mitad del salmo, implicando que todos los malvados prosperan y que los rectos —que por cierto lo incluían a él— sufrían. Supone erróneamente que los malvados son siempre sanos y con riquezas y cree que ninguno de ellos experimentan las dificultades de la vida. Incluso en su muerte, no tienen incomodidades. De la misma forma cree que quienes prosperan son todos arrogantes, que blasfeman contra Dios, haciendo que Él se preocupe por lo que los impíos están haciendo.

Hay algo de verdad en esto. Algunos de estos impíos ricos, son tal cual Asaf los ha descrito. Pero Asaf ha generalizado en extremo, haciendo parecer que Dios bendice a todos los malvados y que castiga a todos los rectos. Los malvados ostentan de su maldad y además, son bendecidos. Los rectos practican su rectitud y son castigados por hacerlo. En lo que a Asaf se refiere, existe una buena razón para considerar unirse a los malvados más que luchar en contra de ellos (versículos 10-14).

Pero Asaf estaba equivocado y esto él lo confesa en varios puntos del salmo: “En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos”. versículos 2-3. “Si dijera yo: Hablaré como ellos, he aquí, a la generación de tus hijos engañaría”. versículo 15. “Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti”. versículos 21-22.

El punto de regreso del salmo, es el versículo 15. Hasta este punto, Asaf tuvo una visión de la vida desde una perspectiva humana. Para él, la bondad de Dios significaba salud y riquezas, igual que la que tienen los ‘evangelistas de buena vida’ de nuestra época. Pero como él mismo lo admite, estaba equivocado. En los versículos 15-28, explica los motivos de su error, terminando con una definición completamente diferente de los que es ‘bueno’.

Cuando Asaf entró al ‘santuario de Dios’, fue capaz de ‘comprender el final de ellos’ (versículo 17). Ahora Asaf vio la prosperidad de los malvados a la luz de la eternidad, más que desde el punto de vista de la posición ventajosa del tiempo. Ahora vio el gran peligro en que estaban aquellos que aparentemente lo estaban haciendo tan bien en su maldad. Sus pies se apoyaban en tierra resbaladiza. En poco tiempo más, estarían enfrentando el juicio de Dios. Es posible que el día de pago por el pecado, no llegara en esta vida; pero con certeza llegaría en la eternidad.

“Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores. Como sueño del que despierta, así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia” (versículos 18-20).

Qué necio, incluso detestable, fue Asaf al pensar que los malvados podían seguir adelante con su pecado y que no habría para ellos un día de arreglo de cuentas. Qué necio haber concluido que Dios le estaba castigando por haber estado evitando los caminos ruines de los malvados. Asaf ahora ve su relación con Dios, en la luz verdadera. La eternidad tiene para él la esperanza brillante de la gloriosa presencia de Dios. Pero además de esta futura bendición, Asaf tiene el placer de tener la presencia de Dios en su vida.

“Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (versículos 23-26).

Asaf ahora ve que la prosperidad de los malvados, ha endurecido sus corazones hacia Dios. Se han vuelto orgullosos, arrogantes e independientes de Él. Asaf también ve su ‘aflicción’, cualquiera que ésta sea, como fuente de gran bendición. Su sufrimiento y agonía le acercaron a Dios; la prosperidad de los impíos, le alejaron de Dios. Sus pruebas fueron en realidad, un don de Dios para su bien. Sus luchas le condujeron a tener una intimidad mas profunda con Él y es así que éstas fueron la agonía y la aflicción de su alma. Confiando en Dios y viviendo una vida santa, no sólo son los medios para recibir bendiciones eternas, sino que son también el camino para recibir bendiciones temporales.

Ahora, Asaf comprende la ‘bondad’ de Dios de un modo diferente. Tiene una nueva definición para el vocablo ‘bueno’. En el versículo 1, ‘bueno’ significa ausencia de dolor, dificultad, problema, pena, enfermedad o pobreza. En el versículo 28, ‘bueno’ significa algo mucho mejor que la prosperidad física: “Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras” (versículo 28).

La cercanía con Dios —el tener una relación intima con Él— es nuestro gran bien. Entonces podemos decir que cualquier cosa que interfiera con nuestra proximidad con Dios, con nuestra comunión con Él, es esencialmente malo. Y cualquier cosa que nos conduzca a tener una comunión aún más profunda con Dios, es fundamentalmente ‘buena’. Cuando Dios nos da sufrimiento o adversidad, nuestra confianza en Su bondad, no debería debilitarse. Por el contrario, estas circunstancias deberían asegurarnos de Su bondad para con nosotros.

Al final, el sufrimiento de Job le llevó más cerca de Dios; por lo tanto esos sufrimientos fueron buenos y Dios fue bueno al afligirlo. El sufrimiento de Pablo le llevó más cerca de Dios y él lo consideró como una bendición (Filipenses 3:10). La medida disciplinaria que Dios impone a la vida de los cristianos, no sólo es una evidencia del hecho que somos Sus hijos, es la obra Suya actuando en nosotros para bien (Hebreos 12:1-3; Romanos 8:28).

La bondad de Dios es una verdad que transforma vidas. Concluyamos considerando las formas en que la bondad de Dios debería interceptar nuestras actitudes y nuestras acciones: “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra”. Salmo 119:67. “Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste”. Salmo 119:75. “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejantes a él en su muerte”. Filipenses 3:10.

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. 2 Corintios 12:7-10.

En ninguna parte se hace más evidente la bondad de Dios, que en la persona de nuestro Señor Jesucristo. En Su bondad, Dios proveyó un camino de perdón para los pecadores y que éstos fueran declarados rectos. No logramos esta declaración de rectitud, haciendo buenas obras, sino en base a la bondad de nuestro Señor Jesucristo (3:19-26; Tito 3:4-7). Si usted nunca ha confiado en Su obra redentora, tengo palabras para recordar: “Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él”. Salmo 34:8. La bondad de Dios va dirigida a nuestro arrepentimiento (Romanos 2:4). Si rechazamos la bondad de Dios en Cristo, si rechazamos el evangelio, traeremos sobre nosotros la divina ira de Dios: “Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado”. Romanos 11:22.

Que Dios haga que Su bondad sea una verdad que no sólo aceptemos, sino que también la abracemos, de manera que sea la perspectiva desde la cual observemos todos los eventos de nuestras vidas.

Bueno es el Señor; es refugio en el día de la angustia, y protector de los que en él confían. Nahúm 1:7 (NVI).

¿Deseas que el Señor mantenga sus ojos abiertos y atentos sus oídos a tus oraciones? ¿Deseas que Dios te escoja y te consagre para habitar en ti? ¿Y que Sus ojos y Su corazón siempre estén en ti? Te tengo una noticia... Dios desea con todo su corazón que esto se haga realidad en tu vida! Y es por eso que en 2 Crónicas 7.14 te dice cómo debes lograrlo.

"si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra. Mantendré abiertos mis ojos, y atentos mis oídos a las oraciones que se eleven en este lugar.  Desde ahora y para siempre escojo y consagro este templo para habitar en él. Mis ojos y mi corazón siempre estarán allí." 2 Crónicas 7.14-16Humillarse implica reconocer que necesitamos el perdón de Dios. 

También nos dice que oremos y busquemos de Dios, este "buscarlo" no es para jugar a las escondidas, es para que lo conozcamos! "Lo que pido de ustedes es amor y no sacrificios, conocimiento de Dios y no holocaustos." Oseas 6.6. "Conozcamos al Señor; vayamos tras su conocimiento. Tan cierto como que sale el sol, él habrá de manifestarse; vendrá a nosotros como la lluvia de invierno, como la lluvia de primavera que riega la tierra". Oseas 6:3.

Y por último... "abandona tu mala conducta". Sé que es difícil abandonar una conducta, sobre todo cuando se nos ha hecho hábito. Y no importa si recién conoces a Dios o si te criaste en un hogar cristiano y hasta tienes un súper ministerio. Nadie está exento de caer. "Si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer." 1 Corintios 10.12.

Pero no es imposible! Simplemente se trata de intentarlo y si caes, te levantas! Y si vuelves a caer te vuelves a levantar! Todas las veces que sea necesario. La única manera que tiene el diablo de vencerte es que tú decidas no volver a levantarte. Mientras aún luches no estarás vencido! Intenta de una manera activa vencer el pecado, confiésalo, pide consejo a personas que amen a Dios y sean maduras espiritualmente. Tomate de la mano de Dios y levántate!

Y no dudes en acercarte nuevamente a Dios "Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos." Hebreos 4.15-16. Dios quiere perdonarte, escucharte y restaurarte, así que recuerda que "El Señor afirma los pasos del hombre cuando le agrada su modo de vivir; podrá tropezar, pero no caerá, porque el Señor lo sostiene de la mano." Salmos 37.23-24.

Esto es lo que Dios dice de ti: "A cambio de ti entregaré hombres; ¡A cambio de tu vida entregaré pueblos! Porque te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra. No temas, porque yo estoy contigo; desde el oriente traeré a tu descendencia, desde el occidente te reuniré." Isaías 43.4-5.

"Por eso, aunque pasamos por muchas dificultades, no nos desanimamos. Tenemos preocupaciones, pero no perdemos la calma. La gente nos persigue, pero Dios no nos abandona. Nos hacen caer, pero no nos destruyen." 2 Corintios 4:8-9 (Traducción Lenguaje Actual). Sabiendo esto, podemos decir como el salmista: "Aunque pase yo por grandes angustias, tú me darás vida; contra el furor de mis enemigos extenderás la mano: y tu mano derecha me pondrá a salvo!" Salmos 138:7 (NVI). Podemos decir con gratitud: "Me alegro y me regocijo en tu amor, porque tú has visto mi aflicción y conoces las angustias de mi alma. Salmos 31:7 (NVI).

Hay muchísimas cosas de las cuales tal vez nunca entenderemos, pero "sabemos que Dios va preparando todo para el bien de los que le aman, es decir, de los que él ha llamado de acuerdo con su plan". Romanos 8:28 (TLA). Sabiendo que Dios tiene un propósito en medio de la situación que estoy viviendo, puedo decir: "A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra. Salmos 121:1-2 (NVI). Así que, pon tus preocupaciones en las manos de Dios, pues él tiene cuidado de ti. 1 Pedro 5:7 (TLA) No te preocupes por lo que pasará mañana. Ya tendrás tiempo para eso. Recuerda que ya tenemos bastante con los problemas de cada día. Mateo 6:34 (TLA) 


¡Dale gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Él es un Padre bueno y amoroso, y siempre nos ayuda. Cuando tenemos dificultades, o cuando sufrimos, Dios nos ayuda para que podamos ayudar a los que sufren o tienen problemas. 2 Corintios 1:3-4 (TLA). No te preocupes por nada. Más bien, ora y pídele a Dios todo lo que necesitas, y se agradecido. Así Dios te dará su paz, esa paz que la gente de este mundo no alcanza a comprender, pero que protege el corazón y el entendimiento de los que ya son de Cristo. Filipenses 4:6-7 (TLA).

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