Primero recordemos lo que es la fe: “se define generalmente como la
confianza o seguridad en una persona, cosa, deidad, doctrina o creencia, a
menudo sin necesidad de pruebas empíricas. Proviene del latín fides y
abarca tanto contextos religiosos como cotidianos.
Según el Diccionario de la lengua española (RAE), la fe es el
conjunto de creencias de una religión o de un grupo, así como la confianza en
alguien o algo por su autoridad o fama pública. También implica certeza de lo
esperado o convicción de lo invisible, como una esperanza orientada al futuro. En
el lenguaje común, denota confianza plena, como "tener fe en un
médico", o documentos como fe de bautismo o fe de vida. Incluye nociones
de fidelidad, promesa solemne o buena fe (honradez).
La fe se diferencia de la creencia racional en que esta última se
basa en evidencia, lógica y pruebas observables, mientras que la fe implica
convicción en lo no demostrado o invisible, a menudo en contextos religiosos o
absolutos. La razón prioriza el análisis factual, rechazando dogmas sin
respaldo, en tanto la fe puede subsistir independientemente o en tensión con
ella. A través de la fe los seres humanos podemos obtener muchas cosas pero lo
importante en el reino de Dios es que esa fe vaya acompañada de obras de amor y
misericordia hacia los demás, de obras de justicia, investidas de paz, de gozo
de alegría por hacer las cosas buenas que permanecen para vida eterna.
Y sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el
que se acerca a Dios crea que El existe, y que es remunerador de los que le
buscan. (LBLA Heb
11:6)
Andar en la fe es un concepto fundamental en la vida cristiana que
se refiere a vivir de acuerdo con las creencias y principios de la fe en
Jesucristo, pero la mayoría de personas decimos tener fe en Dios desde el punto
de vista de nuestras creencias y tradiciones, sin embargo en la mayoría de los
casos no es la fe verdadera: en la Biblia está escrito que hasta los demonios y
el diablo creen en Dios y tiemblan pero no se sujetaron a Dios, la mayoría de
seres humanos creen en Dios pero no andan en la fe de su Palabra, no viven de
acuerdo a la leyes del reino de Dios, no viven de acuerdo a la autoridad dada
por el Creador que es su Hijo Jesucristo, Rey de reyes y Señor de Señores.
¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero
no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo? Si un hermano o una hermana no
tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de vosotros les dice: Id en
paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de qué
sirve? Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta. Pero
alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo
te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno. Haces bien; también
los demonios creen, y tiemblan. Pero, ¿estás dispuesto a admitir, oh hombre
vano, que la fe sin obras es estéril? ¿No fue justificado por las obras Abraham
nuestro padre cuando ofreció a Isaac su hijo sobre el altar? Ya ves que la fe
actuaba juntamente con sus obras, y como resultado de las obras, la fe fue
perfeccionada; y se cumplió la Escritura que dice: Y ABRAHAM CREYO A DIOS Y LE
FUE CONTADO POR JUSTICIA, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis que el
hombre es justificado por las obras y no sólo por la fe. Y de la misma manera,
¿no fue la ramera Rahab también justificada por las obras cuando recibió a los
mensajeros y los envió por otro camino? Porque así como el cuerpo sin el
espíritu está muerto, así también la fe sin las obras está muerta. (LBLA Stg 2:14-26)
Vemos en todo tiempo y en todo lugar que las personas hablan de su
fe con relación a sus creencias, sin embargo, en la mayoría de los casos se
encuentran lejos de la verdadera fe en Dios, el Creador de todo lo que existe
en los cielos y en esta tierra. Hay conceptos equivocados en cuanto a la fe y
sus resultados porque no están alineados con los principios de reino de Dios,
no están fundamentados en la Palabra de Dios, que es el camino que nos dado a
la humanidad para llegar al Padre Eterno a través de la revelación y el poder
del Espíritu Santo, y es allí donde nos muestran la obra de nuestro Mesías y
Salvador, el Señor Jesucristo, el Unigénito Hijo de Dios. La verdadera fe en
Dios debe ir acompañada del amor hacia los demás, del amor hacia nosotros
mismos, debe ir orientada a tener el concepto correcto de nuestra autoestima.
Una de las cosas que quiero tocar es que la verdadera fe en Dios que
tiene que ver en cómo nos relacionamos con nuestros semejantes, en como ponemos
en práctica los principios de Dios cuando estamos en nuestra vida diaria con
quienes nos rodean, en nuestros vecindarios, se demuestra en como tratamos a
nuestros prójimos, se demuestra en como tratamos a todos los seres vivos que
nos rodean, en como tratamos a nuestras
mascotas, en otras palabras, es la forma en que caminamos en nuestro
diario vivir así como lo hizo Enoc y muchos hombre y mujeres de la Biblia.
En muchos casos se nos ha enseñado que la fe va ligada a las cosas
materiales que podamos recibir y encontrar a lo largo de nuestras vidas,
también que la fe son las doctrinas de las diferentes religiones y credos, pero
la fe verdadera en Dios es la que va acompañada de obras de amor y de
misericordia, va acompañada de obras de justicia, va acompañada de paz y gozo.
Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y
paz y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que de esta manera sirve a Cristo,
es aceptable a Dios y aprobado por los hombres. (LBLA Ro 14:17-18)
Esto contrasta con la forma de millones de personas al ver la vida
y la fe desde sus creencias y credos diciendo amar a Dios pero su conducta, sus
actitudes y sus obras dicen lo contrario de ellas, de acuerdo a lo que
encontramos en Romanos capítulo 13 que nos habla de la preeminencia del amor.
Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los
espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el
árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni
un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es
cortado y echado al fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el
que me dice: “Señor, Señor ”, entrará en el reino de los cielos, sino el que
hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel
día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera
demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Y entonces les declararé:
“Jamás os conocí; APARTAOS DE MI, LOS QUE PRACTICAIS LA INIQUIDAD.” (LBLA Mt 7:16-23)
Este mensaje se enfoca en la fe probada y aprobada por Dios,
comparándola con el oro que es probado por el fuego para demostrar su
autenticidad y valor, lo cual resulta en alabanza y gloria cuando Cristo
regrese, enseñando que las pruebas son temporales y necesarias para refinar el
carácter del creyente y fortalecer la confianza en Dios, mostrando su
genuinidad y produciendo una fe más preciosa que el oro. A todos los seres humanos se nos ha dado una
cantidad determinada de fe pero debe ir acompañada de amor por el prójimo. La
medida de la fe es un concepto que se menciona en la Biblia, específicamente en
Romanos 12:3. Este versículo dice que la
fe no es algo que todos poseemos en la misma cantidad, y es importante que cada
uno reconozca su propia medida y no se compare con los demás. Además, en 2
Corintios 5:7 se nos recuerda que "por fe andamos, no por vista", lo que significa que
nuestra vida cristiana se basa en la confianza en Dios y en Su Palabra.
Pero Dios nos ha llamado a hacer misericordia, a amarnos a nosotros
mismos, a amar a nuestros semejantes o como no lo dice la Biblia a nuestro
prójimo, pero vemos personas en todas las naciones que dañan a sus semejantes
de todas las maneras posibles, tienen envidiosos, son arrogantes, habla de
Dios, se congregan en diferentes religiones e iglesias, pero su trato hacia los
demás los descubre por sus frutos malos. No se puede decir que aman a Dios, aunque
sepan Biblia o tengan códigos morales y éticos porque no andan en amor.
Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en
amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda
y sacrificio a Dios, como fragante aroma. (LBLA Ef 5:1-2)
Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está
puesto, el cual es Jesucristo. Ahora bien, si sobre este fundamento alguno
edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada
uno se hará evidente; porque el día la dará a conocer, pues con fuego será
revelada; el fuego mismo probará la calidad de la obra de cada uno. Si
permanece la obra de alguno que ha edificado sobre el fundamento, recibirá
recompensa. Si la obra de alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; sin
embargo, él será salvo, aunque así como por fuego. (LBLA 1Co 3:11-15)
La fe de cada ser humano es probada y aprobada en todo tiempo por
Dios, La fe probada y aprobada se refiere a un concepto importante en la vida
cristiana, que implica que la fe de una persona puede ser puesta a prueba a
través de diversas circunstancias y dificultades; cuando la fe es probada, se
demuestra su autenticidad y solidez. Pero nuestra fe también es probada de la
manera que nos comportamos con nuestros semejantes, de la manera en que
manejamos todos nuestros asuntos.
En lo cual os regocijáis grandemente, aunque ahora, por un poco
de tiempo si es necesario, seáis afligidos con diversas pruebas, para que la
prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por
fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de
Jesucristo. (LBLA
1P 1:6-7)
Aquí, el apóstol Pedro nos enseña que las pruebas que enfrentamos
no solo son inevitables, sino que también son parte del proceso de maduración
espiritual. A medida que enfrentamos y superamos las dificultades, nuestra fe
se fortalece y se purifica, similar a cómo el oro se purifica al ser sometido
al fuego. La "fe probada" significa que nuestra fe ha sido sometida a
dificultades y ha resistido, mientras que la "fe aprobada" se refiere
al reconocimiento de que esa fe es genuina y eficaz.
Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de
Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo,
de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo. (LBLA 2Co 5:10)
Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según
su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la
resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible,
incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois
guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que
está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros
os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que
ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho
más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea
hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien
amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os
alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es
la salvación de vuestras almas. 1
Pedro 1:3–9 RVR60
En la Biblia, encontramos ejemplos del tipo de religiosidad en los
fariseos, a quienes Jesús confrontó varias veces. En Mateo 23:27-28, el Señor dijo: "¡Ay de vosotros,
escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois como sepulcros blanqueados, que
por fuera a la verdad se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de
huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros, por fuera a la verdad
os mostráis justos a los hombres; mas por dentro estáis llenos de hipocresía y
de iniquidad".
Veamos que la falsa religión, la falsa fe y el legalismo se
caracterizan por varios elementos negativos como la falta de gracia (Se ignora
la realidad del sacrificio de Cristo en la cruz, que nos da acceso a la gracia)
(Efesios 2:8-9). La salvación
no se gana por obras, sino que es un don de Dios.
El Juzgar a otros (La actitud legalista tiende a juzgar a los demás
de manera severa, basando la aceptación de la persona en su desempeño frente a
las reglas y no en la gracia que todos necesitamos).
La relación superficial con Dios (En lugar de buscar una relación
dinámica y personal con Dios, el legalismo se centra en rituales y normas,
dejando poco espacio para el amor y la relación verdadera que Cristo desea).
La falta de amor (Los fariseos, aunque muy rigurosos en sus leyes,
a menudo carecían de compasión y amor hacia los demás, lo que contrasta con el
mandamiento de amar a nuestro prójimo). (Mateo 22:37-39).
En Gálatas
5:1, Pablo
nos dice: "Estad,
pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra
vez sujetos al yugo de esclavitud". Esto nos invita a disfrutar de la libertad
que tenemos en Cristo, rechazando el legalismo y aceptando la gracia que nos
transforma.
Si llevamos este entendimiento a nuestras vidas, debemos buscar una
fe que se base en el amor, la gracia y la verdad, y no en la mera adhesión a
reglas, a dogmas, a doctrinas, a mandamientos memorizados más no puestos en práctica.
Es un llamado a vivir en la libertad que Cristo nos ofrece y a extender esa
misma gracia a los demás. La falta de amor al prójimo es un tema de gran
relevancia en la enseñanza cristiana y ha sido una preocupación desde los
tiempos del Nuevo Testamento. El amor al prójimo es un mandamiento central en
la fe cristiana y está profundamente arraigado en las enseñanzas de Jesucristo
pero muchos no lo ven como importante y otros ni han entendido la revelación
del evangelio, no les ha alumbrado su entendimiento, viven vidas religiosas y
legalistas y esos en ciertos contextos ya que millones de personas vivie
abiertamente en rebelión contra Dios y su Palabra.
En mi niñez y mi juventud pensaba que por pertenecer a la religión católica
de mis padres y del resto de mi familia ya tenía un lugar asegurado en el cielo,
sin embargo veía cosas en todas las personas a mi alrededor que no estaban de
acuerdo a las lecturas de la Biblia que se hacían en la iglesia.
Era una verdadera contradicción espiritual, porque el mentir, el
decir malas palabras, la envidia y muchas más cosas similares era lo normal. A
mis doce años mi madre fallece y marca un re-inicio en mi vida en donde se me
empieza a abrir mi entendimiento espiritual y Dios me empieza a mostrar a
través de sueños, de visiones, de circunstancias a mi alrededor y a través de
muchas situaciones cosas que más
adelante al empezar a leer la Biblia iba a ir comprendiendo poco a poco
en mi proceso hasta el día de hoy, de quien es Dios, de nuestro Señor
Jesucristo, de nuestro Señor el Espíritu Santo, de que es el reino de los
cielos y domo funciona, de como ese reino opera en medio nuestro y de poder
estar consiente espiritualmente. Eso fue debido al rescate que Dios hizo para
mi em medio de las circunstancias y el lugar y la familia en la que me ha permitido
existir en medio de su eternidad.
Una de las cosas en la que cada día estoy aprendiendo más es que la
iglesia de Jesucristo son las personas rescatadas y compradas por sangre del
cordero, que los dones y llamados son un llamado a servir a los salvos, que el
reino de Dios se manifiesta a través de vidas en las que Cristo y el Espíritu Santo
utiliza pero por voluntad de cada quien porque Dios nos ha dado un libre albedrío
para que escojamos que camino seguir; Dios lo ha hecho todo pues es el Creador,
el Padre Eterno y ha dado dones a la humanidad, ciencia, inteligencia, entendimiento
y cada quien dará cuenta de como los usamos.
De lo que más importa para Dios es que todo lo que hagamos en fe,
sea también acompañado del verdadero amor hacia los demás y es una de las cosas
que hacen falta en estos momentos en toda la humanidad, hay mucha maldad en
todas las naciones, en nuestras sociedades, en nuestras familias, en los
lugares donde vivimos y permanecemos. Acá mi país Colombia, en donde vivo en
Bogotá vemos mucha maldad, la gente no tiene en cuenta a Dios en sus vidas,
muchos se mueven por el dinero, por el poder. por la avaricia, por el amor por
el mundo y las cosas del mundo, muchos piensan que por la ciencia y los avances
que tenemos que Dios no existe, que no es real y se van en rebelión completa,
son millones de personas que van por esos caminos.
En Mateo
22:37-39,
Jesús establece los dos grandes mandamientos: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y grande
mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo." Aquí, Jesús resalta que el amor hacia Dios y el amor hacia los
demás son inseparables.
La falta de amor al prójimo puede tener varias manifestaciones y
consecuencias:
Division y conflicto: Cuando no se ama al prójimo, surgen
divisiones y conflictos. En 1
Juan 4:20,
se dice: "Si
alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso; pues el que
no ama a su hermano, a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ha
visto?" Esto nos muestra la importancia de la autenticidad en nuestra
relación con Dios, que se refleja en nuestras interacciones con los demás.
Falta de compasión: En muchas ocasiones, la falta de amor se
traduce en una falta de compasión hacia aquellos que sufren, están en necesidad
o que están atrapados en circunstancias difíciles. Las historias de las
parábolas de Jesús, como la del Buen Samaritano (Lucas 10:25-37), subrayan la importancia
de mostrar compasión y ayudar a los que están heridos y necesitados.
Juzgar en lugar de ayudar: La falta de amor puede llevar a una
actitud de juicio hacia otros, sin ofrecer apoyo o ayuda. En lugar de buscar la
restauración, algunos pueden caer en la crítica o la condenación, lo que va en
contra del llamado a construir y edificar a nuestros hermanos y hermanas (1 Tesalonicenses 5:11).
Es fundamental cultivar el amor al prójimo a través de la oración, la meditación en la Palabra de Dios y la práctica activa de la bondad, el amor al prójimo no es solo un ideal, sino un mandato que debemos esforzarnos por cumplir. Al amar a nuestro prójimo, demostramos el amor que hemos recibido de Dios, y así nos convertimos en un reflejo de Su luz en el mundo. ¡Sigamos adelante, mostrando amor y compasión a todos los que nos rodean! La vida cristiana es más que asistir a reuniones, es más que cantar canciones espirituales, es más que tener credos, es vivir en el perfecto amor, es caminar una vida llena de misericordia, es poder manifestar a otros lo que hemos aprendido de lo que Dios nos ha enseñado. Bendiciones.

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