Yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos: “Dice Jehová el Señor, el que reúne a los dispersos de Israel: Aún juntaré sobre él a sus congregados”. Isaías 56:7-8.

BIBLIA EN AUDIO MP3 REINA VALERA 1960

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La Biblia

Contiene la mente de Dios, la condición del hombre, el camino de salvación, el destino de los pecadores y la bienaventuranza de los creyentes. Sus historias son verdaderas y sus decretos son inmutables. Léela para ser sabio, créela para ser salvo y practícala para ser santo. Contiene luz para guiarte, alimento para sustentarte y consuelo para animarte. Es el mapa del viajero, es el bastón del peregrino, la brújula del piloto, la espada del soldado, el cielo es abierto y las puertas del infierno son descubiertas. Jesucristo es su tema principal, nuestro bienestar es su propósito y la gloria de Dios es su finalidad. Debe llenar la mente, gobernar el corazón y guiar los pasos. Léela con calma, con frecuencia y con oración. Te ha sido dada en la vida, será abierta en el juicio y será recordada para siempre. Incluye las mayores responsabilidades, recompensará los mayores trabajos y condenará a todos los que tratan con ligereza su sagrado contenido.

miércoles, 8 de junio de 2011

¿Qué clase de líder eres tú?


¿Qué clase de líder eres tú? Un líder abrahámico o un líder moabita.

Esta semana vamos estudiar y a profundizar un poco sobre el tema del liderazgo bíblico tomando dos perfiles de la Biblia. Está dirigido a quienes les gusta servir y darse a la gente por la causa de Jesucristo. Los líderes existimos para guiar y dejarnos guiar, especialmente ser guiados por el Espíritu Santo. Predicamos y enseñamos acerca de ser guiados por el Espíritu Santo, sin embargo, cuando llega el momento nos parece cuesta arriba y hasta no discernimos que nos está guiando. Por lo regular, la dirección del Espíritu de Dios nos introduce en cambios, giros inesperados y creación de nuevos escenarios.


REFLEXIÓN: "...el Señor dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo;...y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas..." (Éxodo 17:5,6) Si quieres saber cuáles son las preguntas, habla con la gente. Si quieres saber cuáles son las respuestas, habla con Dios. De la única forma que puedes guiar al pueblo al propósito de Dios, es después de haberle oído a Él, al Señor. Ocupar el puesto de mando es, a menudo, experimentar la mayor soledad que se puede sufrir lo que te lleva a depender del Señor todo tiempo, porque a veces ves cosas antes que otros, y puede que ellos nunca vean. Pero para eso has firmado el contrato en el lugar que Dios te ha puesto. Por eso, deja de intentar adaptarte a la gente a la cual se supone que tienes que guiar, y ponte al frente. Allí encontrarás aguas saliendo de la Roca, y recursos sobrenaturales, en lugares donde nunca soñaste que los habría. Líder, no puedes llevar a otros donde ni siquiera tú mismo deseas ir. Piensa esto: ¿Cómo puedes enseñar sobre la fe, si nunca te arriesgas a obedecer al Señor? ¿Cómo puedes dirigir en Su casa, si estás fallando en la tuya propia? ¿Cómo puedes enseñar a sembrar y a cosechar, si no puedes mostrar tus propias cosechas? ¡Tú tienes que ir el primero! Dirigir es como conducir un autobús. Algunos se subirán a él, y otros se bajarán, pero tú tienes que continuar conduciendo, haya mucho o poco tráfico, haya mucha gente en el autobús o poca; estén a gusto contigo o quieran echarte de la ciudad. En otras palabras, conduce hasta que puedas decir como Pablo dijo: "...he acabado la carrera" (2ª Timoteo 4:7). ¡Eso es dirigir!
Ciertamente, estamos viviendo una época muy importante en la historia de la Iglesia Latinoamericana. Existen dos tipos de líderes en América Latina, quizás en otros lugares también, pero quiero hablar de lo que más conozco. Están los líderes moabitas y los líderes abrahámicos. ¿Quiénes son? ¿Qué significa esto? Déjeme explicarlo. Dios está interesando en  transformarnos de líderes moabitas a líderes abrahámicos.
 

Líderes moabitas. Quieto estuvo Moab desde su juventud, y sobre su sedimento ha estado reposado, y no fue vaciado de vasija en vasija ni nunca estuvo en cautiverio; por tanto quedó su sabor [sabor, conducta o entendimiento] en él, y su olor [terminado usado para los sacrificios a Dios] no se ha cambiado. Por eso vienen días [períodos], ha dicho Jehová, en que yo le enviaré trasvasadores que le trasvasarán; y vaciarán sus vasijas, y romperán sus odres. Jeremías 48:11-12.

¿Quién fue Moab? Moab significa en hebreo: “La semilla del padre”. Dicho en términos latinoamericanos esto es: “De tal palo tal astilla” o “Igualito que su papá”. ¿Y quién fue el padre de Moab? Moab fue hijo de Lot por su relación incestuosa con su hija luego de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Moab fue el ancestro de los moabitas. El principal defecto de los moabitas fue la arrogancia. No fueron dados a los cambios. La profecía está dirigida a ellos para sacudir su conformidad y su renuencia a cambiar. A muchos siervos les cuesta aceptar los cambios producidos por Dios, les es difícil aceptar las transiciones como venidas de la mano de Dios, y no culpar más a la gente o a las circunstancias cuando a la larga Dios está tratando con ellos para llevarlos de una dimensión a otra. El Señor quiere llevarnos de vasija en vasija para que nuestro sabor no sea el mismo y nuestro olor sea cambiado. Cuando Dios quiere producir un cambio en nuestra vida, primero trata con nuestro corazón, nos lleva a su Palabra, produce ciertas circunstancias sutiles alrededor de nuestro ministerio y comienza a hablarnos suavemente para llevarnos a un desafío de fe. Si no lo entendemos, o peor aún nos resistimos por nuestra arrogancia ministerial, el Señor comienza a enviarnos trasvasadores los cuales no solo nos cambian de vasijas, sino que terminan rompiendo nuestros odres. Por eso vale la pena aprender a entender los tratos de Dios con nosotros, obedecer su llamado y no esperar que lleguen los trasvasadores, porque Dios es misericordioso, pero los trasvasadores no tienen misericordia. Los trasvasadores para Moab eran los ejércitos enemigos, los cuales lo iban a conquistar y sacar de su tierra; pero detrás de ellos estaba la mano de Dios. Si Moab era hijo de Lot y el nombre Moab significa “la semilla del padre”, observemos por un momento la vida de Lot y encontraremos que, efectivamente, Lot también se negó a ser movido, no aceptó las transiciones, y Dios tuvo que usar trasvasadores para él. Dios, sin duda, trató con él a través de las circunstancias previas que rodearon a Sodoma y a Gomorra, para que por su propio pie saliera de esas tierras que estaban bajo juicio; pero Lot no entendió y sostuvo una resistencia pasiva con Dios. Dios en su misericordia le envió dos trasvasadores para sacarlo y moverlo a otra vasija; dos ángeles. 


Notemos en Génesis capítulo 19 la manera como estos ángeles tuvieron que tratar con Lot para sacarlo de allí: Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad. Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad. Gen 19:15-16. Lot no entendió la transición de Dios para él. Y Él le envió trasvasadores, menos mal que ellos fueron trasvasadores de misericordia. Antes, en el capítulo 13 de Génesis, encontramos a Lot negándose a entender otra transición de Dios para su vida. En está ocasión Dios usó otro trasvasador de misericordia y ese fue Abraham. Podemos encontrar que Abraham sí entendía las transiciones de Dios para su vida. Los líderes moabitas son los que resisten los cambios. Se niegan a ser dirigidos por el Espíritu Santo porque no disciernen que es el Espíritu Santo, y se aferran a lo conocido por no entrar a lo desconocido. Por lo cual se estancan en su desarrollo.

Líderes abrahámicos. Subió, pues, Abram de Egipto al Neguev, él y su mujer con todo lo que poseía; y con él, Lot. Y Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro. Y anduvo en sus jornadas desde el Neguev hasta Betel, al lugar donde su tienda había estado al principio, entre Betel y Hai, al lugar del altar que antes había hecho allí; y allí Abram invocó el nombre del Señor. Génesis 13:1-4. Y el Señor dijo a Abram después que Lot se había separado de él: Alza ahora los ojos y mira desde el lugar donde estás hacia el norte, el sur, el oriente y el occidente, pues toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; de manera que si alguien puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia podrá contarse. Levántate, recorre la tierra a lo largo y a lo ancho de ella, porque a ti te la daré. Entonces Abram mudó su tienda, y vino y habitó en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí un altar al Señor. Génesis 13:14-18. Los líderes abrahámicos no se aferran a lo conocido sino que entran en lo desconocido con una clara revelación del destino, por lo cual crecen continuamente. Que la transición del Espíritu nos lleve a ser líderes abrahámicos.


¿Cómo son los líderes moabitas? Están en continua guerra con el cambio, en vez de vivirlo pacíficamente. Combaten continuamente con las transiciones en lugar de manejarlas efectivamente. Se anclan en el pasado y por ello se encuentran incapacitados para tratar con el cambio hoy. Todo cambio los asusta, los hace retroceder; el pasado les da seguridad. Necesitan mantener el control. Los moabitas necesitan creer que ellos están a cargo de sus vidas y de las de otros. Complican sus vidas al punto que toman todo en sus manos para mantenerlo en línea. Tratan estrictamente con los asuntos externos de la situación sin mirar lo interno. La obsesión por el control puede llegar a ser más y más imposible de satisfacer. Luchan por el control de todo y de todos. Los moabitas manipulan lo externo como una respuesta al no poder manejar lo interno. Razonan: “Si no puedo manejar mis sentimientos internos, ya encontraré algo en el mundo externo que pueda cambiar y, seguramente, con eso echaré fuera mis sentimientos internos”. Lo externo es más fácil de manejar que lo interno, por ello su énfasis es lo externo. Imponen reglas, exigen y manipulan aun con lo espiritual. Los moabitas desconfían y sospechan de los demás. Ellos desconfían de todo y de todos. Creen que la vida y la gente están en contra de ellos y, por lo tanto, están siempre a la defensiva para evitar que les tomen ventaja. No saben confiar libremente en aquellos que los rodean. Los moabitas mantienen una desconexión espiritual. No es que no realizan cosas espirituales. Ellos pueden pastorear, predicar, ser líderes denominacionales, etc. Lo que pasa es que no entienden el significado espiritual de lo que están experimentando. No comprenden por qué Dios los está llevando por ese camino. Por lo tanto, lo analizan todo desde una perspectiva humana, sin entender lo divino. Lo pelean en el plano humano y dejan de conectarse con lo espiritual. Si pierden su elección en una Convención no piensan en que Dios les está dando un mensaje de que su tiempo ha finalizado, sino que cuentan los votos y culpan a otros de no haber sido elegidos de nuevo.


Los moabitas no tienen sentido de propósito y no entienden la revelación de su destino. Ellos eluden mantener una declaración de misión. No se preguntan: “¿Por qué estoy aquí?”; “¿hacia dónde Dios quiere que vaya?”; “¿terminó mi tiempo?” Nuestro sentido de propósito emerge de nuestra espiritualidad; si perdemos la conexión espiritual, el asunto del propósito en la vida pierde significado. Los moabitas culpan a otras personas y a las circunstancias de las situaciones en su vida. Cuando algo ocurre: “es la culpa de ellos”; “ellos me hicieron eso”. Juegan el papel de víctimas y culpan a factores externos. Ellos son reactivos no son proactivos. Los reactivos solo responden o reaccionan a las circunstancias, los proactivos hacen que las cosas pasen. Los moabitas se desconectan de sus sentimientos, especialmente los negativos. Ellos no desarrollan un hablar del corazón. Se levantan en familias donde las emociones fuertes no son aceptadas. Siempre dicen: “Yo estoy bien”. Les cuesta llorar en público y demostrar que tienen miedo o que están enojados. Los moabitas tienen pensamientos rígidos. Para ellos todo es blanco o negro, no hay terrenos intermedios. No aceptan la vitalidad ni la frescura de ideas. Se oponen a la renovación. Jamás se atreven a tener una mente abierta. Sus creencias son las únicas y juzgan muy rápido lo que no encaja en sus paradigmas. Los moabitas manifiestan con frecuencia actitudes negativas. Piensan lo peor de cada situación. Son frecuentemente pesimistas. Cualquier nueva experiencia la ven como algo para examinar y tener con mucho cuidado. Los moabitas no aceptan los sistemas de apoyo. A menudos ellos son solitarios. Si tienen amigos, son amigos que comparten lo que ellos creen y piensan. No tener sistemas de apoyo puede ser devastador especialmente en tiempo de crisis. Un sistema de apoyo es un grupo de personas que nos rodean, ante quienes nos hacemos vulnerables, listos para oírles, que pueden amarnos y, por lo tanto, corregir. Los moabitas pierden el balance y sentido de orientación. Ponen énfasis en lo externo y poca atención a las relaciones, la esperanza o crecimiento interno. Van de un extremo al otro y no saben mantener la orientación de sus vidas, por ello comienzan muchas cosas y no terminan ninguna, y quienes los rodean pueden sentir gran confusión.


¿Cómo son los líderes abrahámicos? Un líder abrahámico es alguien que crece vigorosamente y florece en medio de todas las circunstancias. Los líderes abrahámicos están atentos a lo que ocurre tanto interna como externamente. Ellos crecen continuamente en cada circunstancia. Cada transición es una escuela para ellos. El crecer lo toman como un compromiso. Siempre están leyendo, asistiendo a seminarios, hablando con gente que los edifican. Sus anhelos más grandes son aprender y crecer. Saben que su crecimiento interno es la base de todo. Los líderes abrahámicos tiene una motivación interna. No importa lo que atraviesan, se sienten motivados; y cada problema lo ven como un desafío para enfrentar. Tienen un saludable sentido de control en sus vidas. Son personas vibrantes, emocionantes y llenas de calor humano. Los líderes abrahámicos son receptivos a las nuevas ideas. Están abiertos a la renovación; saben que el mundo está cambiando y que ellos necesitan también cambiar. Están seguros que la vida es crecimiento y cambio. Lo que crece cambia. No se aferran al pasado, sino que lo usan para saltar al presente con una clara determinación del futuro. Los líderes abrahámicos tienen una vitalidad espiritual. Sus prácticas espirituales no son religiosas sino vibrantes, llenas de vida; mantienen un caminar continuo con el Señor que se renueva cada día, y sus devociones son estimulantes. No se secan, están como los olivos verdes en el altar de su Señor. Los líderes abrahámicos aman los sistemas de apoyo, saben que solos no pueden seguir, y aman la constelación del líder. Rodeados de Pablos que los enseñan y guían, Bernabés que los confortan y Timoteos a quienes ellos forman y edifican. Los líderes abrahámicos tienen una capacidad de recuperación inmediata. Se recuperan de las crisis y adversidad con asombro. Saben sacar provecho de las noches, como Pablo en la cárcel de Filipos. A veces son sacudidos pero dicen, como el apóstol: “Sacudidos pero no vencidos”. Se recuperan porque saben en su espíritu que la batalla final ya ha sido ganada. Los líderes abrahámicos saben sentir.

Usan los sentimientos fuertes como mensajeros en su movimiento de avance. Saben comunicar sus sentimientos. Son tiernos, dulces y amorosos. Saben llorar, y admiten cuando sienten miedo y temor. Son humanos. Los líderes abrahámicos tienen la habilidad de autonutrirse. Saben escoger lo que los nutre y gastan tiempo en esas actividades, como orar, leer la Palabra, los retiros personales, los ayunos y la edificación mutua. No se sienten bien si no se están nutriendo espiritualmente. Los líderes abrahámicos son proactivos. No esperan que las cosas sucedan para reaccionar, sino que hacen que las cosas sucedan. Su pregunta “¿por qué estoy aquí?” los motiva a mirar adelante. Por ello tienen sentido de propósito. Su creatividad es impresionante, no aman la rutina ni se dejan llevar por la corriente. Saben pararse y marcar el camino en un mundo lleno de confusión. Los líderes abrahámicos son soñadores pero con los pies en la tierra. Sueñan más allá de lo que parece práctico. Rehúsan la expresión: “esto se intentó antes”. Arriesgan grandes sueños, y los mismos llegan a convertirse en realidad. Ven la vida como un juego o una olimpiada, y no como un problema para ser resuelto. Se atreven a ver más allá del promedio. Los líderes abrahámicos ven su vida con la perspectiva divina. No se ven como víctimas de las circunstancias, sino como co-creadores de sus vidas con el Creador de los cielos. Saben, están convencidos, que el Señor está todavía tejiendo sus vidas como hermosos tapices y que no ha terminado aún.


Dejar de ser un líder de papel con pies de barro implica llegar a ser un líder abrahámico, porque en este tiempo final los que son cubiertos con el manto de Abraham llegarán muy lejos. Allá a la distancia, como pequeñas sombras se verán los moabitas, con el mismo sabor, el mismo olor; nada nuevo sucedió en ellos. “Oh, Dios, ayúdanos a ser los líderes abrahámicos. Invitado: Renuevo de Plenitud. Bendiciones.

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