Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

La Justicia de Dios: el Señor Jesucristo°



Salmo 89:14. RVR60. Justicia y juicio son el cimiento de tu trono; misericordia y verdad van delante de tu rostro.

Muchas veces leemos versículos o frases en la Palabra de Dios que no los entendemos a cabalidad porque la Biblia es tan profunda que toma el Espíritu de Dios para que nos ayude a entender lo que nos quiere decir. En esta ocasión, vamos a meditar en parte, con la ayuda del Espíritu Santo, lo que implica el hecho, que hemos sido hechos justicia de Dios en Cristo.

Mateo 6:33. RVR60. Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Mateo 12:18. RVR60. Mirad, mi siervo, a quien he escogido; mi amado en quien se agrada mi alma; sobre el pondré mi Espíritu, y a las naciones proclamara justicia.

Romanos 3:21-23. La Biblia de las Américas. Justificación por medio de la fe. Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y los profetas; es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen; porque no hay distinción; por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.

Romanos 1:17. RVR60. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: MAS EL JUSTO POR LA FE VIVIRA.

2 Corintios 5:21. RVR60. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.

1 Corintios 1:30. RVR60. Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención.

Antes que EL Señor Jesucristo viniera a la tierra, una persona podía tener una relación justa con el Padre Celestial haciendo lo siguiente: Cumplir toda la ley, lo cual era imposible, porque aunque la gente se esforzara a cumplir unos cuantos de esos estatutos, si fallaba o quebrantaba uno solamente, era culpable de quebrantarlos TODOS (Santiago 2:10). No existía una sola persona que pudiera cumplir toda la ley. Además, si quebrantaba una ley, tenía que ofrecer un sacrificio para ser perdonado por haber pecado.

Por lo tanto, para mantener una “relación” con Dios constante, a menudo el pueblo tenía que estar ofreciendo sacrificios a Dios. Ahora, imagínate si Dios no hubiera puesto la provisión del sacrificio desde entonces, cada vez que una persona pecaba, tenía que morir porque esa era la consecuencia de quebrantar la ley, la muerte. Aquí vemos el profundo amor de Dios para los humanos.

Otro aspecto de este estilo de vida, era que el sacrificio para perdón de los pecados, tenía que ser un animal puro, o sea sin defecto alguno (Levítico 3:1). Era el único sacrificio que Dios aceptaba en ese tiempo. Esto, era en sí, una imagen de lo que vendría en un futuro lejano: Jesús, el cordero sin mancha (Juan 1:29 y Hebreos 9:14). Jesús tenía que ser puro y sin mancha, por eso nació sin intervención de hombre, sino por obra del Espíritu Santo (Lucas 1:15). Simplemente, Dios escogió una “vasija”, que fue María, y tenía que ser una mujer virgen. Jesús fue totalmente hombre y totalmente Dios. El Hombre Dios. Por eso, uno de Sus nombres cuando nació fue Emmanuel, que quiere decir “Dios con nosotros”. Jesús tenía que ser hombre de carne y hueso para ser aceptado eventualmente como el sacrificio físico y puro por nuestros pecados.

En otras palabras, alguien tenía que tomar el lugar del culpable en los días del Antiguo Testamento. Cada vez que un cordero era muerto, el animal estaba tomando el lugar de una persona, porque la ley así lo requería (Romanos 6:23). Así que, la vida de la persona era “salvada” por un cordero. Otra vez, todo esto apuntaba al Cordero que un día iba a ser sacrificado por el pecado del mundo entero. Ese cordero fue Jesús, que fue llevado al matadero para ser muerto por nuestros pecados (Isaías 53:7). La Biblia también nos dice, que ese sacrificio se hizo solo una vez por todas (Hebreos 9:12). Este punto es muy importante porque ya no iba a ser necesario un sacrificio más por los pecados futuros. El sacrificio de Jesús fue suficiente para cubrirlo todo.

Este grandioso y costoso plan fue concebido por el Padre y Su gran amor por la humanidad, y las implicaciones del sacrificio de Jesús en la cruz son tan extensas y maravillosas que por la eternidad estaremos contemplando y aprendiendo de este sacrificio. Pero, algo, que una gran parte de la iglesia del Señor no está aprovechando, es el hecho que podemos saborear la nueva vida en Cristo (2 Corintios 5:17) aquí en la tierra y continuar viviéndola en el Cielo cuando dejemos este cuerpo físico.

Contrario a lo que algunos enseñan que tenemos que esperar hasta que lleguemos a nuestro “nuevo hogar” para gozarnos de la vida nueva, una vida sin enfermedades ni pobreza en Cristo Jesús. No. El sacrificio de Jesús fue completo y nos da acceso a la bendición de vivir libre de todas esas maldiciones, porque eso es lo que son, maldiciones. (Deuteronomio 29).

La aceptación de Dios para con el hombre antes de Cristo, estaba basada en nuestro “buen comportamiento” el guardar la ley y los sacrificios de los corderos por nuestros pecados. Ahora con Cristo es totalmente diferente; una vez que le aceptamos a Él como nuestro “sacrificio” personal por el pecado, somos perdonados una vez por todas. Nacemos de nuevo (Juan 3:6-7) a una naturaleza de justicia y no de pecado. En otras palabras, Dios nos mira justos, no por las obras buenas que podamos hacer sino por la obra que Jesús ya hizo por nosotros. Él fue nuestro sacrificio. Cuando el Padre nos mira, está viendo a hombres y mujeres justificados y perdonados (2 Corintios 5:21). Veámoslo de esta manera: Antes estábamos muertos en el pecado, ahora con Cristo, tenemos vida en Él y somos limpios.

Pero, pon atención a esta definición de la palabra “justicia” y nota que así como  vimos en 2 de Corintios 5:21, somos “justicia de Dios en Cristo”. Justicia significa, “Conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene” (Diccionario de la Real Academia Española). En otras palabras, nosotros los que estamos en Cristo Jesús, tenemos todas las virtudes de Jesús en nosotros y eso, es que nos hace “buenos” o justos delante de Dios.

Entonces, debemos de caminar bajo esa conciencia de justicia y no de pecado; debemos de caminar pensando que somos justos y no pecadores. Y si pecamos, tenemos un Abogado que interviene por nosotros ante el Padre que nos perdona porque ya Su Hijo pagó el precio para que mantengamos una comunión constante con Él, pura y santa (1 Juan 2:1-2).

Ahora, ya no estamos amarrados o esclavizados a la ley ni preceptos para tener la aceptación de Dios. Ahora somos libres de ese yugo porque nadie es salvo por la ley (Gálatas 2:16,21), sino que somos salvos por gracia, o sea ese favor inmerecido de Dios y no por “nuestras obras” (Efesios 2:8-9). Pero, pon mucha atención a las palabras del Apóstol Pablo en el libro de Gálatas 5:13 porque esto es lo que nos da el balance, “Hermanos, ustedes han sido llamados a la libertad, sólo que no usen la libertad como pretexto para pecar”.

El diablo es astuto y te va a engañar para que caigas en esa trampa diciéndote, “bueno, como ya Dios te perdonó y te va a perdonar cada vez que peques… sigue pecando…”. Cuidado con esto porque la Biblia dice que Dios no puede ser burlado (Gálatas 6:7), porque Él ve nuestro corazón y nuestras intenciones. Tristemente hay muchos creyentes que viven vidas desordenadas, abusando de la “gracia” de Dios. Ahí mismo en Gálatas 5:16-26, Pablo nos advierte lo que resulta el andar desordenadamente, y nos da un listado, y al final del verso 21 dice, “…Los que practican tales cosas, no heredarán el reino de Dios”. En Juan 3:9 dice el Apóstol Juan, “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”.

Hay dos caminos, el camino de muerte que andan todos aquellos que no han aceptado el sacrificio de Jesús como Salvador y Señor y aquellos que han aceptado el sacrificio y en un tiempo caminaron con Dios; pero, se han vuelto para atrás caminando desordenadamente engañados por Satanás. Y existe el camino de la vida en Cristo o el camino perfecto (Salmo 101:6), que andan todos aquellos que han nacido de nuevo y viven rectos delante de Dios.

No hay nada que podamos hacer en cuanto a obras se refiere, por muy buenas que sean para obtener el favor de Dios. Ya tenemos el favor y el agrado de Dios en Jesucristo cuando aceptamos Su regalo que es Jesús y Su sacrificio en la cruz. Lo que nos toca a nosotros hacer, es  dejar que Él viva en nosotros, “…Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mi” (Gálatas 2:20). También nos dice Pablo que  nosotros tenemos la mente de Cristo (1 Corintios 2:16) y así, podemos servir a Dios, no para que nos ame más, porque Él ya nos amó y lo dio todo para tenernos con Él. Ahora le servimos por amor a Él y por gratitud en nuestros corazones por habernos sacado de la oscuridad a Su reino de luz (1 Pedro 2:9).

La vida eterna que obtenemos por medio de Jesucristo, no comienza cuando lleguemos ante Su presencia en el Cielo, la vida eterna comienza cuanto aceptamos Su salvación por medio de Jesucristo y empieza aquí en la Tierra como nuevas criaturas y continúa por la eternidad.

La justicia de Dios, uno de los atributos más notables de Dios en las Escrituras, es también uno de los más evasivos. Separar la rectitud de Dios de Su santidad o de Su bondad, pareciera ser difícil. Además, la rectitud de Dios, es virtualmente un sinónimo de Su justicia: “Aun cuando la palabra más común para justo en el Antiguo Testamento significa ‘recto’ y en el Nuevo Testamento, la palabra significa ‘igual’, en un sentido ético ambas significan ‘recto’. Al decir que Dios es justo, estamos diciendo que Él siempre hace lo que está correcto, lo que debe hacerse y en forma consistente, sin parcialidad ni prejuicios. La palabra justo y la palabra recto, son idénticas tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento.

La rectitud (o justicia), es la expresión natural de Su santidad. Si Él es infinitamente puro, quiere decir que debe oponerse a todo pecado y esa oposición debe demostrarse en el tratamiento que Él da a Sus criaturas. Cuando leemos que Dios es recto o justo, se nos está asegurando que Sus acciones hacia nosotros, están en completo acuerdo con Su naturaleza santa”.

Hoy en día hablar de justicia, para muchos, es una utopía. Los tiempos no han cambiado. Sigue habiendo explotados y explotadores, marginados y privilegiados, viudas abandonadas y mujeres con todo confort, jueces corruptos e inocentes en las cárceles, presos que se pudren en las celdas y presos en celdas doradas, estafadores que fugan con el dinero de ingenuos ahorristas y vendedores de ilusiones. Ante todo esto, las autoridades se hacen de la vista gorda y no pasa nada.

La justicia en nuestras sociedades tiene un precio. Se ha visto como muchos casos en que delincuentes y terroristas para alcanzar algún beneficio de parte del gobierno, han delatado sin ningún escrúpulo a muchos inocentes que aún siguen en las cárceles. Ahora bien, en medio de todo este ambiente corrupto, está la Iglesia: cada cristiano está llamado a cumplir su rol profético y dar señales de justicia y con ello dar esperanza de que la justicia verdadera triunfará. 

Romanos 1:11-2:16. RVR60. El poder del evangelio. Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.  Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

La culpabilidad del hombre. Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.

Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

El justo juicio de Dios. Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios? ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios.

Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.

"La justicia de Dios" abarca la exhibición completa de los modos de obrar de Dios en Cristo, siendo uno de los menores su cumplimiento de la ley aquí abajo, si hemos de comparar cosas que son todas perfectas en su lugar. Ya que no era el propósito de la ley expresar plena y absolutamente la naturaleza y el carácter de Dios. Ella establecía, si podemos decirlo así, los términos mínimos sobre los cuales el hombre podía vivir delante de Él. Era la demanda de lo que Dios no podía sino requerir, aun de un Israelita pecador, si él pretendía obedecer a Dios. Mientras que, aunque el Señor nació bajo la ley, y se sometió en Su gracia a todas sus demandas, Él fue mucho más allá, aun en Su obediencia viva, e infinitamente más allá en su muerte. Ya que la justicia de la ley no amenaza muerte para el justo, sino que proclama, necesariamente, vida como su porción a quien la magnificase y la honrase.

La justicia de Dios va inmensurablemente más profunda así como más alta. Es una justicia justificadora, no una justicia condenatoria, como la de la ley debe ser para el pecador que no carece de dicha justicia. De ahí que el propio Señor estableció las sanciones de la ley de la manera más solemne, sufriendo hasta la muerte bajo su maldición: Él llevó el castigo del impío, de cuya substitución los Diez Mandamientos no sabían nada porque ellos son ley, y morir así es gracia. No hubo ninguna mitigación, mucho menos anulación, de la autoridad de la ley. La justicia Divina proporcionó a Uno que podía, y lo haría, resolver toda la cuestión para el pecador con Dios. No solamente esto; porque Dios resucitó a Cristo de los muertos. Él "fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación."  

(Romanos 4:25). Él "fue resucitado de entre los muertos, por el glorioso poder del Padre" (Romanos 6:4.VM); en resumen, Su ser moral, Sus propósitos, Su verdad, Su amor, Su relación, estaban en juego en el sepulcro de Cristo. Pero Dios Le resucitó, y Le estableció a Su diestra en el cielo, como parte de Su justicia divina; ya que ningún asiento, ninguna recompensa inferior a esa podía convenir a aquel Uno que había vindicado a Dios en toda Su majestad, santidad, gracia, y verdad; Uno que había, por decirlo así, capacitado a Dios para llevar a cabo Su designio precioso de justificar al impío, siendo Él mismo justo todo el tiempo: el Señor Jesucristo.

Es claro, entonces, que la frase "la justicia de Dios", aunque abarca, sin duda, lo que los Cristianos quieren decir cuando ellos hablan de la justicia de Cristo imputada a nosotros, es una cosa mucho más grande y gloriosa. No sólo incluye aquello que glorificó a Dios en la tierra en obediencia viva, sino la muerte en la cruz, la cual, si ella satisfizo las necesidades más profundas del pecador, quebrantó el poder de Satanás en su última plaza fuerte, y puso el inmutable fundamento para que la gracia de Dios reine por la justicia (Romanos 5:21).

Así, en Romanos 1:17, se dice que la justicia de Dios se revela en el evangelio en contraste con la justicia del hombre demandada en la ley; y siendo revelada, es "por fe" (o, sobre el principio de la fe), no por las obras de la ley; es decir, es una revelación sobre el principio de la fe, no una obra a ser efectuada sobre el principio de la responsabilidad humana. Por consiguiente, es "para fe". Aquel que cree obtiene la bendición.

En Romanos 10, se muestra que ella es incompatible con el hecho de que uno establezca su propia justicia, estando la justicia de Dios completa, y que hay que sujetarse al objetivo de la fe en Cristo, o nosotros no tenemos ni parte ni porción en ella. La Segunda Epístola a los Corintios se eleva más alto, y muestra lo que el santo es, según el evangelio de la gloria de Cristo es hecho justicia divina en Él resucitado y glorificado (2 Corintios 5: 11-21). 

Somos culpables ante Dios y merecemos la pena de muerte, hasta que venimos a Cristo solamente para una posición correcta delante de Dios (Romanos 6:23). La Justicia de Dios es una de las mas grandes y maravillosas obras que nuestro Señor Jesucristo efectuó al morir por nosotros en la cruz del calvario. La Justicia de Dios se manifiesta en nuestras vidas cuando recibimos a Jesús como nuestro Señor y Salvador. Cuando Jesús muere y me quita todos los pecados, eso solo me deja en una posición neutral en relación a Dios. El solo hecho de ya tener los pecados perdonados, no me hace aceptable ante los ojos del Padre. Para poder ser aceptable necesito más que el perdón de pecados, necesito la adición de la Justicia de Cristo.

También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. (Romanos 5:2).


Juan 5:24. Palabra de Dios para Todos (PDT). Les digo la verdad: si alguien oye mis palabras y cree en el que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, porque ya ha pasado de la muerte a la vida. Bendiciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario