Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

domingo, 14 de agosto de 2016

El poder de la alabanza en el cristiano°


Comienza a darle tu mejor alabanza y tu mejor adoración a Dios y veras el poder que fluirá en ti y muchas cosas ocurrirán en tu vida y en los demás.

Este pueblo he creado para Mí, mis alabanzas publicará. Isaías 43:21. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. 1 Pedro 2:9.


En estos últimos tiempos en todas las iglesias cristianas del mundo es muy normal hablar de la alabanza y de la adoración, pero es muy conveniente poder meditar de una manera más profunda sobre este tema, ya que al parecer, en el medio cristiano se habla mucho de ella, pero el sentido en que se usa se ha vuelto ligero y principalmente enfocado hacia el aspecto musical; ante esta situación es necesario estudiar y considerar su significado, su importancia en la vida del creyente, sus prácticas y sobre todo el impacto que debe producir en nuestras vidas.

La alabanza y la adoración a Dios es producto del trabajo del espíritu Santo en nuestra vida. Por eso la Palabra nos enseña a adorar a Dios en espíritu y en verdad. Juan 4:23-24. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Alabar a Dios significa para el cristiano el reconocer y proclamar su grandeza Is. 12:4-6; Sal. 29:1; Sal. 96:1; Sal. 104:1; Sal. 145:1; Lc. 2:13-14, su bondad inagotable 1 Sam. 2:1-10; Sal 30:34, su fuerza salvadora y liberadora Éx. 15:1-21; Is. 25:15; Sal. 71; Sal. 146; Lc. 1:46-55, su amor y su fidelidad Sal. 89:1; Sal. 106:1; Sal. 107:1; Sal. 117:1.

De ahí que alabanza, adoración y acción de gracias sean conceptos profundamente afines. Lo específico de la alabanza es que se centra en Dios mismo más que en sus dones. Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios se hace visiblemente presente en Cristo; y a partir de este momento la alabanza a Dios se realiza en Cristo, con Cristo y por Cristo Lc. 2:13. Lc. 2:20; Lc. 18:36; Lc 19:37-38. Incluso Cristo en persona es objeto directo de esta alabanza Mt. 21:9; He. 19:17; Ap. 5:9.

La biblia enseña en el Salmo 22:3. Dios habita en la alabanza de su pueblo. La alabanza es la manera como nosotros expresamos a Dios nuestro agradecimiento por su misericordia a nuestro favor, en todo momento no importa las circunstancias que estemos pasando, si estamos en medio de pruebas, aflicciones, o de la bendición, debemos alabarle y ofrecer sacrificio de alabanza que broten de nuestros corazones y de nuestros labios ya que el gozo del señor es nuestra fortaleza. La biblia enseña que cuando lo alabamos obtenemos fortaleza para continuar.

Nehemías 8:10 b. No os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza. Hechos 16:22-28. Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas. Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí.

Este es uno de los pasajes poderosos que nos habla la Biblia, acerca del adorar y alabar a Dios no importando la situación en que nos encontremos. Pablo y Silas habían sido puestos en la cárcel por cumplir con el ministerio del Señor.  Dice la Palabra de Dios que fueron golpeados, torturados y encarcelados en una prisión, atados de manos y pies con cadenas y grilletes como criminales peligrosos, sin ninguna posibilidad de poderse mover ni mucho menos escapar.

Pero lo impresionante de esta historia era la libertad de espíritu que poseían estos siervos de Dios, que no importando el dolor de su cuerpo y todos los maltratos que recibieron, tenían un canto para Dios en medio de la oscuridad. Esto nos lleva a aprender cuales son esos principios que Dios nos enseña en su Palabra para poder superar una situación terrible a través de la alabanza a Él.

La Biblia toda está llena de explosiones de alabanza. Surgen espontáneamente del “sentimiento básico” de gozo que señala la vida del pueblo de Dios. Dios se complace y se deleita en las obras de su creación (Gn. 1; Sal. 104:31; Pr. 8:30–31), y toda la creación, incluyendo los ángeles, expresa su gozo en alabanza (Job 38:4–7; Ap. 4.6–11). También el hombre fue creado para regocijarse en las obras de Dios (Sal. 90:14–16) y cumple este propósito cuando acepta las dádivas de Dios (Ec. 8:15; 9:7; 11:9; Fil. 4:4,8.

La llegada del reino de Dios en medio de la humanidad está enmarcada por la restauración del gozo y la alabanza en el pueblo de Dios y en toda la creación (Is. 9.2; Sal. 96.11–13; Ap. 5.9–14; Lc. 2.13–14), anticipo de lo cual ya se tiene en el ritual y el culto del templo, en el que la alabanza surge del puro gozo que despierta la presencia redentora de Dios (Dt. 27.7; Nm. 10.10; Lv. 23.40).

La alabanza a Dios se rinde en la tierra por sus obras de creación y redención (Sal. 24; 136), siendo ella un eco en la tierra de alabanza en el cielo (Ap. 4.11; 5.9–10). En consecuencia, la alabanza es una marca del pueblo de Dios (1 P. 2.9; Ef. 1.3–14; Fil. 1.11). El rehusarse a darla es la marca de los impíos (Ro. 1.21; Ap. 16.9).

Pero con frecuencia también se ordena a los hombres alabar a Dios como un deber, y evidentemente en este caso la alabanza no puede depender del estado de ánimo, de los sentimientos o las circunstancias (Job 1.21). El “alegrarse delante de Dios” es parte del ritual ordenado para la vida cotidiana de su pueblo (Dt. 12.7; 16.11–12), en que los hombres se estimulan y se exhortan mutuamente a la alabanza.  Aunque hay salmos que expresan la alabanza del individuo, siempre se ha considerado que la alabanza se expresa mejor en el seno de la congregación (Sal. 22.25; 34.3; 35.18), donde la alabanza no sólo da honor y placer a Dios (Sal. 50.23), sino que también obra como testimonio de y ante el pueblo de Dios (Sal. 51.12–15).

Los levitas eran los encargados de elaborar los complejos preparativos para la expresión de la alabanza en el templo. Se utilizaban salmos en la liturgia y en las procesiones sagradas con “voces de alegría y de alabanza” (Sal. 42.4).  Probablemente el canto era antifonal y comprendía dos coros, o solista y coro. El baile, desde los tiempos más antiguos medio de expresión de alabanza (Ex. 15.20; 2 S. 6.14), también se utilizaba para este fin en el templo (Sal. 149.3; 150.4). El Sal. 150 proporciona una lista de instrumentos musicales que se utilizaban en la alabanza.

Los cristianos primitivos continuaron concurriendo al culto en el templo para expresar su alabanza (Lc. 24.53; Hch. 3.1). Pero al haber experimentado nueva vida en Cristo, era inevitable que dicha experiencia se expresase en nuevas formas de alabanza (Mr. 2.22). El gozo era el estado de ánimo dominante de la vida cristiana, y aunque no se describe o prescribe explícitamente la adoración y la alabanza formales que el mismo inspiraba, la razón es que en buena medida su práctica se daba por sentado.

Así como aquellos que experimentaron o fueron testigos del poder sanador y purificador de Cristo estallaban en alabanza espontáneamente (Lc. 18.43; Mr. 2.12), también en la iglesia apostólica hay frecuentes ejemplos de tales testimonios espontáneos, que se iban manifestando a medida que los hombres comenzaban a ver y comprender el poder y la bondad de Dios en Cristo (Hch. 2.46; 3.8; 11.18; 16.25; Ef. 1.1–14).

Muchas veces pensamos que solo debemos alabar a Dios cuando estemos bien y que Dios no nos debe exigir alabanzas a Él cuando estamos en medio de problemas, enfermedades, peligros, etc. Cuando amamos al Señor, nuestra vida gira toda en torno a Él. La alabanza a Dios no tiene que ver sólo con música, la alabanza a Dios es aquella gratitud que sale de lo más profundo de tu corazón por lo que Dios ha hecho en tu vida; que en todo tiempo quieres decirle a Dios cuanto le amas. Es entonces que las circunstancias de tu medio ambiente no interfieren en esa devoción hacia Dios.

El mundo tiene que escuchar nuestra alabanza a Dios. Muchas veces el mundo no se da cuenta de nuestra relación con Dios porque no la damos a conocer. Alabar y adorar a Dios en todo tiempo es una buena forma de testificarles a los demás quien es Dios y que es lo que hace Dios en nuestra vida.

Hay muchas personas a nuestro alrededor que están encadenadas, frustradas, tristes y lo que necesitan es conocer a ese Dios que puede transformar su ambiente y dar paz y gozo a sus vidas; con nuestra alabanza podremos comunicar el amor de Dios a esas personas. Cuando alabamos a Dios salimos de los límites naturales y entramos en el mundo espiritual, porque es la forma de comunicarnos libremente con Dios. Debemos entender muy bien este principio. Cuando alabamos y adoramos a Dios en espíritu y en verdad, entramos inmediatamente al mundo espiritual y removemos todas las fuerzas del diablo que atan la vida de las personas.

Es entonces que sucede lo sobrenatural, las vidas son liberadas y transformadas. Eso sucedió en aquella noche oscura, cuando Pablo y Silas comenzaron a alabar a Dios, su canto traspaso el mundo físico y sucedió un hecho sobrenatural; vino un terremoto que sacudió los cimientos de aquella prisión y rompió las cadenas de Pablo y Silas y de los demás presos.

Colosenses 3:16-17. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

La alabanza ha sido por generaciones una de las experiencias más maravillosas a través de la cual los creyentes de todas las generaciones, y los ángeles de los cielos también, han podido expresarle a Dios cuanto le aman y le exaltan. Toda la historia de la Biblia contiene episodios preciosos de alabanza y exaltación al Dios Todopoderoso; por ejemplo, Miriam y Moisés alabaron a Dios cuando Él abrió el Mar Rojo delante de ellos para librarlos de los egipcios: Éxodo 15:1-2. Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; Ha echado en el mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico, Y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré.

Quizá uno de los pasajes más hermosos e impactantes del Antiguo Testamento que nos revelan el poder extraordinario de la alabanza se encuentra en 2 Crónicas 5, cuando Salomón ordenó que el arca fuera trasladada al templo. Después de haber construido el templo por siete años y seis meses, quedó terminado en el año undécimo de Salomón (959 a.C.). La dedicación se llevó a cabo durante la fiesta de los tabernáculos para estrenar el Templo.

Para un judío de la época, el templo de Jerusalén era muy importante por lo siguiente: El templo era el centro del culto en donde se convocaba a los hombres a adorar al único Dios vivo y verdadero a través de las generaciones. El templo era el símbolo de la presencia de Dios con su pueblo. El templo era el símbolo del perdón y de la gracia y recordaba la gravedad del pecado junto con la disponibilidad de la misericordia. El templo preparó al pueblo para el verdadero Cordero de Dios, Jesucristo que iba a quitar el pecado del mundo. El templo era el lugar de oración y exaltación a Dios por excelencia.

Durante esta dedicación del Templo, los levitas y sacerdotes se prepararon para alabar al Señor, avanzaron hacia la presencia de Dios con gran deseo de encontrarse con Él y esto produjo que la Gloria de Dios cayera sobre ellos en el templo.

2 Crónicas 5. Acabada toda la obra que hizo Salomón para la casa de Jehová, metió Salomón las cosas que David su padre había dedicado; y puso la plata, y el oro, y todos los utensilios, en los tesoros de la casa de Dios. Entonces Salomón reunió en Jerusalem a los ancianos de Israel, y todos los príncipes de las tribus, los jefes de las familias de los hijos de Israel, para que trajesen el arca del pacto de Jehová de la ciudad de David, que es Sión. Y se congregaron con el rey todos los varones de Israel, para la fiesta solemne del mes séptimo.

Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel, y los Levitas tomaron el arca: Y llevaron el arca, y el tabernáculo de reunión, y todos los utensilios del santuario que estaban en el tabernáculo: los sacerdotes y los Levitas los llevaron. Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había reunido con él delante del arca, sacrificaron ovejas y bueyes, que por ser tantos no se pudieron contar ni numerar.

Y los sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová en su lugar, en el santuario de la casa, en el lugar santísimo, bajo las alas de los querubines: Pues los querubines extendían las alas sobre el lugar del arca, y los querubines cubrían por encima así el arca como sus barras.  E hicieron salir las barras, de modo que se viesen las cabezas de las barras del arca delante del lugar santísimo, mas no se veían desde fuera: y allí están hasta hoy.

En el arca no había más que las dos tablas que Moisés había puesto en Horeb, con las cuales Jehová había hecho pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto. Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, (porque todos los sacerdotes que se hallaron habían sido santificados, y no guardaban sus turnos; y los levitas cantores, todos los de Asaf, los de Hemán, y los de Jedutún, juntamente con sus hijos y sus hermanos, vestidos de lino fino, estaban con címbalos y salterios y arpas al oriente del altar; y con ellos ciento veinte sacerdotes que tocaban trompetas:) Cuando sonaban, pues, las trompetas, y cantaban todos a una, para alabar y dar gracias a Jehová: y a medida que alzaban la voz con trompetas y címbalos y otros instrumentos de música, y alababan a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre: entonces la casa se llenó de una nube, la casa de Jehová. Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios.

Para desarrollar una vida de alabanza es importante en primer lugar prepararse para la alabanza. Dios demanda santidad, unidad, disciplina y orden en la vida de sus hijos. En segundo lugar debemos alabar a Dios sonando trompetas, cantando a una sola voz, dándole gracias, y declarando la Palabra de Dios. Como resultado, la Gloria de Dios cae sobre nuestras vidas para sanarnos, para liberarnos, para guiar nuestras vidas.

La alabanza trae consolación en los momentos difíciles. La alabanza tiene un poder unificador capaz de llenar toda nuestra vida. El poder de la alabanza es algo que como cristianos tenemos que conocer, alimentar nuestra fe y nunca dejar de creer en Dios. En la adoración y la fe viva hay mucho poder, más del que podemos imaginar, pero debemos venir ante Dios creyendo de todo corazón, pues hasta la duda es pecado porque implica falta de confianza en nuestro Señor.

Conocer el poder que hay en glorificar a Dios, es sumamente importante para cada cristiano, por lo que sin importar la situación del momento, nunca dejes de alabar y adorar a tu creador, pues él es merecedor de eso y mucho más. 

Bendiciones.

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