Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

domingo, 16 de octubre de 2016

Jesucristo, el buen Pastor°


En muchos momentos de su historia, el pueblo de Dios se encontró sin rumbo y sin camino, en desconcierto y abandono total, esto por falta de verdaderos pastores. El ministerio de Jesús y su enorme compasión por las multitudes resulta muy instructivo, especialmente si recordamos que en aquellos días los síntomas de la religiosidad judía parecían indicar que esta era benéfica para las multitudes. Existían diversos grupos religiosos, grandes multitudes acudían a las celebraciones litúrgicas anuales, en el templo se ofrecían diariamente muchísimos sacrificios y ofrendas, y un considerable número de gentiles o paganos asistía semanalmente a las sinagogas para oír la Palabra de Dios.



Sin embargo, no existía un genuino liderazgo espiritual en la nación. Por eso Mateo dice que Jesús al ver las multitudes tuvo compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tiene pastor. Por supuesto, el pueblo judío tenía muchos líderes religiosos, pero carecía de pastores verdaderos. Eran muchos los que se aprovechaban de la fe de las multitudes para su beneficio personal (como el sumo sacerdote que controlaba el lucrativo negocio de las pieles de los animales sacrificados en el templo) y escasos aquellos que servían a sus ovejas, alimentándolas, protegiéndolas y guiándolas en los duros caminos de la vida diaria. Hoy día vivimos una realidad similar y necesitamos pastores que sean como Jesús.

Marcos 9:35-38. Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

En la siguiente porción del Evangelio de Juan hallamos una de las metáforas más hermosas para describir la persona y la obra de Cristo. Habla por sí sola; pero sólo captaremos toda la profundidad de su significado si nos situamos en el contexto del momento histórico en que Jesús pronunció las palabras de su enseñanza.

Juan 10:7-18. Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.

Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

La metáfora del pastor, en tiempos antiguos, se refería a una persona con autoridad religiosa o política, un gobernante o un líder destacado. En el Antiguo Testamento Yahvéh (nombre de Dios en Israel) era el pastor de su pueblo (Gn. 49:24; Sal. 23:1). El propósito de Dios era pastorear a su pueblo por medio de sus gobernantes. Algunos de estos líderes fueron modelos, dechados de fidelidad, dignos de ser imitados. Tal fue el caso de Moisés, Josué, David, los profetas, etc.

Pero no todos los pastores fueron en Israel dignos de la confianza divina. Jeremías (Jer. 2:8, Jer. 10:21) y Ezequiel (Ez. 34) entre muchos otros pasajes nos hablan del peligro de los «malos pastores». Éstos, sin embargo, no prevalecerán; su ambición y su maldad será contrarrestada por la justicia de Dios que ensalza al Pastor por excelencia: su Hijo amado. Cuando Jesús repite: «Yo soy el buen Pastor» sus palabras están cargadas de contenido en un contexto de dramatismo. De las autoridades religiosas de Israel tuvo Jesús una opinión muy poco edificante; veía al pueblo, objeto de su solicitud, víctima de la soberbia y la malevolencia de sus dirigentes. A ellos se refirió el Señor con estas duras palabras: «Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores, pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta, el que por mi entrare, será salvo» (Jn. 10:8-9). Esta salvación que Cristo ofrece a los seres humanos es hoy tan preciosa como la de sus días en la tierra.

El texto de Juan podemos dividirlo esquemáticamente en dos partes: en la primera se nos muestra al Pastor en relación con las ovejas, la obra del Pastor; en la segunda, lo que las ovejas hacen en relación con el Pastor, su reacción. En el presente artículo nos centraremos en el primer aspecto.

La obra del Pastor. La grandiosidad del contenido de esta obra contrasta con la sencillez de su descripción: el Pastor conoce a sus ovejas, las llama, las conduce sabiamente y con amor, protegiéndolas de robo y destrucción, poniendo finalmente su vida por las ovejas (Jn. 10:1-15).

Conoce a sus ovejas (Jn. 10:14). Aunque todas parezcan iguales, cada una posee sus rasgos característicos inconfundibles, y a cada una la llama por su nombre (Jn. 10:3). Este detalle es tan singular como inaudito: el cristianismo es la única religión en la que Dios es el Todopoderoso, trascendente, y al mismo tiempo el Padre cercano, el Abba íntimo que nos conoce por nombre. En la Biblia el verbo conocer tiene esta connotación afectiva y de intimidad que alcanza su máxima expresión en el buen Pastor que nos conoce.

De esta manera, el Pastor distingue la valía de cada uno de nosotros individualmente. Me conoce a mí y a cada uno de sus redimidos, conoce todos nuestros defectos, nuestra tendencia a la incredulidad, nuestras pasiones, todo lo que escondemos para salvar nuestra deteriorada imagen. Pero también nos alienta como se nos enseña de forma tan memorable en el salmo del pastor por excelencia, el Salmo 23.

Las conduce, las llama (Jn. 10:3) Es un llamamiento triple: a la salvación, al seguimiento y al servicio. Sólo así se autentifica el discipulado cristiano.

Las saca fuera (Jn. 10:3) Se trata de una acción hondamente significativa del pastor. Las ovejas han estado en el aprisco para ser resguardadas de la intemperie. Pero sería un error quedarse indefinidamente en el refugio. Se debilitarían peligrosamente. Han de salir para evitar su anquilosamiento.

Esta metáfora es válida también para los seres humanos. Cuando estamos instalados en situaciones más o menos agradables nos gustaría quedarnos, perpetuar estos momentos. Recordamos a Pedro, Jacobo y Juan cuando querían permanecer en el monte de la Transfiguración indefinidamente con el Señor. ¡Imposible! Por toda respuesta a su petición, el Señor Jesús les mostró el cuadro de sus sufrimientos y su humillación (Mr. 9:6-12). Cada nueva situación, aunque de entrada nos parezca desagradable, nos abre la puerta a nuevas oportunidades con renovadas bendiciones. La vida es una sucesión de situaciones nuevas; unas de bienestar; otras desagradables, más o menos dolorosas. Y todas llevan el sello de la transitoriedad.

Va delante de ellas (Jn. 10:4) El Pastor no saca las ovejas para luego dejarlas solas. Está con ellas y va delante de ellas. Según Mateo, las últimas palabras del Señor fueron precisamente para recordarnos esta gloriosa realidad: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt. 28:20). Ésta es la inefable y constante experiencia del creyente en tanto que oveja del buen Pastor: «De ningún modo te dejaré ni te desampararé» (Heb. 13:5).

Las guarda (Jn. 10:28-29) Las ovejas están sujetas a múltiples peligros y adversarios. Peligros en nuestra vida individual y peligros como pueblo de Dios. El mismo Señor Jesús dijo: «He aquí yo os envío como corderos en medio de lobos» (Lc. 10:3). Igualmente, en la oración modelo, el Padrenuestro, se nos enseña a pedir «líbranos del mal» (Mt. 6:13).

Pese a todo, las circunstancias de nuestra vida están bajo el control del Señor Todopoderoso, siempre sabio y bondadoso. El Pastor no saca del aprisco a sus ovejas para que caigan en un precipicio. A veces nos llevará por caminos ásperos y peligrosos. Él sabe cuándo ha de probarnos y cuándo ha de consolarnos y confortarnos en «lugares de delicados pastos y de reposo». (Sal. 23:2). Como ya apuntamos, este precioso salmo atesora una riqueza espiritual inagotable y es un complemento ideal del texto que estamos considerando. El creyente hará bien en retenerlo en su mente y en su corazón.

Les da vida (Jn. 10:10) Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. así como yo conozco al Padre y pongo mi vida por las ovejas. (Jn. 10:15).

El clímax de la obra de Jesús como el buen Pastor se encuentra en su faceta redentora. Quizás un pastor humano fiel llegue arriesgar su vida por el rebaño, enfrentándose a un lobo o a cualquier situación de sumo peligro. Pero cuando Jesús da su vida por las ovejas las está salvando de la condenación para darles vida eterna (Jn. 3:17-18). La dimensión redentora del buen Pastor -Jesucristo- es única e insustituible. Nadie más, ningún otro pastor, puede llegar a decir: «He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia». La vida que Cristo nos ofrece es abundante no sólo por su duración -vida eterna-, sino por su calidad.

¡Qué gran privilegio ser oveja del buen Pastor! Él nos conoce por nombre, nos guía, nos protege y con su muerte nos da la vida. Ante estas preciosas realidades nos unimos al autor del conocido himno y exclamar:

Isaías 50:10. ¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios.

El poder de nuestro Dios se manifiesta cuando nosotros vamos más allá de nuestras posibilidades y confiamos en su Palabra que es viva y eficaz, que permanece por la eternidad; cuando todas las circunstancias no parecen tan claras, cuando el cielo lo vemos lleno de nubes negras, él Señor está ahí para guiarnos y ayudarnos a pasar al otro lado; las pruebas pasarán, las situaciones difíciles pasarán, las personas pasarán, la oposición pasará, la persecución pasará, sólo Dios es eterno.

Éxodo 13:17. Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se vuelva a Egipto.

Dios guía verdaderamente, aunque haya muchas personas que aún puedan dudar, el liderazgo personal de Dios pertenece a la fe bíblica; es la herencia del pueblo de Dios. Podemos esperar que Dios nos dirija personalmente. Antes que llegara la palabra de Dios escrita, nuestro Dios dirigió a su pueblo usando medios extraordinarios, antes de que el Espíritu Santo morara en cada creyente. Dios utilizó varios medios visibles para guiar a su pueblo.

Nosotros que tenemos la Palabra escrita, y al Espíritu Santo obrando podemos aprender principios de dirección divinos de aquellos que dependieron de otros medios instituidos por nuestro Dios para hablar al hombre.

Dios protege de enemigos que no vemos. Salmo 33:18-22. He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en tiempo de hambre. Nuestra alma espera a Jehová; nuestra ayuda y nuestro escudo es él. Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado. Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros, según esperamos en ti.

A veces nuestro Dios nos guía por caminos, que en la mayoría de las veces no entendemos y escapa a nuestra lógica. Lógica humana, mortal y por cierto limitada. El camino evidente y lógico para ir de Egipto a la tierra prometida era bordeando el mar, en lugar de ello, Dios envió al pueblo hacia el sur cuando necesitaba ir hacia el nordeste. Dios envía frecuentemente a su pueblo por el camino más largo, y en cuantas y bastantes ocasiones así lo sentimos en nuestro actuar secular y cotidiano, el apóstol Pablo fue camino a Roma por el camino más largo. ¿Por qué será así el actuar de nuestro Dios que no comprendemos?, ¿Por qué a veces nos sentimos como no oídos ni comprendidos por Dios? ¿Por qué a veces sentimos que sabemos más que Dios y queremos ayudarle diciendo el camino y la dirección a tomar?

El camino más largo es a veces el más seguro. Nuestro Dios sabía que los filisteos vivían en el camino hacia la tierra prometida, y sabía que su pueblo aún no estaba preparado para enfrentarse a lo que ni siquiera sabía que estaba ahí, lo más probable que si se hubiera enfrentado a los belicosos filisteos, hubiera vuelto a Egipto, con el concepto de tener un Dios limitado e inclusive reducido y minimizado.

Se hubiera cambiado el enfoque de preparación del pueblo en Obediencia a Dios El camino más largo nos ayuda a prepararnos mejor para enfrentar lo desconocido y nos ayuda a comprender mejor la situación ¿Cómo nos guía Dios por medio de dar rodeos? A veces lo hace porque sabe que no estamos preparados para enfrentar la situación que se nos presenta, o a veces lo hace como una exhortación misericordiosa de volvernos a Él. Cuando nuestro pensamiento nos atenace al decirnos que vamos por el camino largo, y queramos ayudarle a Dios mismo, pensemos que nuestro Dios sabe más que nadie lo que tal vez no podemos afrontar aún.

Dios nos recuerda la fidelidad que podemos olvidar. Éxodo 13:19. Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros.

Jeremías 29:11-14. Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.

La fidelidad de Dios en el pasado nos da la confianza para su liderazgo en el futuro. Siglos antes, el patriarca hebreo José hizo prometer a los suyos que llevarían sus huesos con ellos a la tierra prometida. Cuando se llevaron sus huesos, en el éxodo reconocieron que nuestro Dios cumple fielmente todas sus promesas, llegado el tiempo Dios ha cumplido todas las promesas dadas a su pueblo, hemos de hacer memoria de la dirección de Dios.

Nuestra esperanza futura de dirección divina se basa en la experiencia de cada uno de la fidelidad divina El Dios que fue nuestro apoyo en el pasado, el Dios que fue el apoyo del pueblo de Israel en siglos pasados, ese Dios que hizo los cielos y la tierra, que dio a su Hijo en expiación de nuestros pecados, ese Dios que levanto a su pueblo de una manera portentosa luchando contra enemigos mucho más fuertes y poderosos, ese Dios es nuestra esperanza hoy y en los años venideros.

Dios nos conduce en una dirección que no podemos explicar. Nuestro Dios nos guía de una forma oportuna, dando su dirección justo en el momento adecuado. Etam estaba al borde del desierto, podían llegar a Etam sin dirección sobrenatural, pero más allá de Etam no había camino a la vista, el desierto traicionero se extendía hacia el horizonte, cuando el pueblo necesitó la dirección divina, Dios proveyó lo necesario: Una columna de nube y de fuego. Dios nos guía al misterio, la nube era: Éxodo 14:20 “... y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros.” Los Egipcios veían solo oscuridad, mientras Israel veía la luz, el pueblo de Dios puede siempre detectar su dirección, el mundo no ve nada donde nosotros como creyentes e hijos de Dios vemos la mano poderosa de nuestro Señor.

La dirección sobrenatural divina, es para su pueblo espiritual, el mundo ve una nube obscura. Dios nos guía desde adelante Éxodo 13:22 “Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.” La columna de fuego estaba usualmente delante del pueblo. Dios nos mueve hacia su futuro. Sin embargo hay ocasiones en que Dios nos protege de nuestro pasado. Él se sitúa entre nosotros y lo que pueda haber detrás, y nos rodea. Dios nos guía ahora con su palabra.

La nube de luz se fue, y ahora la palabra de Dios es la lámpara y la luz. Salmo 119:105 “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino." Ha puesto su dirección en su palabra por medio de su Espíritu. Su palabra va delante en el futuro y nos protege de los embates de la vida. El señor Jesús es tanto el autor como el consumador de la dirección de Dios. Él Señor es el buen pastor. 

Todos hemos sido llamados para servir y trabajar para la obra del Señor. Levántate y se valiente porque Dios es todo suficiente para nuestras vidas, pero debemos enfocarnos en conocerlo, en obedecerle conforme a lo que nos ha sido revelado en la Biblia, debemos buscar su presencia y su dirección en todo momento, debemos tener la actitud de agradarle por encima de todas las cosas. Que el tiempo que nos permita el Señor estar en esta tierra alcancemos los planes divinos para nuestras vidas. Necesitamos que nos sea dado el entendimiento espiritual y la revelación divina para seguir adelante en medio de estos tiempos. Veamos lo que nos enseña el Señor a través de la vida y el llamamiento de Josué. Bendiciones.

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