Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

martes, 6 de febrero de 2018

Sentados en el reposo juntamente con Cristo en los lugares celestiales-


Efesios 2:4-8. La Biblia de las Américas (LBLA). Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados), y con El nos resucitó, y con El nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios

Es bueno y necesario que nosotros como hijos de Dios (la iglesia de Cristo), conozcamos, entendamos y vivamos de acuerdo a la verdad espiritual, de que el Padre Celestial nos ha sentado en lugares espirituales en Cristo, de que estamos sentados en el reposo de Dios, el lugar preparado para nosotros desde antes de la fundación del mundo, que entendamos que operando nuestras vidas desde esta posición espiritual, somos ungidos y revestidos por la unción y el poder del Espíritu Santo para alabanza de su gloria.

Colosenses 3:1-2. Nueva Traducción Viviente (NTV). Vida nueva con Cristo. Ya que han sido resucitados a una vida nueva con Cristo, pongan la mira en las verdades del cielo, donde Cristo está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios. Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra.

Nuestra doctrina acerca de este tema debe ser clara y fundamentada en la ROCA ETERNA: JESUCRISTO; debemos desear y pedir que seamos llenos de conocimiento espiritual, que seamos llenos de entendimiento espiritual, debemos anhelar y pedir ser llenos del perfecto amor, debemos anhelar y pedir dirección por parte del Espíritu Santo, debemos desear y pedir el discernimiento espiritual, debemos colocar en nuestro corazón el hacer la voluntad de Dios para nuestras vidas.

Vamos a estudiar la carta a los Efesios para tomar de estas verdades y como base, veremos algunos aspectos que nos dejó el pastor WATCHMAN NEE, quien ya hace tiempo murió y quien se encuentra en la presencia del Señor; este ministro ha sido uno de los grandes maestros usados por el Espíritu Santo en nuestra época, trayendo la revelación de las escrituras de una manera práctica y vivencial para su el pueblo de Dios, la iglesia de Jesucristo en todas las naciones de la tierra.

Efesios 1:9-11. Nueva Traducción Viviente (NTV). Ahora Dios nos ha dado a conocer su misterioso plan acerca de Cristo, un plan ideado para cumplir el buen propósito de Dios. Y el plan es el siguiente: a su debido tiempo, Dios reunirá todas las cosas y las pondrá bajo la autoridad de Cristo, todas las cosas que están en el cielo y también las que están en la tierra. Es más, dado que estamos unidos a Cristo, hemos recibido una herencia de parte de Dios, porque él nos eligió de antemano y hace que todas las cosas resulten de acuerdo con su plan.

Toda la carta a los Efesios nos lleva a aprender y comprender como debemos vivir la verdadera vida cristiana de una manera practica en todos nuestros asuntos, en todas las esferas y lugares en dónde Dios nos ha permitido vivir y cumplir de una manera eficaz y eficiente con el llamado y los propósitos de Dios para nuestras vidas y nuestros hogares en el tiempo que nos ha tocado vivir.

Además tenemos que ser conscientes de que en el mundo espiritual estamos en un constante conflicto entre el reino de los cielos y el mundo (el reino de las tinieblas) el sistema gobernado por el diablo y sus demonios. Solo tenemos dos opciones para elegir: o en el reino de los cielos sentados juntamente con Cristo o en el mundo como instrumentos de pecado y maldad.

Para poder disfrutar de esta posición y privilegio debemos abandonarnos en Dios, y que sea la vida de Cristo en nosotros, nacer de nuevo por el Espíritu Santo, Gálatas 2:20. Dios Habla Hoy (DHH). Y ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en el cuerpo, la vivo por mi fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí. 

Veamos que la palabra sentar o sentados contiene la verdad espiritual para un verdadera experiencia cristiana y el estado ideal para nuestras almas es andar en nuestra vida espiritual desde el punto de descanso, desde el reposo de Dios, llevando una vida y una conducta que esté de acuerdo a nuestra vocación. Vemos que la carta a los efesios nos muestra tres palabras claves en las que debemos movernos en todo tiempo.

Nuestra posición en Cristo — "SENTAR" (2:6). En la primera división de la carta notaremos la palabra sentar (2:8), clave de esa sección, que contiene el secreto de una verdadera experiencia cristiana. Dios nos ha hecho sentar con Cristo en lugares celestiales, y todo creyente tiene que comenzar su vida espiritual desde ese punto de descanso.

Nuestra vida en el mundo — "ANDAR" (4:1). En la segunda división tomamos la palabra andar, como expresiva de nuestra vida en el mundo, que es, justamente, el tema de esta parte. En ella se nos exhorta a manifestar en nuestro andar una conducta que esté a la par con nuestra elevada vocación.

Nuestra actitud frente al enemigo — "ESTAR FIRMES" (6:11). Finalmente, en la tercera división, hallamos la clave de nuestra actitud frente al enemigo en las palabras estar firmes, que expresan nuestro lugar de victoria hasta el fin.

La vida del cristiano siempre presenta estas tres actitudes: hacia Dios, hacia el hombre, y hacia los poderes satánicos. Para ser un instrumento útil en las manos de Dios el hombre debe estar en buen ajuste: en su posición, en su vida diaria, y en el combate contra las fuerzas del mal. Tomaremos entonces estas palabras, "Sentaos", "Andad", "Estad firmes", como índices de la enseñanza de esta epístola, y como texto de su presente mensaje a nuestros corazones. Será de mucho provecho observar tanto el orden como la relación en que aparecen.

Sentaos

El Dios de nuestro Señor Jesucristo, le levantó de entre los muertos, y le sentó a su diestra en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra no sólo en este siglo, sino en el venidero (Efesios 1:17-21. VM).

Y juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: no por obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:6-9).

“Dios le sentó y asimismo nos hizo sentar." Consideremos primeramente lo que implica esta palabra "sentar". Como ya hemos dicho, revela el secreto de una vida celestial. La vida cristiana no empieza con caminar; empieza con sentarse. La era cristiana comenzó con Cristo, de quien leemos que, "habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de Sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas" (Hebreos 1:3). Con igual acierto, podemos decir que la vida individual cristiana comienza cuando el hombre se ve "en Cristo", es decir, cuando, por fe, nos vemos sentados con Él en lugares celestiales.

La mayoría de los creyentes yerran, procurando andar a fin de poder sentarse y descansar, pero eso es invertir el orden. El raciocinio humano nos dice que si no andamos no alcanzaremos nuestro objetivo. ¿Qué podemos lograr sin esfuerzo? ¿Cómo es posible avanzar si no nos movemos? Pero la vida de fe es una cosa extraña. Si al comienzo nos esforzamos por hacer, nada logramos. Si nos afligimos por obtener, perdemos todo. La razón está en que el cristianismo se inicia no con mucho hacer, sino con un gran: "Consumado es. 

Así vemos que la carta a los Efesios comienza declarando que Dios nos "ha bendecido con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo" (1:3) y, desde un principio, se nos convida a que nos sentemos para disfrutar lo que Dios nos ha dado, y no a que hagamos algo nosotros mismos.

El andar implica esfuerzo, mientras que Dios dice que somos salvos "no por obras" —no por nuestro esfuerzo— sino "por su gracia. . .por medio de la fe" (2:8).

La vida cristiana, del principio al fin, descansa sobre la base de una completa dependencia en el Señor Jesús. No existe limite a la gracia que Dios desea derramar sobre nosotros. Él nos dará todo, pero nada podremos recibir mientras no descansemos en Él. Sentarnos indica actitud de descanso. Algo se ha concluido, cesa el trabajo y nos sentamos. Es paradójico pero también cierto que, en la vida de fe, sólo avanzamos si primero hemos aprendido a sentarnos.

En realidad ¿qué significa "sentarnos"? Mientras caminamos o estamos de pie, cargamos todo el peso de nuestro cuerpo sobre las piernas, pero cuando nos sentamos todo el peso del cuerpo, no importa cuánto sea, descansa sobre la silla en que nos sentamos. Nos cansamos cuando caminamos o estamos de pie, pero muy pronto desaparece el cansancio cuando nos sentamos. Andando, o parados, expendemos energías pero al sentarnos inmediatamente descansamos, porque la carga no está ya sobre nuestros músculos y nervios sino en algo fuera de nosotros.

Del mismo modo, en la esfera espiritual, sentarnos significa sencillamente descargar todo el peso, nuestra carga, nosotros mismos, nuestro futuro, todo, en el Señor. Dejamos que El lleve la carga y ya no procuramos llevarla nosotros.

El apóstol ruega que los ojos de nuestro entendimiento sean abiertos (1:18) para comprender el contenido de esa verdad de doble significado, que Dios primero, por su gran poder, le ha hecho sentar a Él; y luego por su gracia, a nosotros "nos hizo sentar con Él".

Así, la primera lección que corresponde aprender es que la obra no es nuestra, sino la suya. No somos nosotros los que obramos para Dios, sino que El obra para nosotros. Dios nos da esa posición de descanso. Dios trae la obra consumada de su Hijo y nos la presenta, y luego dice: "Sentaos". Su ofrecimiento, creo yo, no puede ser expresado en términos más apropiados que las palabras de invitación a aquel gran banquete, en Lucas 14:17: "Venid, que ya todo está aparejado". De manera que comenzamos nuestra vida de creyentes, no obrando, sino descubriendo lo que Dios ya ha provisto.

Partiendo de este punto la experiencia del creyente sigue, como comenzó, no en base a su propio obrar, sino siempre en base a la obra consumada de otro. Cada nueva experiencia espiritual se inicia con la aceptación por fe de lo que Dios ha hecho: un nuevo "sentarnos", por decirlo así. Esto es una norma de vida, y Dios mismo la ha establecido.

Andad

Hemos procurado establecer que la experiencia cristiana no comienza con el "andar" sino con el descansar. Cada vez que invertimos el orden tenemos como resultado el fracaso. El Señor Jesucristo hizo todo para nosotros; ahora necesitamos descansar confiadamente en Él. Cuando emprendemos algo impulsados por nuestra propia energía, inmediatamente nos encontramos, por así decirlo, frente a una muralla infranqueable. Sólo cuando confiamos en el Señor nos vemos conducidos en su potencia. No podemos insistir demasiado en que toda verdadera experiencia espiritual comienza con el descansar.

Sin embargo, ahí no termina. Aunque la vida cristiana comienza con el "sentar", siempre le sigue el "andar". Si nos hemos sentado bien y firmemente y hemos ganado fuerzas por el descanso, es entonces cuando realmente comenzamos a andar. El sentarse describe nuestra posición con Cristo en lugares celestiales. El andar es la expresión práctica aquí en la tierra de ese lugar que ocupamos en los cielos. Como pueblo celestial, nos corresponde llevar la impresión celestial en toda nuestra conducta terrenal, y esto trae consigo nuevos problemas. ¿Qué nos dice, pues, la Epístola a los Efesios acerca de nuestro andar?

Encontramos dos cosas en que insiste la epístola. De la primera trataremos en seguida: Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis. llamados; con toda humildad y mansedumbre (4:1-2). Esto pues digo. . . que ya no andéis vosotros como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente. . . renovaos en el espíritu de vuestra mente (4:17-23). Andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a Sí mismo por nosotros (5:2). Andad como hijos de luz. . . comprobando lo que es agradable al Señor (5:8,10).

Ocho veces aparece en Efesios la palabra "andar". Su significado literal es el de "caminar alrededor", y es aquí usada por Pablo en forma figurativa para representar nuestro comportamiento, nuestra conducta. Trae en seguida a nuestra consideración el asunto del andar del creyente, y esta segunda parte de la epístola se ocupa mayormente de esto. La prueba de nuestra conducta está en las relaciones, y éste es el marco dentro del cual considera el tema. Las relaciones entre creyentes, entre vecinos, entre marido y mujer, entre hijos y sus padres, patrones y obreros, son tratadas en forma muy práctica.

Si bien es verdad que somos un pueblo celestial, no es suficiente hablar de un cielo distante. A menos que traigamos lo celestial a nuestros hogares y oficinas, a nuestros negocios y cocinas, y lo practiquemos allí, carecerá de significado.

Quisiera sugerir, queridos hermanos, que aquellos que somos padres y los que somos hijos busquemos en el Nuevo Testamento cómo deben comportarse los padres y cómo los hijos. Quizá nos sorprenda lo que encontremos pues temo que muchos de los que decimos estar sentados en lugares celestiales en Cristo llevamos un andar muy dudoso en nuestros hogares.

Lo mismo aplicable a esposos y esposas; hay muchos pasajes para ellos. Lee Efesios 5, y luego pasa a 1 Corintios 7. Le haría bien a cada esposo y esposa leer este último capítulo detenidamente para descubrir lo que demanda una verdadera vida matrimonial: un matrimonio espiritual ante Dios y no una mera teoría. No se atrevan a teorizar sobre algo tan práctico.

Miremos ahora en el campo de las relaciones cristianas, y veamos qué directos son los mandamientos de Dios en la sección que estamos meditando. "Andad. . . con toda humildad y mansedumbre." "Desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo." "Airaos, pero no pequéis." "No hurte más." "Toda amargura... sea quitada de vosotros." "Sed benignos los unos con los otros. . . perdonándoos." "Sed llenos del Espíritu. . . someteos unos a otros." "Obedeced." "No provoquéis." "Haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas" (Ef. 4:1,2,25,26,28,32; 5:18,21; 6:1,4, 9). Nada podría ser más práctico que esta lista de imperativos.

Estad Firmes

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. . . para que podáis resistir en el día malo, y estar firmes. Estad pues firmes, ceñidos vuestros lomos. . . vestidos de la coraza de justicia, y calzados los pies. . . tomad el escudo de la fe. . . y . . . el yelmo de salvación . . . y la espada ... orando . . . velando... (Efesios 6:10-18).

La experiencia cristiana tiene sus comienzos en el "sentarse" que conduce al "andar", pero no concluye con éstos. Todo creyente tiene que aprender a "estar firme". Es necesario saber "sentarnos" con Cristo en lugares celestiales y "andar" como es digno de El en este mundo terrenal, pero también es necesario saber estar firmes ante el enemigo. La lucha es el tema que se nos presenta aquí en la tercera parte de la epístola a los Efesios (6:10-20). Es lo que Pablo describe como la "lucha contra huestes espirituales de maldad".

Hagamos un breve repaso del orden en que Efesios nos presenta estas verdades: es "sentaos. . . andad. . . estad firmes". Porque ningún creyente puede tener esperanzas de participar en este conflicto de los siglos si antes no ha aprendido a descansar en Cristo y en lo que Él ha hecho; y luego, por el poder del Espíritu obrando en su corazón, le ha seguido en una vida práctica, santa en esta tierra.

Si se muestra deficiente en cualquiera de estas fases, de nada valdrá en la lucha, y aun es posible que nada sabrá de ella, porque Satanás puede hacer caso omiso de él. Pero puede ser hecho fuerte "en el Señor, y en el poder de su fuerza" al comprender el valor de su exaltación y lo que significa su morada en él (cp. 6:10 con 1:9 y 3:6). Con estas dos lecciones bien aprendidas podremos apreciar este tercer principio de la vida cristiana que se nos presenta en las palabras: "Estad firmes".

Dios tiene un enemigo, que tiene bajo su gobierno a millares de demonios y ángeles caídos que buscan inundar el mundo de mal y excluir a Dios de su propio reino. Esto es lo que significa el verso 12, y es la explicación de lo que está ocurriendo en nuestro derredor. Nosotros vemos sólo "sangre y carne" encarándonos, es decir, el conjunto de reyes y gobernantes hostiles, pecadores y hombres perversos.

Pablo dice: No, nuestra lucha no es contra éstos, "sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes": en fin, contra la astucia del diablo mismo. Hay dos tronos en guerra. Dios reclama la tierra como su dominio y Satanás procura usurpar la autoridad de Dios. La Iglesia es llamada a desalojar a Satanás de su dominio y a reconocer a Cristo como Cabeza sobre todo. ¿Qué estamos haciendo nosotros?

Quiero ahora, tratar este asunto del conflicto, refiriéndome primero en términos generales a aquellos aspectos que afectan la vida personal, y luego en un sentido más definido a la obra que el Señor nos ha encomendado. Hay muchos ataques satánicos dirigidos directamente contra los hijos de Dios. Quiero ahora, tratar este asunto del conflicto, refiriéndome primero en términos generales a aquellos aspectos que afectan la vida personal, y luego en un sentido más definido a la obra que el Señor nos ha encomendado. Hay muchos ataques satánicos dirigidos directamente contra los hijos de Dios.

Nuestra posición es con el Señor en los cielos, y estamos aprendiendo a andar con Él ante el mundo, pero ¿cómo vamos a conducirnos en la presencia del adversario, adversario de Dios y nuestro? La palabra de Dios dice: "¡Estad firmes!" "Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo" (6:11). En, el griego, las palabras "estad firmes contra" significan "mantener la posición", o "no ceder terreno". Esta orden divina contiene una verdad muy preciosa. Quiere decir que el terreno en disputa es, en realidad, de Dios y, por lo tanto, también nuestro. Si no fuese así, nosotros tendríamos que conquistar el lugar en que afirmar nuestros pies.

Casi todas las armas nombradas en Efesios son defensivas: aun la espada, puede ser usada tanto para la defensiva como para la ofensiva. La diferencia entre la guerra defensiva y la ofensiva es que en la guerra defensiva ya domino el terreno y sólo procuro retenerlo, mientras que en la ofensiva no lo tengo y me esfuerzo por conquistarlo. Y en esto consiste la diferencia entre la lucha entablada por el Señor y aquella en que estamos comprometidos nosotros. La suya era ofensiva; la nuestra es esencialmente defensiva.

El Señor luchó con Satanás a fin de obtener la victoria. Mediante la Cruz llevó la guerra hasta los umbrales del infierno mismo, a fin de llevar cautiva la cautividad (4:8, 9). Hoy nosotros batallamos solamente por mantener y consolidar la victoria que el Señor ha ganado. Por la resurrección Dios proclamó a su Hijo vencedor sobre todo el reino de las tinieblas, y el terreno que Él conquistó nos lo ha dado a nosotros. Nosotros no necesitamos luchar para obtenerlo. Sólo tenemos que luchar para conservarlo.

Nuestra responsabilidad es de mantener y no de atacar. No es asunto de avanzar sino de permanecer: permanecer en Cristo. En la persona de Cristo, Dios ya ha vencido. Nos ha dado la responsabilidad de mantener en alto esa victoria. En Cristo la derrota del enemigo es un hecho consumado y ahora la Iglesia está para hacer evidente esta victoria sobre él. En Cristo somos vencedores: y no sólo eso, sino "más que vencedores" (Ro. 8:37). Por consiguiente, en Él "estamos firmes". No luchamos por ganar la victoria; luchamos en base a la victoria ya ganada. Nuestra lucha no tiene por fin ganar sino que luchamos porque Cristo ya ha triunfado. Vencedores son los que descansan en la victoria que Dios ya les ha dado.

Sólo los que saben "sentarse" y descansar en Él pueden también "estar firmes". Nuestro poder para estar firmes, así como para andar, está en saber descansar en Cristo. La fuerza del creyente para andar y para guerrear, proviene de la posición que ocupa allí. Si no ha sabido sentarse ante Dios, tampoco sabrá estar firme ante el enemigo.

El objetivo principal de Satanás no es el de hacernos pecar, sino de quitarnos de nuestra posición, el perfecto triunfo en el Señor, para hacer posible y fácil nuestra caída. Por vía de la cabeza o del corazón, del intelecto o de los sentimientos, asalta nuestro reposo en Cristo o nuestro andar en el Espíritu.

Pero para cada punto de ataque tenemos armas defensivas: el yelmo o la coraza, el cinto o el calzado, y para completarlo todo, el escudo de la fe para apagar los dardos de fuego. La fe proclama: Cristo está ensalzado. La fe proclama: Por gracia somos salvos. La fe proclama: Tenemos acceso por medio de El. La fe proclama: Cristo mora en nosotros por su Espíritu (1:20; 2:8; 3:12, 17).

Por ser suya la victoria, es también nuestra. Si nos limitáramos sólo a mantener el estado de victoria y no procuráramos ganarla, pronto veríamos al enemigo en fuga. No debemos pedir al Señor que nos capacite a nosotros para vencer al enemigo, ni aun mirarle para ganar la victoria, sino alabarle porque ya lo ha hecho; El es Vencedor. Es en realidad un asunto de fe en Él. Si creyéramos al Señor, no pediríamos tanto sino que le alabaríamos más. Cuanto más sencilla y esclarecida la fe en El, menos oraremos en semejantes situaciones y más alabanzas le daremos.

De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho... Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy... (Mt. 18:18-20).

De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre: pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. . . En aquel día pediréis en mi nombre (Jn. 16:23, 24, 26).

Nadie puede ser salvo sin conocer el Nombre de Jesucristo, y nadie puede ser usado eficazmente por Dios si no conoce la autoridad de ese Nombre. Hoy ese Nombre nos dice que Dios ha entregado toda autoridad a su Hijo, de modo que en el Nombre mismo hay poder.

El poder de su nombre opera en tres sentidos. En nuestra predicación es eficaz para la salvación de los hombres en la remisión de sus pecados (Hch. 4:10-12), en su limpieza, justificación y santificación para con Dios (Lc. 24:47; Hch. 10:43; 1 Co. 6:11).

En nuestra lucha, es poderoso contra las fuerzas satánicas para atarlas y sujetarlas (Mr. 16:17; Lc. 10:17-19; Hch. 16:18). Y, como ya hemos visto, es eficaz ante Dios, porque en dos ocasiones se nos dice: "Todo lo que pidiereis", y dos veces: "Si algo pidiereis. . ." (Jn. 14:13, 14; 15:16; 16:23). Ninguna obra puede ser llamada obra de Dios, si Dios no está comprometido en ella. Lo que vale es la autorización para hacer uso de su Nombre. Tenemos que estar en condiciones de poder levantarnos y hablar en su Nombre. Si no, nuestra obra carecerá del impacto espiritual indispensable.

Finalmente, el propósito y meta de toda obra en que Dios puede identificarse tiene que ser Su propia gloria; lo que significa que nosotros nada sacamos de ella para nosotros mismos. Es un principio divino que cuanto menor sea la satisfacción personal que recojamos nosotros, mayor será el valor de esa obra para Dios.

La vida cristiana consiste en estar sentados con Cristo, andar con Él y estar firmes en Él. Comenzamos nuestra vida espiritual descansando en la obra consumada de Cristo. Ese reposo es la fuente de recursos para un andar estable y sin fluctuar en este mundo. Y al fin de difícil lucha con las huestes del mal, nos encontramos con Él en posesión triunfante del campo de batalla. "A Él sea la gloria por siempre jamás."

Bendiciones.

1 comentario:

  1. Amen. hermoso mensaje. gloria sea a Dios.
    Bendiciones amados hermanos desde mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspost.com

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