1 Juan 3:8b. Nueva Traducción Viviente
(NTV). Pero el Hijo de Dios vino para destruir las
obras del diablo.
Dios nuestro Creador, nuestro Salvador, nuestro Padre Celestial nos
conoce y sabe en qué condición y situación nos encontramos en estos momentos,
el ve todas las cosas, él no se ha olvidado de ninguno de nosotros. En la vida
por este mundo, somos peregrinos y extranjeros, porque nuestra ciudadanía está
en los cielos, pero hay tantas circunstancias que quieren robarnos la paz que
Dios ha depositado en nuestros corazones, a diario hay tantos ataques y
maquinaciones que intentan destruirnos y matarnos en nuestra fe, hay personas que
rodean a los hijos de Dios que son perversas, malvadas y que están bajo el dominio
del diablo y sus demonios.
Juan 10:10. Reina-Valera 1960 (RVR1960). El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir;
yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Juan 8:32. Reina-Valera 1960 (RVR1960). Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
Juan 8:36. La Biblia al día (BAD). Así que si el Hijo os libera, seréis verdaderamente
libres.
No podemos evitar que estas cosas vengan a nuestra vida, pero si
podemos evitar que estorben nuestro caminar cuando nos refugiamos en Dios de
todo nuestro corazón, con todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo.
Posiblemente estas a travesando tribulaciones terribles, a lo mejor tu animo a
menguado y tu comunión con el Señor se ha venido abajo, pero te digo y me digo
a mismo en esta hora confiemos en nuestro Redentor, confiemos en Dios, descansemos
en su presencia y en sus promesas, no importa lo que estemos viviendo ni lo que
el maligno a maquinado contra nosotros, porque en Jesucristo y en el Espíritu
Santo están con nosotros y dónde está Dios allí hay libertad, cuando Dios hace
presencia todas las tinieblas tiene que retroceder porque su santidad y su
presencia transforma las situaciones, transforma los corazones, transforma las
vidas, cambia las circunstancias, así que prevalezcamos en su presencia, fortalezcámonos
en Dios.
1 Juan 5:19-20. Nueva Traducción Viviente
(NTV). Sabemos que somos hijos de Dios y que el
mundo que nos rodea está controlado por el maligno. Y sabemos que el Hijo de
Dios ha venido y nos ha dado entendimiento, para que podamos conocer al Dios
verdadero. Y ahora vivimos en comunión con el Dios verdadero porque vivimos en
comunión con su Hijo, Jesucristo. Él es el único Dios verdadero y él es la vida
eterna.
Fuimos diseñados y creados desde antes de la fundación del mundo
para vivir y andar en la libertad que nos da nuestro Padre Celestial en el
reposo que es nuestro Señor Jesucristo en quien tenemos todas las cosas. Dios
nos ha rescatado de nuestra mala manera de vivir que estaba viciada por los
deseos de la carne y los deseos del mundo, nos ha recatado del domino del
diablo para que seamos real sacerdocio,
nación santa, pueblo adquirido por Dios, para anunciar las virtudes de aquel
que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable, nos ha hecho sus hijos por
Jesucristo, nos ha hecho sus ministros por el poder y la vida de su Espíritu
Santo.
Nuestro caminar en esta vida como cristianos no es fácil. Todos en
algún momento hemos sufrido algún tipo de discriminación persecución por el
simple hecho de ser cristianos (por la familia, vecinos, jefes o compañeros de
trabajo, etc.), también muchos serán objeto de mentiras y difamaciones. En
algunos casos esta discriminación puede ir más allá, hasta llegar a ser
humillados, y en algunos casos como perseguidos y asesinados. Muchos llegan a
ser oprimidos y esclavizados por el enemigo. Otros pueden estar sufriendo
ataques en sus emociones, en su cuerpo, en su mente, en sus sentimientos.
Lo más importante es que dispongamos nuestro corazón de manera
sencilla y honesta delante del Señor porque él ha dicho que al corazón contrito
y humillado no lo despreciará. No importa que no tengas la suficiente fuerza de
voluntad para dejar tus pecados que cometas o los que haya en tu mente, si eres
sincero como David podrás obtener su fortaleza para sacarte de ese lodo
cenagoso de la desesperación.
Ser discípulo genuino o ser hijo de Dios verdadero, es muy
diferente a creer en Dios o ir a una iglesia determinada o incluso leer la
biblia, o hacer buenas obras: es vivir para Dios como lo señala el siguiente
texto. Salmos 40:8. Reina-Valera
1960 (RVR1960). El hacer tu voluntad, Dios mío, me
ha agradado, y tu Ley está en medio de mi corazón. En medio de estas tormentas que
muchos podamos experimentar en nuestras vidas, el Señor ha prometido que estará
en medio de nosotros y con nosotros. Dios es el único que conoce nuestras
circunstancias, luchas, pruebas y persecuciones.
Necesitamos que el Señor nos guarde y nos bendiga, y nos ayude a
superar los momentos difíciles, sin dejar de seguirle y servirle con todo
nuestro corazón. Necesitamos depender de Dios en todos nuestros asuntos, en
todos nuestros caminos, en todos nuestras decisiones, debemos ser guiados por
el camino que Dios a preparado para nosotros. Es en su presencia con su Palabra
que tenemos la victoria que el Señor Jesucristo ha logrado para todos nosotros
los que hemos creído en él y que lo tenemos gobernando nuestros corazones.
Lucas 4:14-21. La Biblia de las Américas
(LBLA). Ministerio en Galilea. Jesús regresó a
Galilea en el poder del Espíritu, y las nuevas acerca de El se divulgaron por
toda aquella comarca. Y enseñaba en sus sinagogas, siendo alabado por todos.
Jesús en Nazaret. Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre, entró en
la sinagoga el día de reposo, y se levantó a leer. Le dieron el libro del
profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu
del Señor esta sobre mí, porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los
pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, y la recuperación
de la vista a los ciegos; para poner en libertad a los oprimidos; para
proclamar el año favorable del Señor.
Cerrando el libro, lo
devolvió al asistente y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban
fijos en El. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura que habéis
oído.
Es la presencia del Espíritu Santo, su ayuda en nosotros y por
nosotros, su unción, su guía, su
enseñanza, su poder es lo que nos da la victoria lograda por nuestro
Señor Jesucristo, no es una historia que ocurrió en Israel cuando el Señor
caminó sobre esta tierra, es una promesa real para todos nosotros los hijos de
Dios, es para el tiempo presente, es para que podamos vencer todas las
adversidades y todos los ataques que el diablo y las personas malvadas y
perversas maquinan contra la iglesia de Jesucristo.
En esos momentos llenos de dolor, en esos momentos llenos de
tribulación y confusión, es cuando debemos colocar nuestra mirada en Dios y sus
promesas, cuando no sabemos qué hacer con las circunstancias, cuando no sabemos
qué hacer con los problemas, cuando no sabemos qué hacer cuando nos atacan, el
Señor guiará nuestros pasos.
Dios nos enseñó que cuando somos rescatados del mundo, del dominio
del diablo, nos convertimos en sus enemigos, y así mismo nos convertimos en
enemigos del mundo, pero él nos dice que debemos colocar toda nuestra confianza
en él, en su Palabra, en sus promesas, en su presencia, porque el ya venció al
maligno y a la muerte por nosotros, no esperemos algo bueno del mundo y de los
que son del mundo, de los que están bajo el dominio del maligno, más bien volvámonos
a Dios de todo corazón, busquemos estar en su presencia, busquemos dependencia
en todos nuestros asuntos, busquemos su protección, busquemos su cobertura,
busquemos su amor y su misericordia, refugiémonos en Dios, en el Padre Celestial,
el Creador de todo lo que existe.
Juan 15:18-27. Reina-Valera 1960
(RVR1960). El mundo os odia. Si el mundo os odia,
sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el
mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del
mundo, por eso el mundo os odia. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El
siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros
os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Pero
todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha
enviado. Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado;
pero ahora no tienen excusa por su pecado. El que me odia a mí, también a mi
Padre odia. Si yo no hubiera hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho,
no tendrían pecado; pero ahora han visto, y me han odiado a mí y a mi Padre.
Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su Ley: Sin
causa me odian.
Pero cuando venga el
Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual
procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis
testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.
Estamos viviendo en el tiempo del Espíritu Santo
desde que el Señor Jesucristo resucitó y subió a la diestra de Dios Padre, porque
hoy más que nunca tenemos la necesidad de la presencia viva y poderosa del Espíritu
Santo para nos guarde y que nos oriente por el camino seguro que nos conduzca a
la verdadera realización de nuestro ser y a la consecución de una meta sólida y
definitiva, que no es más que vivir y andar en la voluntad de Dios para
nuestras vidas, en los planes, en los propósitos que él ha diseñado para
nosotros y nuestras familias.
La presencia viva está allí, el Señor Jesús lo prometió y Él no
falla; el Espíritu Santo está siempre a nuestro lado, nos guía, nos acompaña,
nos inspira y nos explica todas las cosas que necesitamos para desterrar de
nuestra vida el miedo, la incertidumbre, los temores y para darnos seguridad,
fortaleza, claridad de mente y buenos deseos.
Es muy importante conocer las promesas de Dios que
encontramos en la Biblia y darle el verdadero valor que tienen para nosotros y
la familia. 2 Corintios 1:20. Reina-Valera
1960 (RVR1960). Porque todas las promesas de Dios son en él Sí,
y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.
La biblia está llena de promesas de Dios para sus
hijos, un buen ejemplo es el Salmo 1 en donde el Señor promete grandes
bendiciones para el que cuida sus pasos y se regocija en su palabra. También
tenemos el Salmo 23, el cual nos recuerda que el Señor es Nuestro Pastor y eso
implica un cuidado especial.
Tenemos el capítulo 61 de Isaías, en donde se
profetiza la llegada del mesías y su misión en la tierra. Fueron las palabras
con las que el mismo Señor Jesucristo se presentó al decir que él era el
enviado de Dios Padre a dar libertad a los cautivos, pero cuál es la más grande
promesa que tenemos como pueblo de Dios? La Gran Promesa De Dios es La
Salvación. Dios tiene en su Palabra "preciosas y grandísimas
promesas", pero los pasajes bíblicos que hablan de la Salvación
constituyen en una gigantesca promesa, y para obtenerla no hay que pagar nada,
es gratuita. El plan de Dios es sencillo para recibir esta maravillosa y gigante
promesa.
Isaías 61:1-8. La Biblia de las Américas
(LBLA). Buenas nuevas de salvación. El Espíritu del
Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el Señor para traer buenas nuevas
a los afligidos; me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para
proclamar libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros; para proclamar
el año favorable del Señor, y el día de venganza de nuestro Dios; para consolar
a todos los que lloran, para conceder que a los que lloran en Sion se les dé
diadema en vez de ceniza, aceite de alegría en vez de luto, manto de alabanza
en vez de espíritu abatido; para que sean llamados robles de justicia, plantío
del Señor, para que El sea glorificado.
Entonces reedificarán las ruinas
antiguas, levantarán los lugares devastados de antaño, y restaurarán las
ciudades arruinadas, los lugares devastados de muchas generaciones. Se
presentarán extraños y apacentarán vuestros rebaños, e hijos de extranjeros serán
vuestros labradores y vuestros viñadores. Y vosotros seréis llamados sacerdotes
del Señor; ministros de nuestro Dios se os llamará. Comeréis las riquezas de
las naciones, y en su gloria os jactaréis. En vez de vuestra vergüenza tendréis
doble porción, y en vez de humillación ellos gritarán de júbilo por su
herencia. Por tanto poseerán el doble en su tierra, y tendrán alegría eterna.
Porque yo, el Señor, amo el derecho, odio el latrocinio en el holocausto. Fielmente
les daré su recompensa, y haré con ellos un pacto eterno.
Zacarías 4:6. La Biblia de las Américas
(LBLA). Continuó él, y me dijo: Esta es la palabra
del Señor a Zorobabel: “No por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu”
— dice el Señor de los ejércitos.
Isaías 10:27. Reina-Valera 1960 (RVR1960).
Acontecerá en aquel tiempo que su carga será
quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de
la unción.
2 Corintios 3:16-18. La Biblia de las
Américas (LBLA). Pero cuando alguno se vuelve al
Señor, el velo es quitado. Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el
Espíritu del Señor, hay libertad. Pero nosotros todos, con el rostro
descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo
transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el
Espíritu.
Santiago 4:7-8. Reina-Valera 1960
(RVR1960). Someteos, pues, a Dios; resistid al
diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros.
Ahora es muy importante para todos nosotros los hijos de Dios que
nos sometamos voluntariamente al Señor, que nos rindamos a él, que nos
refugiemos en el en donde encontraremos reposo y descanso para nuestras almas. La
palabra sometimiento en griego, tiene dos connotaciones: una pasiva, que
significa someterse a, obedecer, sujetarse a, estar bajo la autoridad de, estar
sumiso; y una connotación activa, que significa someter bajo fuerza, hostigar a
que se someta.
Someterse significa renunciar voluntariamente al control de nuestra
vida. Esta palabra se resume en Filipenses
2:6-8, donde dice: “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios
como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de
siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se
humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Aquí se nos muestra que el Señor
Jesucristo rindió sus derechos y prerrogativas como la segunda persona de la
Trinidad a la voluntad y propósito del Padre. De esta sumisión nace el deseo de
sacrificarse por el plan de Dios por la humanidad sin importar lo que esto
significaba.
Someterse al plan de Dios requiere visión clara de los planes o
metas que hemos hecho para nosotros mismos, tales como: paz, felicidad,
prosperidad, seguridad, amistades, familia, buena salud, experiencias
agradables y lograr el máximo de nuestro potencial. Esta lista haría que
nuestra necesidad de sometimiento sea opcional, pues estos planes a menudo
están en conflicto con el plan de Dios para nosotros. Cuando nuestra sumisión
al plan de Dios es total, afirmamos que no vivimos por estas cosas ni éstas nos
dirigen, sino que simplemente son beneficios adicionales que vienen a través de
la voluntad soberana de Dios.
Sometimiento es una de las cosas que más nos cuesta cumplir ya que,
por naturaleza, los seres humanos no nos gusta someternos a nadie. Pero en la
vida cristiana y en el ámbito espiritual, es la llave que abre la puerta a las
bendiciones de Dios.
¿Cómo podemos resistir al diablo? Nuestro Señor tuvo que resistir
al diablo repetidamente. ¿Recuerda usted? Él dijo en más de una ocasión: “¡Apártate de mí,
Satanás!”. Sus seguidores aprendieron eso de Él. Pablo
trató de enseñar a sus compañeros a estar firmes en contra de las artimañas del
diablo. Pedro los exhorta: “resistidlo firmes en la fe”. Y Santiago,
el hermano del Señor, dio a la iglesia este mandamiento con una promesa: “Resistid al diablo, y
huirá de vosotros”.
La revelación de Dios en Cristo, abrió un mundo nuevo de conciencia
en todos los que la recibieron. Cuando los cristianos creyeron la Palabra
acerca del majestuoso gobierno de Dios por medio de Jesucristo, ellos
descubrieron también que otro reino se le oponía. El reino de las tinieblas fue
tan real para ellos, como el reino de la luz. La Palabra de Dios les abrió los
ojos a una guerra que para las mentes incrédulas era invisible.
Tratemos de mirar la realidad del mal a través de las Palabras de
Jesús y sus apóstoles. Satanás, el tentador, el diablo está en contra de Dios.
Aunque es una criatura, él ha desafiado la autoridad de Dios y ha establecido
un reino sin ley. Su único propósito es impedir los propósitos de Dios, abolir
Su autoridad y si fuera posible, tomar su lugar. Se opone a los seres humanos y
busca destruirlos porque ellos fueron hechos a la imagen de Dios. Su maldad es
dirigida especialmente contra los cristianos, los hijos de Dios porque ellos
pertenecen a Dios y sirven a sus propósitos. Ellos amenazan su reino. Su
intento es apartarlos de Dios, ya sea por medio de asustarlos o de atraerlos a
unírsele en rebelión. Y cuanto más un hombre o una mujer, un grupo o un
ministerio, se identifique con Jesucristo y se comprometa con sus propósitos,
más se les opondrá el diablo y sus emisarios.
Resistir al diablo significa resistir sus ataques; es rehusar sus
propuestas. ¿Cómo pueden los creyentes hacer eso? Primero y fundamentalmente,
escribe Santiago, Ellos tienen que acercarse a Dios. ¿No es una frase preciosa?
Los hijos de Dios deben acercarse a Él, moverse hacia Él y vivir en comunión
con El. Cuando Santiago habla de resistir al diablo y acercarse a Dios, él se
refiere al orgullo y a la humildad. Así que tenemos una salida, descansemos en
Dios, en sus promesas, pidamos fuerzas para estar en su presencia todo el
tiempo.
Salmos 34. La Biblia de las Américas
(LBLA). El Señor, proveedor y salvador. Bendeciré
al Señor en todo tiempo; continuamente estará su alabanza en mi boca. En el
Señor se gloriará mi alma; lo oirán los humildes y se regocijarán. Engrandeced
al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre. Busqué al Señor, y El me
respondió, y me libró de todos mis temores. Los que a El miraron, fueron
iluminados; sus rostros jamás serán avergonzados.
Este pobre clamó, y el
Señor le oyó, y lo salvó de todas sus angustias. El ángel del Señor acampa alrededor
de los que le temen, y los rescata. Probad y ved que el Señor es bueno. Cuán
bienaventurado es el hombre que en El se refugia! Temed al Señor, vosotros sus
santos, pues nada les falta a aquellos que le temen. Los leoncillos pasan
necesidad y tienen hambre, mas los que buscan al Señor no carecerán de bien
alguno. Venid, hijos, escuchadme; os enseñaré el temor del Señor.
¿Quién es el hombre que
desea vida y quiere muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, y
tus labios de hablar engaño. Apártate del mal y haz el bien, busca la paz y
síguela. Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a su
clamor. El rostro del Señor está contra los que hacen mal, para cortar de la
tierra su memoria. Claman los justos, y el Señor los oye, y los libra de todas
sus angustias. Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón, y salva a
los abatidos de espíritu.
Muchas son las aflicciones
del justo, pero de todas ellas lo libra el Señor. El guarda todos sus huesos;
ni uno de ellos es quebrantado. La maldad dará muerte al impío, y los que
aborrecen al justo serán condenados. El Señor redime el alma de sus siervos; y
no será condenado ninguno de los que en El se refugian.
Bendiciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario