Nuestro deseo es que cada uno de los mensajes, así como cada uno de los ministerios y recursos enlazados, pueda ayudar como una herramienta al crecimiento, edificación y fortaleza de cada creyente dentro de la iglesia de Jesucristo en las naciones y ser un práctico instrumento dentro de los planes y propósitos de Dios para la humanidad. Cada mensaje tiene el propósito de dejar una enseñanza basada en la doctrina bíblica, de dar una voz de aliento, de edificar las vidas; además de que pueda ser adaptado por quien desee para enseñanzas en células o grupos de enseñanza evangelísticos, escuela dominical, en evangelismo personal, en consejería o en reuniones y servicios de iglesias.

domingo, 11 de marzo de 2018

Nuestro Padre Celestial: reposando en su presencia-



La mejor cosa que nos podido pasar como seres humanos es conocer a Dios, quien es el Creador de todo cuanto existe en los cielos y en la tierra, como el Padre nuestro, a través de la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo y la obra del Espíritu Santo. Uno de los textos bíblicos que más nos muestra esta realidad es donde el Señor nos enseña a orar.

A pesar de nuestras imperfecciones, a pesar de nuestros errores, a pesar de nuestros pecados, a pesar de nuestros pensamientos, a pesar de lo que los demás piensen de nosotros, a pesar de todo lo que intente el diablo y sus demonios contra nosotros, la iglesia de Jesucristo, podemos acercarnos como hijos de Dios y obtener todos los beneficios de la paternidad celestial, porque así nuestro Padre Celestial lo ha determinado.

Mateo 6:5-14. Traducción en lenguaje actual (TLA). Jesús enseña a orar. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas. A ellos les encanta que la gente los vea orar. Por eso oran de pie en las sinagogas y en los lugares por donde pasa mucha gente. Pueden estar seguros de que no tendrán otra recompensa. Cuando alguno de ustedes ore, hágalo a solas. Vaya a su cuarto, cierre la puerta y hable allí en secreto con Dios, su Padre, pues él da lo que se le pide en secreto. Cuando ustedes oren, no usen muchas palabras, como hacen los que no conocen verdaderamente a Dios. Ellos creen que, porque hablan mucho, Dios les va a hacer más caso. No los imiten, porque Dios, nuestro Padre, sabe lo que ustedes necesitan, aun antes de que se lo pidan.

Ustedes deben orar así: “Padre nuestro que estás en el cielo: Que todos reconozcan que tú eres el verdadero Dios. Ven y sé nuestro único rey. Que todos los que viven en la tierra te obedezcan, como te obedecen los que están en el cielo. Danos la comida que necesitamos hoy. Perdona el mal que hacemos, así como nosotros perdonamos a los que nos hacen mal. Y cuando vengan las pruebas, no permitas que ellas nos aparten de ti, y líbranos del poder del diablo.”

Si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, Dios, su Padre que está en el cielo, los perdonará a ustedes. Es un gran privilegio que como seres creados por Dios podamos llamarlo Padre nuestro y así mismo conocerlo de esa manera por la adopción que el mismo nos hizo por haberle entregado nuestra vida al Señor Jesucristo.

Podemos ver que en el antiguo testamento aparecen quince referencias que revelan a Dios como Padre. Pero en el nuevo testamento nuestro Señor Jesucristo a través de su obra redentora y el evangelio eterno nos vino a revelar a nuestro Padre Celestial, nos vino a mostrar que el Padre Celestial quiere llevarnos a una relación personal y familiar con cada uno de nosotros quienes hemos aceptado el señorío de Jesucristo.

Hebreos 4:14-16. Dios Habla Hoy (DHH). Jesús, sacerdote compasivo. Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro gran Sumo sacerdote que ha entrado en el cielo. Por eso debemos seguir firmes en la fe que profesamos. Pues nuestro Sumo sacerdote puede compadecerse de nuestra debilidad, porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; sólo que él jamás pecó. Acerquémonos, pues, con confianza al trono de nuestro Dios amoroso, para que él tenga misericordia de nosotros y en su bondad nos ayude en la hora de necesidad.

La Biblia nos revela el amor Paternal de Dios hacia nosotros, quien quiere establecer esa relación familiar de padre-hijos con cada uno de nosotros, él se nos revela como nuestro protector, cómo nuestro maestro, como todo lo que necesitamos en esta vida y en la eternidad. La Palabra Padre se menciona 245 veces en el nuevo testamento y fue la revelación de la que predico y enseñó el Señor Jesucristo, su comisión era mostrarnos a Dios como el Padre Eterno, era revelarnos el amor perfecto del Padre hacia nosotros quien se encuentra interesado en todos nuestros asuntos y lo podemos ver en el capítulo 17 del evangelio de Juan.

El privilegio de conocer a Dios como Padre nos lleva a una gran responsabilidad, un compromiso de vivir como es debido, de la manera correcta, de la manera que le agrada a él, de la manera que nos conviene, guiados por su Palabra y por su Espíritu, de la manera que está revelado en el evangelio eterno. Es por eso que el Padre Celestial nos ha dejado su Espíritu Santo para ayudarnos a vivir esa realidad espiritual, es sólo a través de la vida de Dios que podemos vivir en una relación celestial.

Salmos 91:1-4. Nueva Traducción Viviente (NTV). Los que viven al amparo del Altísimo encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso. Declaro lo siguiente acerca del Señor: Solo él es mi refugio, mi lugar seguro; él es mi Dios y en él confío. Te rescatará de toda trampa y te protegerá de enfermedades mortales. Con sus plumas te cubrirá y con sus alas te dará refugio. Sus fieles promesas son tu armadura y tu protección.

Ahora veremos tres aspectos que reflejan esa relación con nuestro Padre Celestial que nos ha sido impartida por el Espíritu Santo. Primero veremos los privilegios y beneficios, luego nuestras responsabilidades y por último los peligros a los que nos enfrentamos.

Ante todo debemos permitir que la nueva naturaleza de Cristo nos gobierne y que la presencia del Espíritu Santo nos llene para que podamos sobreabundar en el fruto del Espíritu que es el carácter de Cristo.

Mateo 5:16. Traducción en lenguaje actual (TLA). De la misma manera, la conducta de ustedes debe ser como una luz que ilumine y muestre cómo se obedece a Dios. Hagan buenas acciones. Así los demás las verán y alabarán a Dios, el Padre de ustedes que está en el cielo.

Mateo 5:44-48. Traducción en lenguaje actual (TLA). Pero ahora yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los maltratan. Así demostrarán que actúan como su Padre Dios, que está en el cielo. Él es quien hace que salga el sol sobre los buenos y sobre los malos. Él es quien manda la lluvia para el bien de los que lo obedecen y de los que no lo obedecen. Si ustedes aman sólo a quienes los aman, Dios no los va a bendecir por eso. Recuerden que hasta los que cobran impuestos para Roma también aman a sus amigos. Si saludan sólo a sus amigos, no hacen nada extraordinario. ¡Hasta los que no creen en Dios hacen eso! Ustedes deben ser perfectos como Dios, su Padre que está en el cielo, es perfecto.

En el sermón del monte que encontramos en los capítulos 5, 6, y 7 del evangelio de Mateo, el Señor Jesucristo nos da los lineamientos del reino. El Señor se refirió de esta manera a lo que el proclamó:

Mateo 7:24-28. La Biblia de las Américas (LBLA). Los dos cimientos. Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca. Y todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; y cayó, y grande fue su destrucción. Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseñanza

Los privilegios y beneficios de los hijos de Dios.

Juan 1:12-13. Nueva Traducción Viviente (NTV). Pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. Ellos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios.

Como hijos de Dios, somos participes de la naturaleza divina, somos hechos herederos del reino de los cielos, somos coherederos por medio de nuestro Señor Jesucristo, somos hechos ministros de nuestro Dios, hemos sido colocados juntamente con Cristo en los lugares celestiales, somos parte de la nación santa, del pueblo adquirido por Dios para anunciar al mundo las virtudes celestiales, somos hechos parte del cuerpo de Cristo que está formado por piedras vivas que están siendo regeneradas por el poder y la presencia del Espíritu Santo.

Salmos 103:1-5. Nueva Traducción Viviente (NTV). Que todo lo que soy alabe al Señor; con todo el corazón alabaré su santo nombre. Que todo lo que soy alabe al Señor; que nunca olvide todas las cosas buenas que hace por mí. Él perdona todos mis pecados y sana todas mis enfermedades. Me redime de la muerte y me corona de amor y tiernas misericordias. Colma mi vida de cosas buenas; ¡mi juventud se renueva como la del águila!

Los hijos de Dios tenemos grandes privilegios en Cristo y debemos darles el valor que corresponde en nuestras vidas. Nos perdona todos nuestros pecados, nos sana, nos protege, tiene misericordia en todo tiempo, nos libra de la muerte y de los malvados, nos bendice y renueva nuestras vidas en todo tiempo.

1 Juan 3:1-2. Nueva Traducción Viviente (NTV). Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos! Pero la gente de este mundo no reconoce que somos hijos de Dios, porque no lo conocen a él. Queridos amigos, ya somos hijos de Dios, pero él todavía no nos ha mostrado lo que seremos cuando Cristo venga; pero sí sabemos que seremos como él, porque lo veremos tal como él es.

Romanos 8:16. Nueva Traducción Viviente (NTV). Pues su Espíritu se une a nuestro espíritu para confirmar que somos hijos de Dios.

Gálatas 3:26. Nueva Traducción Viviente (NTV). Pues todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.

Como hijos de Dios debemos nos ha sido impartida la santidad de Dios por medio de la Palabra de Dios y la regeneración del Espíritu Santo, el cual nos guía y ayuda a vivir la vida que agrada a Dios buscando la santidad en nuestro diario vivir, ahora somos familia de Dios. La vida del Señor Jesucristo va creciendo en nosotros por la obra del Espíritu Santo.

Efesios 2:19. Traducción en lenguaje actual (TLA). Por eso, ante Dios ustedes ya no son extranjeros. Al contrario, ahora forman parte de su pueblo y tienen todos los derechos; ahora son de la familia de Dios.

1 Timoteo 2:5-6. Traducción en lenguaje actual (TLA). Sólo hay un Dios, y sólo hay uno que puede ponernos en paz con Dios: Jesucristo, el hombre. Jesús dio su propia vida para salvar a todo el mundo. En el momento oportuno, Dios nos demostró que quiere salvar a todos.

El Señor Jesucristo es nuestro intermediario, nuestro abogado y nuestro acceso al Padre Celestial, él nos ha traído su paz, su comunión y la redención y salvación para nuestras vidas. Su presencia está con nosotros todo el tiempo.

Mateo 28:20. Nueva Traducción Viviente (NTV). Enseñen a los nuevos discípulos a obedecer todos los mandatos que les he dado. Y tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos.

Podemos descansar confiadamente en medio de nuestras circunstancias y dificultades, porque el Padre Celestial quiere lo mejor para sus hijos nos quiere dar cosas buenas en todo tiempo.

Filipenses 4:6-7. Nueva Traducción Viviente (NTV). No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.

Mateo 7:11. Nueva Traducción Viviente (NTV). Así que si ustedes, gente pecadora, saben dar buenos regalos a sus hijos, cuánto más su Padre celestial dará buenos regalos a quienes le pidan.

Las obligaciones de los hijos de Dios. Veamos a través de la misma Palabra de Dios cuales son nuestras obligaciones.

Mateo 22:36-40. Traducción en lenguaje actual (TLA). Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento, y el más importante, es el que dice así: “Ama a tu Dios con todo lo que piensas y con todo lo que eres.” Y el segundo mandamiento en importancia es parecido a ése, y dice así: “Cada uno debe amar a su prójimo como se ama a sí mismo.” Toda la enseñanza de la Biblia se basa en estos dos mandamientos.      

Vida de Santidad. El apóstol Pedro enfatiza en su primera carta que como hijos obedientes, no hemos de amoldarnos a los impulsos pecaminosos; y también nos recuerda que Dios exige de sus hijos una vida de santidad radical.

1 Pedro 1:14-16. Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy (NBLH). Como hijos obedientes, no se conformen a los deseos que antes tenían en su ignorancia, sino que así como Aquél que los llamó es Santo, así también sean ustedes santos en toda su manera de vivir. Porque escrito está: “Sean santos, porque Yo soy santo.”

Efesios 4:17-32. Nueva Traducción Viviente (NTV). Vivir como hijos de luz. Con la autoridad del Señor digo lo siguiente: ya no vivan como los que no conocen a Dios, porque ellos están irremediablemente confundidos. Tienen la mente llena de oscuridad; vagan lejos de la vida que Dios ofrece, porque cerraron la mente y endurecieron el corazón hacia él. Han perdido la vergüenza. Viven para los placeres sensuales y practican con gusto toda clase de impureza.

Pero eso no es lo que ustedes aprendieron acerca de Cristo. Ya que han oído sobre Jesús y han conocido la verdad que procede de él, desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño. En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes. Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo.

Así que dejen de decir mentiras. Digamos siempre la verdad a todos porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo. Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle». No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados, porque el enojo da lugar al diablo.

Si eres ladrón, deja de robar. En cambio, usa tus manos en un buen trabajo digno y luego comparte generosamente con los que tienen necesidad. No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan.

No entristezcan al Espíritu Santo de Dios con la forma en que viven. Recuerden que él los identificó como suyos, y así les ha garantizado que serán salvos el día de la redención.

Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta. Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.

Romanos 12. Traducción en lenguaje actual (TLA). La nueva vida. Por eso, hermanos míos, ya que Dios es tan bueno con ustedes, les ruego que dediquen toda su vida a servirle y a hacer todo lo que a él le agrada. Así es como se le debe adorar. Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto.

Dios en su bondad me nombró apóstol, y por eso les pido que no se crean mejores de lo que realmente son. Más bien, véanse ustedes mismos según la capacidad que Dios les ha dado como seguidores de Cristo. El cuerpo humano está compuesto de muchas partes, pero no todas ellas tienen la misma función. Algo parecido pasa con nosotros como iglesia: aunque somos muchos, todos juntos formamos el cuerpo de Cristo.

Dios nos ha dado a todos diferentes capacidades, según lo que él quiso darle a cada uno. Por eso, si Dios nos autoriza para hablar en su nombre, hagámoslo como corresponde a un seguidor de Cristo. Si nos pone a servir a otros, sirvámosles bien. Si nos da la capacidad de enseñar, dediquémonos a enseñar. Si nos pide animar a los demás, debemos animarlos. Si de compartir nuestros bienes se trata, no seamos tacaños. Si debemos dirigir a los demás, pongamos en ello todo nuestro empeño. Y si nos toca ayudar a los necesitados, hagámoslo con alegría.

Cómo vivir la vida cristiana

Amen a los demás con sinceridad. Rechacen todo lo que sea malo, y no se aparten de lo que sea bueno. Ámense unos a otros como hermanos, y respétense siempre. Trabajen con mucho ánimo, y no sean perezosos. Trabajen para Dios con mucho entusiasmo.

Mientras esperan al Señor, muéstrense alegres; cuando sufran por el Señor, muéstrense pacientes; cuando oren al Señor, muéstrense constantes. Compartan lo que tengan con los pobres de la iglesia. Reciban en sus hogares a los que vengan de otras ciudades y países. No maldigan a sus perseguidores; más bien, pídanle a Dios que los bendiga. Si alguno está alegre, alégrense con él; si alguno está triste, acompáñenlo en su tristeza. Vivan siempre en armonía. Y no sean orgullosos, sino traten como iguales a la gente humilde. No se crean más inteligentes que los demás.

Si alguien los trata mal, no le paguen con la misma moneda. Al contrario, busquen siempre hacer el bien a todos. Hagan todo lo posible por vivir en paz con todo el mundo. Queridos hermanos, no busquen la venganza, sino dejen que Dios se encargue de castigar a los malvados. Pues en la Biblia Dios dice: «A mí me toca vengarme. Yo le daré a cada cual su merecido.» Y también dice: «Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Así harás que le arda la cara de vergüenza.»

No se dejen vencer por el mal. Al contrario, triunfen sobre el mal haciendo el bien.

Dios desea que nos ofrezcamos a nosotros mismos en sacrificio vivo. Cada día debemos echar a un lado nuestros deseos y seguirle, poniendo todas nuestras energías y recursos a su disposición y confiando en su dirección. Lo hacemos en gratitud porque nuestros pecados han sido perdonados. Dios tiene planes buenos, agradables y perfectos para sus hijos. Él quiere transformarnos en un pueblo con una mente renovada, vivos para honrarle y obedecerle. Debido a que El solo quiere lo mejor para nosotros y por haber dado a su Hijo para que tengamos vida nueva, deberíamos ofrecernos con gozo en sacrificio vivo para su servicio.

Los cristianos tenemos este llamado: "No os conforméis a este siglo". No hemos de estar conformes con la conducta y costumbres de este mundo, que por lo general son egocéntricas y a menudo corruptas. Muchos cristianos dicen sabiamente que la conducta mundana se extralimita demasiado. Nuestro rechazo a formar parte del mundo, sin embargo, debe ir más allá del nivel de conducta y costumbres. Debe estar firmemente arraigado en nuestras mentes: "Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento".

Es posible evitar muchas de las costumbres mundanas sin dejar de ser orgullosos, codiciosos, egoístas, obstinados y arrogantes. Solo cuando el Espíritu Santo renueva, reeduca y reorienta nuestra mente somos en verdad transformados. Es importante tener una buena autoestima porque algunos nos tenemos muy en poco; por otro lado, algunos nos sobreestimamos. 

La clave de una evaluación honesta y fiel es conocer las bases de nuestra valía: nuestra nueva identidad en Cristo. Separados de Él, no somos muy competentes según las normas eternas. En El, somos valiosos y capaces de un servicio digno. Cuando uno se evalúa con las normas mundanas de los logros y el éxito puede dar demasiada importancia al valor que tiene ante los ojos de los demás y perder su verdadero valor ante los ojos de Dios.

Pablo usa el concepto del cuerpo humano para enseñar cómo los cristianos deben vivir y trabajar juntos. Así como las diferentes partes del cuerpo actúan bajo la dirección del cerebro, los cristianos deben hacerlo bajo la autoridad y mandato de Jesucristo. Dios nos ha dado dones a fin de que podamos edificar la iglesia.

Para usarlos con eficacia, debemos tener en cuenta que todos los dones y habilidades vienen de Dios; debemos comprender que no todos tienen el mismo don; debemos saber quiénes somos y qué hacemos mejor; debemos dedicar nuestros dones al servicio de Dios y no a nuestro éxito personal; debemos estar dispuestos a ponerlos al servicio de Dios con generosidad y sin exclusión.

Dios es el que da dones a su iglesia y otorga fe y poder de acuerdo con su voluntad. Nuestra función es ser fieles y buscar la manera de servir a otros con lo que Cristo nos ha dado.

1 Timoteo 4:16. La Biblia de las Américas (LBLA). Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan.

Jeremías 17:9-10. La Biblia de las Américas (LBLA). Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá? Yo, el Señor, escudriño el corazón, pruebo los pensamientos, para dar a cada uno según sus caminos, según el fruto de sus obras.

1 Juan 2:15-17. Nueva Traducción Viviente (NTV). No amen a este mundo. No amen a este mundo ni las cosas que les ofrece, porque cuando aman al mundo no tienen el amor del Padre en ustedes. Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo; y este mundo se acaba junto con todo lo que la gente tanto desea; pero el que hace lo que a Dios le agrada vivirá para siempre.

Vivir en el mundo sin participar del espíritu del mundo es el llamado cristiano, es vivir apartado para Dios, siendo luz a aquellos que están en tinieblas por medio de la vida que nos imparte el Espíritu Santo en nuestros corazones por la Palabra de Dios y la obra redentora del Señor Jesucristo en la cruz del calvario.

Cuando el Espíritu de Dios nos revela la verdadera pobreza espiritual en que vive el mundo, es más fácil vencer las tentaciones que buscan seducirnos a volver a esa condición. Cuando comprendemos la plenitud de nuestra herencia en Cristo, se revela toda la pobreza de la oferta del mundo. Cuando depositamos de verdad nuestros sentimientos en Dios, los deseos de la carne dejan de ser un problema.

En la vida de cada hijo de Dios se da una batalla continua entre el llamado del mundo y el llamado de Dios a sujetarnos a Él y vivir una vida de santidad y de conformidad a los valores del Reino de Dios. Esta batalla se da continuamente. 

Debemos entender que este mundo no nos va a amar y nosotros no debemos amar a este mundo porque hay una lucha a muerte entre esos dos polos de la existencia humana.

Dios exhorta a los creyentes a través de la primera carta de Juan para que los cristianos permanezcan separados y apartados del mundo y de todo lo que el sistema del mundo ofrece, ya que el amor de Dios y el amor del mundo son incompatibles. Aquí se toma el mundo como el sistema mundano de criterios y actitudes que se oponen al Creador y que están bajo el dominio de Satanás; el mundo como sistema diabólico opuesto a Dios, sólo ofrece cosas que son pecado o cosas que incitan al pecado y que son totalmente contrarias a la voluntad de Dios.

En otras palabras el amor de Dios no puede coexistir en el corazón de las personas con el amor al mundo y a las cosas que este ofrece. Bendiciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario